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La vida es lo suficientemente corta como para que se te pase volando y lo suficientemente larga como para que te dé tiempo a hacer de todo.

La vida es lo suficientemente corta como para que se te pase volando y lo suficientemente larga como para que te dé tiempo a hacer de todo. Es cierto lo que decían en aquel maravilloso programa de Constantino Romero: El Tiempo es Oro. Nos da la sensación de que se nos escapa de las manos, pero cuando vuelves la vista atrás y ves todas las cosas que has hecho, te das cuenta de la de años que estamos en este mundo. Una de las cosas que se hace en ese periodo es cambiar. La gente cambia constantemente, y las circunstancias hacen que te adaptes.

¿Qué por qué os suelto esa pseudo filosofía de palo? Es necesario para explicaros que uno puede ser muchas cosas, que la vida da muchas vueltas y que nosotros mismos imponemos etiquetas a nuestra personalidad. Lo que no sabe mucha gente es que las etiquetas son de quita y pon. Excepto la que nos pongan en el dedo gordo del pie cuando nos vayamos para el otro barrio.

Tendemos a clasificarlo todo y a seguir una checklist para definir las cosas. Por ejemplo, si vemos a alguien vestido con un polo, ya podemos suponer que es un pijo con pensamientos de derechas, nos aventuraremos, incluso, a adivinar la música que oye. O quizás a divagar sobre sus resultados académicos... A lo mejor es un análisis demasiado concienzudo simplemente por una prenda de vestir, pero hay gente enrevesada y más. Siempre se ha dicho que el hábito no hace al monje, pero hay 'monjes' que no entienden la vida sin el hábito. Con esto quiero decir que hay gente que, si es afín a algún tipo de ideología, se cuelga el hábito y no concibe su manera de pensar sin ese hábito. El hábito no es simplemente la ropa, sino también la manera de comportarse. Por eso siempre me han parecido muy ridículas las tribus urbanas: como escucho tal música, me enfundo una gorra, o unos pantalones con tachuelas y si mi 'tribu' se identifica con tal pensamiento, yo también.Ya sé que decir 'tribu urbana' está más rancio y más manido que un paquete de pipas abierto hace una semana. Ya lo sé.

No hay nada peor que definirse y posicionarse inamoviblemente. Si tienes determinada forma de pensar o incluso una determinada orientación sexual, no hay nada peor que actuar como todo el mundo espera que actúes. Si te cuelgan la etiqueta vale, pero que tú hagas por dejártela puesta, ya es de traca. 

El ser humano es sólo una carcasa y la ropa es una piel de serpiente que se muda. Dentro de cada uno hay un mundo, ¿qué digo? hay varios mundos y universos. Por eso, no se puede catalogar a las personas por su apariencia. Tampoco se puede generalizar y creer saber cómo es alguien porque se declare de una corriente política.

Una vez dijo un tertuliano de estos chungos, ¿o era un participante de un reallity? Dijo: "Yo soy muchas cosas". Y tenía más razón que un santo. Uno puede ser mil cosas, incluso cosas contradictorias, porque no somos máquinas perfectas, porque nos equivocamos. Además de que el tiempo pasa y cambias, te arrepientes de ti mismo y das un giro. Por eso las etiquetas son peligrosas, porque te las cuelgan y son difíciles de arrancar. Porque la gente intolerante no entiende que ahora no pienses así, o que simplemente, te da la gana de vestirte de esa manera y no tienes por qué casar con la ideología del grupo al que se le atribuye esa vestimenta.

"Yo soy muchas cosas", la lección más importante que me han dado en mi vida. Y me la dio un tío al que le tenía colgada la etiqueta, cuanto menos, de imbécil chupacámaras. Y mira. Solo hay que mirar alrededor para ver que las etiquetas son inútiles: que hay gays en el PP, taurinos amantes de los animales, comunistas que cargan en pasos de Semana Santa, diputados con rastas... Es maravilloso. Cada uno puede ser lo que quiera y no dejarse colgar etiquetas, porque como dijo aquel imbécil chupacámara: todos somos muchas cosas.

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