Así cosía, así, así...

Esta era una canción infantil cantada por el gran Fofó, miembro de los míticos Payasos de la Tele. ¡Anda que no la he cantado veces de pequeño!

Alícia Rubio, miembro de Vox. FOTO: ELDIARIO.ES
Alícia Rubio, miembro de Vox. FOTO: ELDIARIO.ES

Jueves antes de almorzar Una niña fue a jugar Pero no pudo jugar Porque tenía que coser

Así cosía, así, así… Esta era una canción infantil cantada por el gran Fofó, miembro de los míticos Payasos de la Tele. ¡Anda que no la he cantado veces de pequeño!, aunque juraría que en mis años la cantaba Fofito, pues Fofó por desgracia ya había muerto. Su pérdida dejó traumatizados a miles de niños que después tuvimos que soportar el adiós de Félix Rodríguez de la Fuente para rematarnos, finalmente, con la muerte de Chanquete. ¡Ah, duros años aquellos…! —Te dispersas...- me corrigió Gruñón con aspecto cansado. —Tienes razón- me disculpé- pues a lo que iba, el otro día la diputada Alicia V. Rubios, famosa por comentarios como “el feminismo es cáncer”, se quedó tan pancha diciendo que “a la mujer, coser botones la empodera”. —Pues creo- replicó mi amigo- que hasta los Payasos de la Tele cambiaron la letra de su canción, así que esa tipa debería meterse la aguja de coser por el... Un momento. No puedo seguir. ¡Lo siento! ¡Olvidad lo leído hasta ahora! Permitidme empezar de nuevo. ¿La razón? Lo que tengo que decir hoy no puedo ponerlo en boca de mi pituffo favorito. El tema es demasiado grave y cercano. Tanto, que en esta ocasión mi labor como contador de historias no es oportuna. Así que hoy no habrá aldea pituffa, ni Gruñón, ni broma alguna.

Datos oficiales de la violencia de género

Como no quiero inventarme los datos —eso ya lo hacen otros— los consulto en el portal estadístico de la delegación del Gobierno para la Violencia de Género y en la web del Ministerio de Presidencia, Relaciones con las Cortes e Igualdad: 1.028 mujeres asesinadas a manos de sus parejas desde 2003, año en el que se comienza a recabar datos. En 2019, son 52 las asesinadas, dejando 43 huérfanos. ¿No es suficiente? Pues teniendo en cuenta que hay un partido político que niega estos números, parece necesario profundizar en el tema. Vox y sus 3.640.043 votantes —doy la cifra exacta, no quiero dejar atrás a ninguno de estos grandes patriotas— seguro que lo agradecen.

Realmente, ¿de qué estamos hablando?

¿Violencia de género? ¿Violencia intrafamiliar? ¿Violencia machista? A pesar de los seis años de retiro forzoso de mi añorada profesión como psicólogo, tengo la suerte de contar con colegas de estudio y trabajo, hoy verdaderos especialistas, cuya amistad me permite “asaltarlos” y que me actualicen con sus conocimientos. En este caso, es mi buena amiga Sofía Ruiz Curado —profesora del Departamento de Psicología Social, Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Huelva— quien me ha dado una lección magistral que deseo compartir con vosotros. Primero, definamos conceptos: Violencia de género: Violencia ejercida por un sexo sobre el otro. En una sociedad patriarcal como la nuestra, la práctica totalidad de la violencia en la pareja se ejerce sobre las mujeres. Quizás en una sociedad matriarcal la violencia la recibiera el hombre, pero estamos ante un mundo hipotético. Hay pocos estudios que traten esta situación y estos se encuadran en investigaciones antropológicas de determinadas tribus o aldeas —en este campo es muy interesante el trabajo de la investigadora Anna Boyé— y obviamente, sus conclusiones son difícilmente extrapolables a nuestra sociedad. Es violencia machista la ejercida sobre una mujer o niña, propia de un entorno en el que durante siglos, lo femenino ha ocupado un puesto de sumisión frente a lo masculino. Es una violencia basada en el concepto de mujer como posesión y en base a su supuesta debilidad. En una sociedad patriarcal, todos caemos, incluso sin pretenderlo, en esta percepción. “Llorar como una niña”, comportarse “como un hombre”, “echarle huevos”… me puedo llevar así todo el día. Y ahora llega el momento del término quizás más apropiado para lo que está ocurriendo. Con este concepto no hay riesgo de que se retuerza la semántica para confundir con términos inventados, como la ideología de género, o mal utilizados —intencionalmente— como el de violencia doméstica o familiar. Para dejarlo todo claro, vamos a hablar de feminicidio, es decir, el asesinato de la mujer por ser mujer; pero también vamos a hablar de agresiones (como las sexuales) a mujeres por ser mujeres; y vamos a hablar de víctimas colaterales que sufren las consecuencias de cualquier ataque a una mujer por ser mujer. Es en este triángulo letal donde se demuestra que las cifras oficiales no recogen en toda su amplitud la magnitud del problema. La profesora Ruiz Curado me dirige al portal web feminicidio.net donde se aborda en toda su dimensión la plaga a la que nos enfrentamos y que, como sociedad del primer mundo en el siglo XXI, nos debería avergonzar. Estudios, datos objetivos, casos enumerados uno a uno… en pocas ocasiones se encuentra una web tan detallada. Gracias a su ingente trabajo de recopilación os dejo las verdaderos cifras, que, desgraciadamente, se disparan: 94 feminicidios en 2019. Desde 2010, el número de feminicidios es de 1080.

¿Qué estamos haciendo? ¿Es suficiente?

Una de las pocas cosas que, hasta hace poco, representaba uno de los escasos nexos de unión entre los partidos políticos de nuestro país, era la lucha contra la violencia de género. La llegada de la ultraderecha más rancia y el blanqueamiento que de ella han hecho PP y Ciudadanos, han roto el consenso. Con Vox planteando cambiar la Ley contra la violencia de género y consiguiendo que se dejen de financiar los recursos dedicados a Igualdad, ¿qué situación queda? A pesar de las mentiras que tanto repiten, los recursos dirigidos en este sentido han sido escasos y en muchas ocasiones mal planteados. El primer gran vacío, y quizás el más grave, lo encontramos en la Educación. Sin quitar la buena voluntad de la mayoría de docentes, de poco sirven planes de Co-Educación o Educación Emocional, si no se les dota del presupuesto necesario y, sobre todo, de una formación previa, reglada y evaluable del profesorado en Igualdad. No basta con hacer talleres, jornadas o actividades contra la violencia de género si se cuelan en clase comentarios o actitudes machistas de un docente. Pero, obviamente, no van a ser los maestros y maestras los únicos que deben trabajar estos temas. Pasemos al otro gran hueco del sistema. Es fundamental que el mundo de la Justicia trabaje estos aspectos. Si tenemos en cuenta alguna que otra famosa sentencia, es evidente que queda mucho por hacer. Tercera pata del banco. ¿Qué decir de una Sanidad en la que aún los psicólogos/as no son tenidos realmente en cuenta como verdaderos, y fundamentales, profesionales de la Salud o donde todavía hoy los protocolos de atención a una mujer agredida son mejorables? Podemos seguir, ya que hay más campos en los que trabajar. Por ejemplo, desde la cultura y el deporte también debemos ponernos las pilas y si hablamos de una estructura social básica como son las familias sólo basta comprobar las evidentes desigualdades en el reparto de tareas domésticas o en roles como el de cuidadoras de enfermos. Para avanzar realmente hay que entender que el feminismo no es una amenaza para los hombres. Más aún, es una oportunidad para que la masculinidad no sea entendida con unas características muchas de las cuales nos han hecho mucho daño a los varones. ¿Qué es eso de que los niños no lloran? ¿Por qué la responsabilidad del mantenimiento económico de un hogar recaía principalmente en el “padre de familia”? Incluso para los nostálgicos, sí queréis nos retrotraemos a los tiempos del servicio militar y hablamos de cómo “el hacerse un hombre en la mili” destrozó la vida de muchos jóvenes (maltrato, vejaciones, suicidios silenciados…). El feminismo es la oportunidad para lograr una sociedad realmente igualitaria donde hombres y mujeres tengamos las mismas oportunidades, derechos y responsabilidades.

Mi conclusión

Chequeados los datos, comprobadas las enormes grietas que nuestra sociedad presenta en Igualdad y con el patriarcado aún vigente, lo que nos faltaba era una aberración política llamada Vox que plantea, sin tapujos, retroceder y destruir lo conseguido por las mujeres para lograr una sociedad más justa. Pero lo peor no es la existencia de un partido así, lo más grave son los millones de hombres y mujeres que lo siguen, justifican y blanquean. Acomplejados y acomplejadas temerosos de mujeres, de emigrantes, de orientaciones sexuales diferentes,… No hay otra explicación, hay que ser muy malnacido o estar muy traumatizado para difundir y creerse determinados discursos. Así que concluyo: Tanto a los Abascal, Ortega-Smith, Monasterio, Serrano, etc. —ricos nostálgicos que quieren mantener sus asquerosos privilegios manchando con sus sucias manos la bandera de todo un país— como a todos los acomplejados que los apoyáis, solo tengo que deciros una cosa: dais asco.

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