¡El Amazonas, imbécil!

Los que deberíamos liderar las protestas ante este mundo desigual, injusto y contaminado que le dejamos en herencia a nuestros hijos e hijas, nos apartamos para que los que luchen sean, una vez más, las abuelas y las niñas

José Luis Martínez-Almeida, alcalde de Madrid, durante el programa 'Vuelta al cole' de Telemadrid.
José Luis Martínez-Almeida, alcalde de Madrid, durante el programa 'Vuelta al cole' de Telemadrid.

Ayer quedé con Pitufo Gruñón y su amiga Pitufina. Nos sentamos los tres en la terraza de un bar. Pidieron dos zumos de piña, yo una cerveza 0,0 que el camarero sirvió de inmediato. Les conté que el viernes fui a la manifestación contra al cambio climático. Con gesto serio, extraño en ella, Pitufina contó entonces cómo en su aldea, la vida ya no es tan apacible. Recordaba ella, que hacía ya varios años, el Pitufo Meteorólogo les avisaba sobre un cambio climático que, provocado por los humanos, ha llevado a que no haya pitufo que sepa cuándo es verano o cuándo invierno. El calor es cada vez más insoportable, las lluvias torrenciales han inundado la aldea en varias ocasiones y cada vez son más frecuentes los tornados.

Con su tono habitual, enfadado, Gruñón recordó las estupideces que algún que otro político ha dicho sobre la cuestión, frivolizando sin escrúpulos sobre tema tan serio. Desde aquel primo físico y negacionista de Rajoy —nótese que utilizo aquí las dos acepciones del término primo—, hasta la visión paranoica de Vox negando el cambio climático a la vez que culpa a los países pobres en vías de desarrollo, del mismo.

—¿El de Vox es el que montaba a caballo?, preguntó entonces la Pitufa rubia.

—Así es, respondí yo.

—Pues como esto siga así, en unos años tendrá que anunciarse montado en un camello entre dunas de arena.

Sonreí mientras mi mente recreaba la imagen de un Santiago Abascal vestido de árabe, cual Lawrence de Arabia. Lo más gracioso, cuando lo piensas, es que el personaje no desentona con turbante y chilaba. Con la barba un pelín más afilada, sería un Abderramán perfecto. Permitidme que haga un inciso en mi historia para evitar que el amigo Abascal se lleve un disgusto por culpa de mi imaginación perversa. No te enfades Santi, tus ocho apellidos españoles no corren peligro. El parecido será cosa de algún gen recesivo que una de tus tatarabuelas dejó pasar, víctima impetuosa, seguramente, de alguna que otra pasión turca. Estas cosas pasan incluso en las mejores familias.

Acabado el inciso, continúo con mi encuentro Pitufo. La conversación climática nos llevó irremediablemente a destacar a Greta Thunberg. Sí, esa niña que lidera el movimiento para luchar contra el cambio climático y se permite abroncar a altos dirigentes políticos y fulminar, con su mirada, al ser más estúpido y arrogante que hay sobre la faz de la tierra, también conocido como presidente de los EEUU.

—A estos se la pimpla —dijo entonces Gruñón— tanto unos como otros utilizan este tema para ganar votos y asegurarse sus buenos sueldos. ¿Dónde está la España líder en energías renovables que nos prometió Zapatero? ¿Dónde las medidas ecológicas de Sánchez?.

Nos quedamos un rato en silencio, Gruñón tenía razón. Pero Pitufina añadió un matiz

—No les importa el planeta, pero sí les preocupa su imagen pública. ¿Acaso no visteis el ridículo del alcalde de Madrid cuando el pasado lunes una niña le preguntó de manera “inocente” que eligiera entre salvar Notre Dame o el Amazonas? A la increíble, y sin sentido, respuesta del señor Martínez-Almeida decidiéndose por la catedral francesa, siguieron los embarazosos minutos en los que, a pesar de las patéticas piruetas lingüísticas justificando su decisión, los escolares le respondían incrédulos ante la torpeza de la misma.

—¡Pero si el Amazonas es el pulmón del planeta!, exclamó una joven indignada cuya buena educación le llevó, con toda seguridad, a omitir a continuación la frase que realmente se escondía en su conciencia: ¡El Amazonas, imbécil! ¡Es el Amazonas! La cara y los sudores del Alcalde garantizaban, al menos, que no estaba pasando un buen momento.

—Me alegro -les dije-, este señor es el mismo inútil que el otro día, en un minuto de silencio por la muerte de otra mujer a manos de su pareja, se acercó dubitativo a su verdadero jefe, Ortega Smith, para al final admitir que no estaba de acuerdo con ¡la ideología de género y el feminismo del 8 de marzo!!! ¡Toma ya! ¡Ponme la mano aquí, Catalina mía! , como decía el tango de Manuel Vallejo hace casi un siglo y que ahora canta Rosalía.

Mientras yo me enfadaba con el gemelo de Austin Powers, los ojos de Pitufina se iluminaron al hablar de estas niñas. Parecía que depositara un rayo de esperanza en esos jóvenes:

—El futuro es de los niños y niñas como estos.

—No soy tan optimista -respondió Gruñón con su habitual tono de enfado...-, aunque, reconozcámoslo, ya hay niñas y niños de doce años que han protestado y luchado más que los tíos de tu generación en toda su vida, sentenció con aquel dardo dirigido a mi persona para, después, acabar de un trago su zumo y depositar con fuerza el vaso sobre la mesa.

Lo peor es que no tuve respuesta. Gruñón tenía razón de nuevo. Tras un rato más de charla cómplice, marché avergonzado. Y aquí estoy, aún impregnado de esa sensación mientras escribo estas líneas. Probablemente sea repetitivo en mis artículos. Si es así, le pido perdón a mi admirado Francisco Romero y a sus compañeros, los cuales me dan la oportunidad quincenalmente de desahogarme en esta columna.

Pero cuando me enervo, me pongo pesado y cansino. Me hierve la sangre. Los que deberíamos liderar las protestas ante este mundo desigual, injusto y contaminado que le dejamos en herencia a nuestros hijos e hijas, nos apartamos para que los que luchen sean, una vez más, las abuelas y las niñas. ¡Y digo bien, abuelas y niñas! ¡Sí, en femenino! Quién no se sienta integrado es lo que hay. Lo digo en femenino porque las mujeres son mayoría en las protestas y movimientos sociales. Lo digo en femenino porque su espíritu de lucha es mucho mayor que el nuestro. Lo digo en femenino por mi amiga Pitufina. Y, sobre todo, lo digo en femenino porque me sale de los coj...

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