Luis Medina, uno de los comisionistas de las mascarillas, en un yate.
Luis Medina, uno de los comisionistas de las mascarillas, en un yate.

Vivimos en tiempos de represión, los peores en 80 años. Jamás hubo tan poca libertad y tolerancia. ¿Acaso es normal que se trate así a un joven emprendedor por crear riqueza en momentos de pandemia? Gracias a Luis Medina y su compi, llegaron a España mascarillas cuando el mundo entero se pegaba por ellas. Si no, que se lo pregunten a la pobre de Ayuso. Isabel tuvo hasta que recurrir a su querido hermano para hacerse con unas cuantas y este, en un gesto patriótico sin precedente, se dejó el alma porque España lo necesitaba. ¿Qué hay de feo en recompensar tan bellos gestos con unos pocos millones de euros? ¡Joder, ni que fueran vuestros! Para hacer más daño, se dice que esos materiales eran de mala calidad, ¿qué queréis? Seguro que no era para tanto, nada que no pudiera arreglarse con un poco de esparadrapo. 

Y es que vuestro odio os hace hablar sin entender. Gracias a estos empresarios y a sus contactos, este país avanza como Dios manda. A los que tanto os quejáis, deciros que lo que tenéis que hacer es poneros a trabajar, ¡panda de vagos! ¡Meteros en vuestras vidas, tanto mirar en qué se gastan otros su dinero! ¡Qué más da si después se compran un yate o doce Ferrari! ¡Qué importancia tiene si lo matricula en Gibraltar! A ver si os enteráis de que un buen patriota paga sus tributos donde le da la gana! ¿O es que ya no hay libertad? Envidia es lo que tenéis porque no podéis hacer lo mismo. Mala suerte, chavales, que hubieran trabajado vuestros padres como lo hizo el Duque de Feria.

Habláis de moralidad, ¿vosotros...? Dais pena, atacando con vuestra estúpida ética a todo aquel que lleve la bandera de su país por el mundo. Pues así es como se hace grande una nación, con empresas “de asesoramiento” y con equipos de fútbol. Lo saben bien otros dos intrépidos emprendedores, Piqué y Rubiales, que al igual que los anteriores, son ahora vilipendiados cuando su única intención era la de ayudar a nuestro fútbol y luchar por la igualdad de las mujeres en Arabia. Viendo jugar en su país a Pedri y Benzema, ¿a qué mujer saudí le va a importar  que su marido la infle a golpes por llevar el pelo suelto? Menos feminismo y más fútbol, así es como se alcanzan los logros sociales, aunque la gente como ustedes nunca lo entenderá. Ya se lo dijo Geri al periodista Juanma Castaño: "¡Vivís en otro mundo!".

El central del Barça es otro patriota incomprendido; mientras pasea la señera le pide al rey del estado opresor que le eche un cable para sacar “uno o dos palos más”, que entre campechanos se entienden bien. "¡Pa la saca!", que diría Luceño. Por cierto, ya que nombro al amigui del marqués, me pregunto qué le costaba al Almeida darle una medallita al chaval; cuando la pedía con tanta insistencia sería porque le hacía más ilusión que los cochazos y los rolex. Pero este país es así de ingrato, y nuestros pobres comisionistas, ya se llamen Ayuso, Medina, Luceño o Piqué, se tendrán que conformar solamente con el dinero. 

Por eso, para que ningún empresario como ellos deba mendigar un reconocimiento, este Pituffo Gruñón pide una medalla para honrar a nuestros comisionistas y a sus familiares políticos. Una muy grande, con grilletes y una bonita bola de hierro.

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