El misterio de cómo una moneda de Cádiz de hace 2.000 años acabó en un autobús de Inglaterra

La pieza, de origen fenopúnico y con la imagen del dios Melqart, fue descubierta décadas después de ser utilizada en Leeds

La arqueóloga Kat Baxter con la moneda acuñada en Cádiz
La arqueóloga Kat Baxter con la moneda acuñada en Cádiz
11 de marzo de 2026 a las 07:51h

Una moneda acuñada en la antigua ciudad de Gadir (actual Cádiz) hace más de 2.000 años terminó de forma inesperada en Leeds, en el norte de Inglaterra, donde fue utilizada en la década de 1950 para pagar un billete de autobús.

Lo que en su momento pasó desapercibido para el conductor del vehículo se ha convertido décadas después en una curiosa historia arqueológica. La pieza, fabricada en el siglo I antes de Cristo, pertenece a la tradición fenopúnica que seguía vigente en Cádiz incluso después de la victoria de Roma en las Guerras Púnicas.

En aquella época existían cecas locales que acuñaban monedas con símbolos característicos como Tanit, caballos o palmeras, reflejo de la influencia cartaginesa en la ciudad.

Sin embargo, nadie sabe con certeza cómo esta moneda terminó viajando desde la costa sur de la Península ibérica hasta Inglaterra. Lo único que se conoce con seguridad es que, en algún momento del siglo XX, alguien la utilizó sin saber su valor histórico para pagar un trayecto en el transporte público de Leeds.

La moneda acuñada en Cádiz hace 2.000 años
La moneda acuñada en Cádiz hace 2.000 años

Un cajero del transporte público guardó la moneda durante décadas

El hallazgo se remonta a la época en la que James Edwards, antiguo cajero jefe del Transporte de la Ciudad de Leeds, se encargaba de recoger la recaudación de los autobuses y tranvías de la ciudad.

Al finalizar cada jornada, Edwards revisaba las monedas y apartaba aquellas que no eran válidas, falsas o extranjeras. Estas piezas las llevaba a casa y se las regalaba a su nieto Peter Edwards, quien guardó aquellas curiosidades durante más de 70 años en un pequeño cofre de madera.

“Mi abuelo encontraba monedas que no eran británicas y las guardaba, y cuando iba a su casa, me daba algunas”, recuerda Peter Edwards, que actualmente tiene 77 años. Según explica, esto ocurrió poco después de la Segunda Guerra Mundial, cuando muchos soldados regresaban a Reino Unido con monedas de distintos países. “Nosotros no éramos coleccionistas, pero nos fascinaba su origen y sus imágenes; para mí eran un tesoro”, añade.

La imagen del dios Melqart revela su origen fenicio

Durante décadas, Peter Edwards conservó aquellas monedas sin conocer con exactitud su procedencia. Sin embargo, una pieza en particular le llamó siempre la atención por su inscripción y sus símbolos.

Decidido a averiguar su origen, inició una investigación que reveló que la moneda procedía de Gadir, uno de los asentamientos más importantes de la civilización fenicia y cartaginesa en la península ibérica.

En una de las caras de la pieza aparece el rostro del dios Melqart, la principal deidad fenicia de la ciudad de Tiro, considerado protector de la monarquía, el comercio y la navegación. Con el paso del tiempo, esta divinidad fue identificada por griegos y romanos con Heracles.

La figura aparece representada con su característico tocado de piel de león, un elemento habitual en las representaciones inspiradas en el héroe clásico. En aquella época, algunas monedas fenicias incorporaban iconografía griega para hacerlas más atractivas para los comerciantes del Mediterráneo.

Donada a los museos de Leeds para su estudio

Tras descubrir la antigüedad y el valor histórico de la moneda, Peter Edwards decidió donarla a los Museos y Galerías de Leeds para que pudiera ser estudiada por especialistas.

La arqueóloga Kat Baxter analizó la pieza antes de que pasara a formar parte de la colección del Centro de Descubrimiento de Leeds, donde se conservan monedas y billetes procedentes de diversas culturas y periodos históricos.

La pieza siempre me fascinó porque era difícil descifrar su origen”, explica Edwards, quien asegura sentirse orgulloso de que el objeto se conserve ahora en la ciudad donde apareció, aunque siga siendo un misterio cómo llegó hasta allí.

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Francisco Romero

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