Pau Donés, en una imagen reciente.
Pau Donés, en una imagen reciente.

Murió Pau Donés como los grandes, con las ‘notas’ puestas, cantando hasta el final de sus días. Haciendo lo que más le gustaba. Buen ejemplo ese que nos deja.

Lo que Pau ha hecho durante estos últimos años ha sido nada más y nada menos que visibilizar los terribles efectos del cáncer. Cualquier otra persona en su posición quizá se hubiera recluido, incluso hay quienes huyen de esa palabra maldita y ni la nombran. Todas las posturas son aceptables, allá cada cual, pero yo, sin duda, me quedo con la decisión de Pau, que se presentó ante su público, ante la sociedad, como queriendo decir: hola, soy Pau y tengo cáncer, y no pasa nada, voy a seguir viviendo y haciendo lo que me gusta: componer, tocar, cantar, escribir… en definitiva: VIVIR.

Y siguió haciendo conciertos y entrevistas, mientras todos fuimos testigos de su deterioro físico, porque el cáncer es eso, un monstruo que va devorando a su presa por dentro y por fuera, reduciendo a la persona a su mínima expresión. Yo lo viví hace ya algunos años con mi madre. Recuerdo las idas y venidas al hospital, la dura medicación, los efectos en su cuerpo, en su sonrisa, la pérdida del brillo de sus ojos, etc. Aún me dura, después de tanto tiempo, esa extraña sensación de que se me quedaron muchas cosas por decirle, ese pesar de no haber estado a su lado más tiempo, de no haberla mirado más a los ojos, cuando sus ojos se iban apagando irremediablemente.

Pau, como los millones de personas que padecen un cáncer, lo llevó con toda la dignidad posible, dio la cara hasta el final y se puso delante de una cámara diciéndose así mismo: Este soy yo, aquí sigo, aún. Y nos cantó a modo de despedida “Eso que tú me das, es mucho más de lo que pido”. Hizo lo posible por seguir sonriendo, seguramente él querría vernos sonreír también ahora, así que, rindiéndole nuestro pequeño y humilde homenaje, podríamos reír, bailar, disfrutar como si la vida nos fuera en ello. Porque ni el pasado ni el futuro importan, pues no existen, lo único real y verdaderamente importante es el presente: vivámoslo.

¡Gracias Pau, por todo lo que nos diste!

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