Cáncer en Andalucía: cuando la enfermedad se cruza con las desigualdades

Las personas con menos recursos participan menos en los cribados, llegan más tarde al diagnóstico y tienen más dificultades para sostener tratamientos largos y complejos

04 de febrero de 2026 a las 09:13h
Concentración en Jerez por la crisis de los cribados de cáncer de mama.
Concentración en Jerez por la crisis de los cribados de cáncer de mama. JUAN CARLOS TORO

El cáncer no afecta solo al cuerpo. Afecta a la vida, al trabajo, a la economía familiar, a la salud mental y al entorno social. Y esas consecuencias se agravan cuando entran en juego las desigualdades territoriales, sociales y económicas.

En Andalucía, persisten importantes diferencias en el acceso a la prevención, al diagnóstico precoz, a los tratamientos y al acompañamiento posterior. Diferencias que no pueden ocultarse detrás de discursos complacientes ni de cifras aisladas, especialmente en una comunidad donde la sanidad pública atraviesa una situación estructural compleja tras años de decisiones políticas que no han priorizado suficientemente la atención oncológica integral.

La evidencia científica respalda esta realidad. Diversos estudios han demostrado que las diferencias en la adherencia a los estándares clínicos influyen directamente en las probabilidades de supervivencia. Además, estos trabajos ponen en evidencia que no basta con tener acceso formal a la asistencia sanitaria, sino que es imprescindible garantizar que todos los pasos del proceso —desde el diagnóstico hasta el tratamiento y el seguimiento— se realicen con la misma calidad, continuidad y oportunidad en todas las áreas geográficas y en todos los estratos sociales. Cuando esto no ocurre, la desigualdad se traduce en peor pronóstico y mayor sufrimiento evitable.

Cribados: llegar a tiempo sigue siendo una asignatura pendiente

Los programas de cribado son una de las herramientas más eficaces para detectar el cáncer en fases iniciales, cuando las posibilidades de curación y supervivencia son mayores. Sin embargo, la realidad dista de lo que debería ser.

Los cribados de cáncer de mama, colon o cérvix siguen sin alcanzar las tasas recomendadas, con especial impacto en zonas rurales y en colectivos con menor nivel socioeconómico. A la falta de información clara y accesible se suman dificultades para acudir a las pruebas, retrasos en las citas y largas esperas tras resultados sospechosos. Todo ello genera ansiedad, desconfianza y, en demasiados casos, diagnósticos tardíos.

Hablar de prevención sin reforzar de forma real los cribados, sin evaluarlos con transparencia y sin reconocer sus carencias no es decir la verdad.

Vivir en un pueblo también condiciona la enfermedad

La desigualdad territorial sigue marcando el recorrido de muchas personas con cáncer. Para quienes viven en pueblos pequeños o zonas rurales, la enfermedad implica un esfuerzo añadido:

  • Desplazamientos largos y frecuentes para recibir tratamiento.

  • Costes económicos directos e indirectos.

  • Dificultades de conciliación laboral y familiar.

  • Cansancio físico y emocional acumulado.

  • Menor acceso a unidades especializadas y ensayos clínicos.

En Andalucía, no son pocos los pacientes que deben recorrer decenas de kilómetros varias veces por semana para recibir quimioterapia o radioterapia. Esta situación no solo desgasta, sino que afecta a la calidad de vida y, en algunos casos, a la adherencia a los tratamientos.

Hospitales comarcales: compromiso profesional con recursos insuficientes

Los hospitales comarcales sostienen una parte fundamental de la atención oncológica, pero lo hacen con plantillas ajustadas, falta de especialistas y recursos tecnológicos limitados. Las derivaciones constantes, la fragmentación de la atención y la ausencia de continuidad generan inseguridad en los pacientes, que se ven obligados a peregrinar entre centros.

Mientras tanto, los grandes hospitales de referencia asumen una sobrecarga asistencial creciente que también impacta en la calidad de la atención.

El cáncer también es una enfermedad social

El nivel de ingresos, la estabilidad laboral, el apoyo familiar y el entorno influyen directamente en el proceso de la enfermedad. Las personas con menos recursos participan menos en los cribados, llegan más tarde al diagnóstico y tienen más dificultades para sostener tratamientos largos y complejos.

A esto se suma un impacto psicológico, laboral y económico que rara vez recibe una respuesta adecuada desde el sistema. La atención a la salud mental de pacientes y familiares sigue siendo claramente insuficiente.

El papel imprescindible de las asociaciones de pacientes

En este contexto, las asociaciones de pacientes desempeñan un papel insustituible. En Andalucía, asociaciones como Amama han demostrado durante años que el acompañamiento entre iguales, la información veraz, el apoyo emocional y la defensa de derechos marcan una diferencia real en la vida de las personas con cáncer.

Amama y otras asociaciones no solo acompañan: detectan fallos del sistema, alertan de desigualdades, forman a pacientes y reclaman mejoras cuando las instituciones no llegan. Su trabajo es un complemento imprescindible a la atención sanitaria y, sin embargo, sigue sin recibir el reconocimiento y el apoyo estable que merece. Andalucía necesita una plataforma que aúne el trabajo de todas las asociaciones de pacientes para tener una voz común ante los problemas de atención sanitaria que afectan a las personas con cáncer.

La Escuela de Pacientes: un recurso infrautilizado

La Escuela de Pacientes ha demostrado ser una herramienta eficaz para empoderar a las personas con cáncer, mejorar la adherencia a los tratamientos y reducir la sensación de soledad y desinformación. A pesar de ello, en los últimos años su desarrollo y apoyo han sido claramente insuficientes, especialmente durante los gobiernos del Partido Popular en Andalucía, donde no se ha apostado de forma decidida por este modelo de formación y acompañamiento que durante muchos años fue bandera del poder de los pacientes a nivel nacional e internacional.

Hablar de participación del paciente mientras se debilitan estos espacios es una contradicción que debe señalarse.

Decir la verdad para poder mejorar

En el Día Mundial del Cáncer no basta con mensajes optimistas o declaraciones institucionales. Es necesario decir la verdad: reconocer las carencias, asumir responsabilidades y trabajar de forma seria y sostenida para mejorar los cribados, reducir las desigualdades territoriales y sociales, reforzar los hospitales comarcales y apoyar de verdad a las asociaciones de pacientes.

El reto no es solo curar más, sino curar mejor y en igualdad de condiciones. Porque cuando llega un diagnóstico de cáncer, lo último que debería marcar la diferencia es el lugar donde vives, tus ingresos o el acceso a apoyos que deberían ser universales.

Eso no es solo una cuestión sanitaria.

Es una cuestión de justicia social.

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