El enemigo

¡Porque todo es mentira! ¡Nadie ama! ¡El amor no existe! exclamaba confiado a su nutrido rebaño de seguidores inertes

Lobo disfrazado de cordero, una imagen de archivo
Lobo disfrazado de cordero, una imagen de archivo

Escuchad al Maestro. Silencio..., que habla el Maestro, decía ella. Y el Maestro, enguatado en lujosa ropa robada, hablaba con la propiedad que la madre naturaleza sólo había reservado a las piedras.

¡No es así! ¡Quién ha dicho que tiene que ser así ahora! ¡Lo que fue tiene que seguir siendo! gritaba el hombre escondiéndose tras el humo de su cigarrillo, sus gafas y esa postura estudiada de sabelotodo sin saber siquiera su tercer apellido.

¡Porque todo es mentira! ¡Nadie ama! ¡El amor no existe! exclamaba confiado a su nutrido rebaño de seguidores inertes.

Inertes porque nadie, en su sano juicio, osaba contradecirle. Hacerlo hubiera supuesto el destierro y el desprecio de toda la comunidad. Quién recuerda a aquel joven que una vez tuvo la valentía de enfrentarse a él. Nadie lo recuerda.

¿Tú amas? ¡Mentira! ¿Dices decir la verdad? ¿Que verdad? La verdad no existe. Y el público escogido a dedo -ese ansioso de verdad pero agotado de buscarla- tomaba sus palabras y las hacía ciertas. No existe la verdad sentenciaban desilusionados entre lágrimas.

¿Qué te pasa? No te veo bien. Te veo triste afirmaba el malvado al tiempo que escrutaba con sus afilados colmillos, de implante y sarro, los ojos de su futuro seguidor.

Hazme caso. No escuches a.., ni a..., tampoco a... Escúchame sólo a mi. Porque todo es mentira. Porque nadie te quiere excepto yo. Y otra alma rota al bolsillo. Otra alma que terminaría haciéndose cargo de los gastos del impostor, de los miedos del malvado y de los pecados del infame y de toda su prole.

Yo te haré creer ser el que tú necesites que sea ideaba para sus adentros el villano. Porque yo sí que necesito de ti para sobrevivir reía el maligno.

Pero un día todo cambio. Fue aquel día en el que las gaviotas, por el simple hecho de volar y comer y dejarse llevar por el viento, resultaron ser más humanas que aquel que tuvo la osadía de mentir a medio planeta.

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