El tiempo

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Paco Sánchez Múgica

Periodista, licenciado en Comunicación por la Universidad de Sevilla, máster de Urbanismo en el IPE. Antes en Grupo Joly (2004-2012), Desde 2014 soy socio fundador y director de lavozdelsur.es. Miembro de número de la Cátedra de Flamencología; colaboro en Guía Repsol; y coordino la comunicación de la Asociación de Festivales Flamencos. Socio de la Federación Española de Periodistas (FAPE).

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El 15 de mayo, sólo esa fecha en la historia del Universo se ha quedado clavado y no existe calendario que pueda pasar la página escrita con tinta caliente.

La medición del tiempo en horas y minutos la hizo quien nunca se aficionó al fútbol. Si no, que le pregunten a mi padre, que alteró todas las leyes físicas en apenas una semana. Un domingo el Cádiz vencía por un gol con un jugador menos, el árbitro añadió tres minutos y él gritó cabreado: “Eso es un mundo, qué barbaridad”. Al siguiente, el Cádiz perdía, el equipo contrario encerrado en su campo y los balones lanzados al área como una lluvia de meteoritos. Cuando el asistente levantó el panel y mostró de nuevo tres minutos, volvió a alterarse: “Eso no es 'na', carajo, con la de cambios que ha habido”. Sólo transcurrió una semana y el tiempo, caprichoso como nadie, pasó de eterno a fugaz.

Por eso, quizás repitieron tanto que estudiara, como yo insistí más tarde a mi sobrino. Por eso, quizás, las etapas parezcan vidas distintas y se recuerden desde lejos, muy arriba, como un espectador ajeno a lo que ocurrió. Han pasado seis años, o eso dicen, y yo no sé si lo rememoro como ayer o como algo que nunca ocurrió.

Sin embargo, fuese mucho o fuera poco, en la plaza de mi barrio volvieron a reunirse en círculo y asamblea. El 15 de mayo, sólo esa fecha en la historia del Universo se ha quedado clavado y no existe calendario que pueda pasar la página escrita con tinta caliente. Allí, estancados en la primavera más revolucionaria, en una conversación por turnos, enumeraban logros y frustraciones. 

Las canas crecen en la barba, la sangra arde y el corazón golpea contra el pecho igual que quien tiene deuda pendiente. Porque pasó mucho o poco, según se mire, pero los motivos sobran para abarrotar calles, esquinas y plazoletas. Porque pasó mucho o poco, pero yo sigo pobre y el de arriba, ahora, mucho más rico. Porque pasó mucho o poco, pero la precariedad ganó la guerra y el PP las elecciones, igual que una correlación de fuerzas. Causa y efecto. Ahí la llevas.

Allí siguen los de entonces, otrora multitud, actualmente apenas una decena. Se cambiaron gobiernos, se llegó a las instituciones y se venció en algún desahucio, también se carga con el cadáver de la Ley Mordaza y los recortes. Allí siguen, ajenos a la historia, a los libros y a la acción espontánea que se estudiará en las aulas. 

-¿Hasta cuándo?, se preguntan muchos. Y al igual que Florentino Ariza en el Amor en los tiempos del Cólera, con su respuesta preparada durante años con sus noche y sus días, agotados ya de ese “ir y venir del carajo”, contestan sin importancia:

-Toda la vida.

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