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Creo que a nadie más que a mí le gusta la Semana Santa. Hace poco hice un artículo sobre lo que ésta me evoca. Pero creo que, y teniendo en cuenta incluso a las maravillosas personas, que me consta, que componen la hermandad del Soberano Poder, un solar público no puede donarse, cederse o prestarse por la sencilla razón de que hay otras prioridades. Yo soy de los que creo que si sobrara el dinero en las arcas públicas todas las sensibilidades amparadas en nuestro marco social, cultural y que no fueran en contra de lo que dice la Constitución podrían subvencionarse. Desde un Cristo de Juan de Mesa a un retablo de Montañés, por citar algunos ejemplos.

Un apoyo al fútbol base o incluso a un club de juegos de mesa... porque creo que el ocio une, es cultura y aunque soy agnóstico entiendo que haya gente creyente. Con el ocio y lo espiritual se consiguen logros en lo común si son bien administrados. Pero en estos momentos la Iglesia, que en este país incluso no paga determinados impuestos, no puede tener más beneficios por parte de ningún ayuntamiento. Por más que el Miércoles Santo haya en la salida del Soberano Poder miles de personas. Como anécdota recuerdo cómo en Stop Desahucios Jerez recibíamos, con la idea de crear conciencia colectiva, a cientos de ciudadanos con problemas hipotecarios y no teníamos ni un euro para realizar fotocopias para dar a personas, algunas analfabetas, un formulario para presentar al banco por una cláusula abusiva.

En tiempos de bonanza y aún dando patente de corso, porque creo firmemente en la división Iglesia-Estado, y por esa peculiar y antropológica forma de vivir por aquí en el Sur, no pondría reparos en reforzar proyectos cofrades, asumiendo contradicciones y zascas. Pero esto es un agravio comparativo. Porque en ese solar se pueden hacer mil cosas que favorezcan desde al más ateo del barrio al más creyente. Porque la cuestión no es ver el tema polarizado: o ratas o casa de hermandad. En esa tesitura accedería y lo vería claro cualquiera, pero el tema no es tan simple. Esto no es blanco o negro. Me veréis gozar con el Soberano, interactuar con sus hermanos que ya son vecinos míos. Pero la Iglesia en los países civilizados debe estar al margen de privilegios, porque en esta vorágine de seguir adquiriendo patrimonio. ¿Dónde vais a parar?

Lo siento. Por más caridad que realicen, la sociedad no puede resolver sus problemas mediante esta fórmula, porque entonces nunca seremos prácticos en la lucha de clases. Nunca daremos cañas de pescar y sólo daremos peces. Por otro lado y yendo a un punto más político, aquello es un foco de infección, mierda, ratas y basura, prueba inequívoca de la dejadez de los distintos ayuntamientos que se olvidan de las barriadas más necesitadas. Y de eso se nutren, en un argumento demagogo, para meternos con calzador cualquier cuestión.

En otro orden de cosas: un partido que se llama socialista debería revisar su historia reciente y la de este país, y lo que la Iglesia les hizo a los que estuvieron comprometidos con el ideal del socialismo democrático. Todavía esta institución no ha condenado el franquismo. Y en las cunetas hay socialistas sin un entierro cristiano. Pero está claro que todo esto es una medida populista y electoral. Señores, hay que priorizar, y sobre todo sentar las bases, de una vez por todas, para que lo público sea algo sagrado. Pero para eso se necesita tanta movilización como la que hay un Miércoles Santo en La Granja.

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