La imagen de una señal de aparcamiento para personas con movilidad reducida. FOTO: NOS MOVEMOS JUNTOS
La imagen de una señal de aparcamiento para personas con movilidad reducida. FOTO: NOS MOVEMOS JUNTOS

-¡Hasta los huevos estoy, no tenéis vergüenza. Os lo digo a todos los que aparcáis en plazas para personas con movilidad reducida (PMR)!

-Joé, si es un momento..

Una y otra vez. En mi coche vamos dos PMR, mi padre de 86 años con Alzheimer y un pituffo servidor. Ambos usamos silla de ruedas aunque yo- por suerte y gracias a dos doctoras y una fisio que para mí son tres hadas mágicas- casi la he sustituido por dos bastones aunque, dependiendo del dolor que tenga, aún la uso ocasionalmente. Pues bien, no hay un día en el que no me encuentre coches mal aparcados. Especialmente sangrante es cuando ocurre en Centros de Salud como es el caso del Joaquín Pecce de San Fernando, al que llevamos a mi padre todas las semanas. Allí casi siempre me tengo que pelear. Una vez, un tipejo incluso se puso bravo cuando mi mujer le enseñó la tarjeta de aparcamiento.

-Os ponéis muy chulitos con la tarjetita, cuando la mayoría no tenéis ná…-. El nota dijo eso mientras mi pareja y la cuidadora de mi padre lo bajaban del coche.

Pero coge aire, Pituffo, reflexiona. Escribiendo estas líneas me he dado cuenta de que todo es por mi culpa. Este Pituffo, de ahí lo de Gruñón, comete el error de calificar a todos estos sujetos. Por ejemplo, a ese tipo le llamé tonto e imbécil. Un pitido, como en la tele, debería sonar en mi cabeza cuando uso tales exabruptos. Fallo mío. Debí callarme y sonreír. Hago introspección y recuerdo otros casos habituales. También llamo guarro- ¡Piiiii!(suena el pitido)- a quien tira un papel en la calle o deja las latas de cerveza en el suelo de la plaza “y que las recojan los basureros que para eso les pagan”. Joder, Pituffo, no escarmientas. Sigo con mi flagelación, “debo tener respeto con aquellos que hacen lo que les sale del mismo…” ¡Piiiii!  Uff, otra vez, coge aire y vuelve a intentarlo. Me repito, “debes ser educado con quien pone el coche en doble fila y se va a almorzar mientras tú te dejas la mano en el claxon hasta que el señorito baja enfadado porque le has interrumpido la digestión”.

Cálmate, Pituffo”. Cuando llegue el momento tienes que serenarte y llamar a la policía local, me dijo un amigo. Pues claro, hombre, ¿qué importa que mi padre tenga una cita médica y no llegue a tiempo? Recuerdo que una vez le hice caso, hace unos años, pero entonces los locales y la grúa estaban ocupados porque jugaba el Cádiz….  Otro error grave, fue fallo mío no tener en cuenta tal acontecimiento.

Piensa, Pituffoseguro que encuentras la manera correcta de actuar”. Me acuerdo ahora de que un policía me dijo que hiciera una foto del coche mal aparcado y lo denunciara. Me quedo sin estacionar y, supuestamente, el infractor recibe su castigo. No me convence del todo pero eso hice el pasado lunes cuando un estup… -¡Piiiiiiiii!-, digooo…, parsimonioso mozuelo dejó su coche tapando la zona para PMR mientras él iba al médico. Fallé otra vez. Me enfadé y le llamé “estúpido y berzas”- ¡Piiiiiiii!  Según el gilip.. -¡Piiiiiii!-, estooo…el joven, le falté al respeto aprovechándome de que yo era mayor, y eso que el nota tenía los brazos de Popeye y yo no he dado un puñetazo en mi vida. Muy ofendido, el pibe llamó después a no se quién mientras decía que iba a denunciarme por hacerle una foto a su coche mal estacionado y por “amenazarle” con llamar a la policía. Mea culpa. Otra vez. Como dice mi admirado Ignatius Farray : Es que no levanto cabeza…

Y aquí estoy, arrepentido por mis actos y esperando una denuncia, que en estos tiempos de ofensores ofendidos ya nada me sorprende. Mientras espero que el peso de la justicia caiga sobre mí, aprovecho desde aquí  y pido perdón por mi carácter faltón y vacilón- palabras del imbéc.. ¡Piiiiiiiiiii! uy, perdón, muchacho al que recriminé desmedidamente su “pequeño despiste sin importancia”. Debo intentar serenarme como me recomienda Paco, mi psiquiatra, y evitar situaciones que puedan alterarme. Así que desde hoy he decidido dejar de salir a la calle, no vuelva a ocurrir que mi gruñonismo crónico moleste a estos civilizados ciudadanos que, tras mi enfado, quedan contrariados durante unas horas hasta que se les olvida y vuelven a tener otro despiste. A veces pienso que si todos les pusiéramos la cara colorá a estos seres quizás avanzaríamos en civismo y respeto, pero obviamente debo estar confundido.

Por último, envío un mensaje a los que se encuentran en mi situación: Las PMR nunca tenemos prisa y podemos esperar a que llegue el infractor, cuyos asuntos SIEMPRE son más importantes que los nuestros, por lo que debemos ser comprensivos, atentos y simpáticos.

-No pasa nada hombre, total si yo estoy todo el día rascándome los coj…-¡Piiiiiiiiii!

Que esa es otra, las PMR debemos ser enfermos terminales y encamados, porque si no es que no tienes ná…, otro enchufao con paguita.  Ahora que lo pienso bien, somos nosotros los que deberíamos pedir perdón por molestarles; y así lo voy a hacer:

Pido perdón por tres intervenciones en la columna y visitas a médicos públicos y privados de media España. Pido perdón por ocho años en silla de ruedas mientras tu familia y amigos se dejan el lomo subiendo, bajando y empujando. Perdón por pasar, en esos ocho años, tres tribunales médicos para mi jubilación y tres equipos de valoración de la minusvalía. Pido perdón por el dineral en abogados tras un despido improcedente y una sentencia absurda que se tuvo que recurrir para que me dieran el grado de incapacidad que me correspondía. Pido perdón por poder bajar a la plaza con mi perro aunque necesite ayuda para vestirme, asearme y trasladarme. Pido perdón por seguir estando limitado para una vida verdaderamente normal.

Espero que todos los que así os comportáis recibáis mis más sinceras disculpas… 

…panda de cabro… Piiiiiiiiiiii

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