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"El sector industrial es clave para el desarrollo económico porque sirve de arrastre a otros sectores. Una economía funciona bien si está diversificada y equilibrada".

En el mes de agosto han llegado dos malas noticias para el empleo en la Bahía de Cádiz. Una es el traslado del centro de producción de Caladero a Zaragoza y la otra, el cierre de las instalaciones de Ingrasa de Puerto Real, la imprenta del Diario de Cádiz. Más de 100 puestos de trabajos menos, pero lo peor de todo es que son puestos de trabajo industriales.

El sector industrial es clave para el desarrollo económico porque sirve de arrastre a otros sectores. Una economía funciona bien si está diversificada y equilibrada y hay, por tanto, un sector primario extractivo importante (agricultura, ganadería, pesca), otro sector secundario fuerte de transformación (la minería y fundamentalmente la industria) y un último terciario, de servicios, amplio, (donde se incluyen, entre otros, el comercio, las actividades financieras, los servicios públicos, como la sanidad o la educación, la hostelería, el transporte, etc…).

Es cierto que debido al progreso y al bienestar de las sociedades desarrolladas hay una tendencia mundial a la tercerización progresiva de la economía, pero en Cádiz, esto ha llegado a unos extremos alarmantes, poco recomendables para el empleo. Es como poner todos los huevos en la misma cesta, lo cual es temerario.  

Últimamente, tanto desde la Administración como desde la iniciativa privada, muchos apuestan y ponen un especial empeño en el desarrollo del sector hostelero, en detrimento de otras palancas económicas, pero quizás sea ésta, la del ocio, un área que aguanta mal las crisis, porque el ciudadano en época de estrecheces tiende a reducir fundamentalmente estos gastos. Igualmente, el turismo es inestable; la inseguridad genera una caída del mismo y ya veremos cómo repercute en España los atentados de Barcelona.  

Además, este impulso sólo produce empleo de mala calidad, con sueldos bajos y fomenta trabajadores que apenas puedan llegar a fin de mes, si pagan alquileres a precios de mercado o hipotecas. Esto aboca a una precarización de la economía, con contratos de días, meses o u horas, por lo que muchos operarios no podrán subsistir exclusivamente con sus salarios, necesitados siempre de recibir alguna ayuda pública. Además estos obreros, por sí solos, son incapaces de tirar del consumo y propiciar el comercio local, clave para el dinamismo de las ciudades.  

Otra opción no recomendable, como algunos proponen, sería engordar exclusivamente el empleo público, sin propiciar  la actividad privada. Esto sería contraproducente, ya que generaría un incremento de gastos, sin ingresos paralelos o justos, y provocaría déficits crecientes  que abocarían a una  posible bancarrota y, a largo plazo, a tener que adelgazar los servicios que se prestan en la actualidad y a perder poco a poco población que emigraría.

Lo que resulta extraño es que se haya aceptado, sin más, con resignación, el traslado de estas empresas, dejando a los trabajadores afectados sin apoyo y a su suerte.  Se echa de menos que la Administración, liderada por los alcaldes de las poblaciones más directamente perjudicadas, como son los de Puerto o Real y Cádiz, no hayan reaccionado a tiempo para evitarlo.   

Si una de las políticas principales de los municipios es fomentar el empleo, a sensu contrario, habría que poner todavía  con mayor énfasis el esfuerzo en evitar su destrucción. Para que esto  no vuelva a suceder, es necesario analizar con frialdad por qué se deslocalizan las empresas del área de la Bahía. ¿Por qué, por ejemplo, es más rentable trasladar una planta de tratamiento de pescado en Zaragoza, zona sin costa, que mantener la de Cádiz, donde la materia prima está más accesible por mar? ¿Por qué el Diario de Cádiz, se puede permitir el lujo de imprimir en Sevilla, en vez de en Cádiz, cuando ellos  venden que es una empresa estrictamente gaditana?  

Lo peor de todo  es que las dos últimas compañías  que se van son sólo dos gotas de agua del  océano de empresas que se han trasladado. Algo habremos hecho mal y seguimos haciéndolo, porque, si no, no se explica esa constante caravana de empresas que huyen de Cádiz. Hay que revertir la situación. Si hubiese que  aumentar los incentivos  para que vengan que se haga, pero, si hay que mantener los incentivos para que no se vayan, también habría que hacerlo. Si no se actúa rápido, poco a poco llegará un declive severo y nuestras poblaciones serán, exclusivamente, como grandes barras de bar donde los de fuera se diviertan, mientras los que queden dentro estarán abocados a servir copas, sin saber si llegan a fin de mes.  

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