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Me iba a meter debajo del Renault 6 de mi vecino para esconderme cuando El Felipón, que la estaba quedando, paró el juego. No lo detuvo a gritos –así hacíamos cada vez que veíamos que se nos iba a caer la noche encima por alguna que otra trampa barriobajera- sino que se limitó a quedarse de piedra, con los pies clavados en el huerto de los naranjos, mientras con una mano señalaba el techo de la Tierra. Nadie sabía que era aquello que colgaba del aire. Apenas sabíamos de los vecinos aunque fuera costumbre dejar la puerta de la calle entreabierta.

Fue en aquel preciso instante cuando supe nuevamente del silencio... tras doce años de estar fuera de la tripa de mi madre. Pronto se cumplirán -me refiero a lo de mi madre- casi cuarenta graves años de ruido.

Y nadie dijo una palabra en aquellos primeros segundos en los cuales la chavalería del barrio viajamos -varios siglos atrás- para convertirnos en los extraños habitantes, sin lanzas ni taparrabos pero con camisetas del circuito de velocidad, de un mundo que parecía estar a punto de cambiar para siempre. Una enorme nave, redonda y plateada, brillaba en la tarde de aquel agosto, que minutos antes parecía estar cargada de horas por delante.

Un hombre que ya murió, abandonó el alquitrán de la calle, se plantó en mitad del carril y con un gesto -que se me antojó sabio entre tanta duda- nos invitó a acercarnos a él. “Eso no es de aquí” dejó escapar por la boca.

En aquel preciso instante hubiera dado todo por poder ir a buscar a mi padre pero todavía no había llegado de trabajar. Él lo hubiera sabido o no le hubiera dado importancia. Ambas cosas me hubieran servido para salvar aquel trozo de vida que me estaban arrebatando.

Así estuvimos, con los ojos clavados en el cielo, hasta que las noticias de aquella aparición llegaron a la televisión. Todos corrimos al interior de nuestras casas.

“Se ve en Málaga, se esta viendo en Jerez al mismo tiempo.., dicen que se puede observar con total claridad desde las cimas de Granada. Se habla de un globo que está estudiando la atsmósfera”. Por lo tanto es humano.., es algo programado y estudiado.

Cuando el periodista de Canal Sur dejó de hablar de aquella asombrosa aparición, para dar paso a los deportes, los niños regresamos a la calle. Todavía no era muy tarde para que volviera a quedarla El Felipón, que ya se frotaba las manos con la idea de que todos nos habíamos olvidado de él.

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