Sergio, David y su universo azul

Sergio tiene 13 años. Es un adolescente. Un adolescente que va al instituto. Él es además un gran lector. Y además escritor. Fascinante

Sergio, David y su universo azul, en una imagen de padre e hijo.
Sergio, David y su universo azul, en una imagen de padre e hijo.

Sergio tiene 13 años. Es un adolescente. Un adolescente que va al instituto. Él es además un gran lector. Y además escritor. Fascinante.

Y como a todos los grandes lectores, le llegó el momento en el que él también tuvo algo que contar. Sergio Gómez hiló palabras e historias. Trazó personajes y los deslizó en tiernos relatos dictados al oído de su padre.

Mi amigo, su padre, David Gómez, ejerce de editor y corrector de Sergio, precoz escritor que escribió su primer libro de relatos, Mi universo azul, al cual asistimos embelesados de su capacidad, no sólo de escribir, sino de contarlo en público.

David, su padre, se remonta a hace ocho o nueve años para explicar el proceso que ha dado a luz a este singular escritor de un universo propio y de unos relatos que han servido para avanzar en su propio desarrollo y en sus destrezas comunicativas y sin duda, en sus relaciones.

Cuando Sergio tenía 5 años su lenguaje era limitado, contaba su padre. Apenas soltaba alguna palabra. Parte del trabajo para que desarrollara el lenguaje oral era leerle todas las noches. El proceso no fue fácil, al principio sin demasiado éxito. Poco a poco comenzó a mirar, hasta que empezó a señalar con el dedo para marcar la lectura de su padre. Y de forma espontánea, comenzó a leer. Cogió un libro y lo leyó. Fue El oledor explorador, adaptado con pictogramas y obra de la editorial Aprendices visuales. Había asumido la manera de leer que cada día veía en su padre y lo intentaba reproducir. Aquello se convirtió en algo cotidiano y cada día más intenso. Sergio reclamaba que le leyeran y también asumió el papel de lector, siempre con textos adaptados. A partir de eso, empezó a absorber todo lo que caía en sus manos, sobre todo álbumes ilustrados y novela gráfica.

La lectura se convirtió en un centro de interés muy potente para Sergio. Es un lector incansable y su padre David, asume que desde que se le abrió la puerta de la lectura a Sergio se le abrió también una puerta al mundo.

Una señal de todo eso fue también una de las sesiones con su terapeuta: Sergio salió con un folio escrito. Era su primer relato. Le había contado esa historia a su terapeuta. De camino a casa, el niño planteó a David sus planes de que quería contar el cuento uno, el cuento dos, el cuento tres.... David cogió el portátil y Sergio le dictó el mismo cuento que había relatado en la consulta, pero más grande y con el título cambiado: “Sam el perro”.

Desde entonces ambos, Sergio y David, siguen el mismo proceso. David se encarga de corregir aspectos relacionados con la expresión o la gramática, pero las tramas, los personajes, el alma de los cuentos son de Sergio. Todo es suyo.

Aquel desmedido interés por la escritura y la lectura llegó de forma proverbial en un momento delicado, que ayudó a que se unieran padre e hijo, David y Sergio y con ello, se conectaran en un momento complicado.

De aquella experiencia familiar, íntima, de escribir pequeños cuentos salió un libro que constituye un caso único en el mundo. Son historias surrealistas, con personajes de ficción, con un gran nivel de fantasía y una gracia increíble.

El libro de Sergio encanta a sus lectores, sean niños de 4, de 11 años o adultos, que tiene sus influencias literarias, en Gloria Fuertes o en Superlópez.

Y todo ello ha llevado a gente como al escritor Juan Mata a poner en marcha un grupo de lectura con chicos con autismo.

Y todo lo que escribe Sergio son historias cargadas de imaginación, de personajes sorprendentes. Historias que David convierte en cuentos, en los cuentos de Sergio Gómez Quintero que ha escrito veintinueve cuentos de zombis, monstruos y personajes imaginarios, con ilustraciones de la granadina Carolina Luzón: 29 cuentos escritos con tinta azul, libro, sin precedentes, que demuestra que el empeño de la familia y el entorno en hacer presentes los libros en las vidas de esos niños, de leerles incansablemente en voz alta aunque su respuesta no sea inmediata, produce resultados maravillosos

Se me olvidaba contarlo. Sergio es un niño con autismo que tiene el color azul como símbolo para concienciar y dar a conocer lo que es el trastorno del espectro autista (TEA). Y todo ello me lo ha recordado el color azul, el color de la "Carrera Azul por el autismo", un evento precioso en el que todas las personas que forman MIRAME, iniciaron con la Escuela Andaluza de Salud Pública hace siete años, poniendo color y música a la vida de muchas familias. Una carrera azul que pone a Santa Fe de color azul, todo un éxito a favor de la concienciación sobre el autismo. Todo un éxito de Sergio y David. Todo un éxito familiar. Un éxito de todos y todas para todo el mundo. Gracias Sergio.

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