Mascarilla casera contra la Covid-19. FOTO: Olgierd Rudak
Mascarilla casera contra la Covid-19. FOTO: Olgierd Rudak

Al nombrar no creamos las cosas como el nominalismo idealista  presuponia y la peor versión del giro lingüístico posmoderno cree. El día que le pusimos nombre al Covid-19 no creamos ningún virus nuevo pero sí le dotamos de una significación en el marco del lenguaje de la virología. No por casualidad Trump se empeña en llamarle “virus de Wuhan” en vez de SARS-Covid-2 o Covid-19. Mientras que la expresión Covid-19 se sitúa en el marco cognitivo de la ciencia, el “virus de Wuhan” se enmarca en el de la geopolítica antagonista. Por tanto aunque nombrar no sea crear, las palabras importan y mucho en la disputa por la hegemonía de los significantes y las conductas sociales. Veamos tres expresiones o enunciados que se han popularizado en estos días y que contienen errores que pueden distorsionar nuestra compresión y nuestras conductas ante la pandemia.  

Primer enunciado erróneo: ”La guerra contra el virus”. Esto no es una guerra, aquí no hay bandos sociales en conflicto. Aquí hay un grave problema de salud global que afecta a toda la especie humana. No hay fronteras, ni barricadas, ni banderas. El virus no es ningún enemigo como los árboles del bosque tampoco lo son por mucho que alguno caiga y nos joda la vida. El virus no debe ser exterminado, es más; si extermináramos   todos los virus, algo imposible por supuesto, los exterminados seríamos nosotros mismos como especie. Como ya explique en otro artículo  anterior, la única respuesta a largo plazo posible y racional ante las epidemias es el biodiseño de estrategias simbióticas de cooperación con los virus (aquí). 

Segundo enunciado erróneo: “Los grupos de riesgo”. No hay grupos de riesgo, hay practicas y situaciones de riesgo. En esto debemos aprender de cómo se manejó la epidemia del SIDA. Si hablamos de grupos de riesgo se estigmatiza a esos grupos sociales (edaismo) y se fomenta las conductas irresponsables de los restantes (como yo no soy de… puedo…). Xenofobia e irresponsabilidad son las actitudes y conductas que fomentan esta  conceptualización errónea. 

Tercer enunciado erróneo: los mayores de 65 años y los enfermos crónicos tienen mayor probabilidad de enfermar o morir por Covid-19”. ¿No es cierto estadísticamente? Sí, pero incurre en un grave sesgo de selección, u ocultación, causal porque en realidad para el 95% de causas de muerte este enunciado es válido y ese dato lo oculta. No es que la Covid-19 se ensañe con crónicos y ancianos es que quién se ensaña es la vida misma. Ahora parece que algunos han descubierto que tener 90 años y padecer cáncer otorga más probabilidades de morir que tener 20 años y una buena salud. De nuevo, el resultado es la estigmatización social y la irresponsabilidad de los no estigmatizados. Todo esto sirve ademas para ignorar otras variables ocultas que tienen poco que ver con la biología y si con la política: la inmensa mayoría de los ancianos y ancianas fallecidos por COVID-19 estaban internados en geriátricos privados. Que los geriátricos anticipan la muerte de las personas internadas lo sabíamos hace años como demuestra esta investigación (aquí), pero esta tragedia ha  venido a confirmar los peores diagnósticos . 

Difundir estas ideas erróneas dificulta la comprensión de la pandemia, propicia la estigmatización social (edaismo y xenofobia), alienta las conductas irresponsables de los que se creen erróneamente inmunes y lo que es peor; nos impide asimilar la experiencia de esta pandemia como el primer momento en los 200.000 años de historia del homo sapiens sapiens en que la humanidad se ha enfrentado como especie ante un reto colectivo. No será el primero y tenemos que estar entrenados. 


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