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¿Música en directo? ¡Por supuesto! Pero cuando los sistemas de inspección y medición existan, primero, y se demuestren efectivos, después.

En un alarde de originalidad iba a escribir, como bien han hecho mis leídos Jorge Miró y Carlos Piedras y otro montón de periodistas, articulistas y cofrades en general durante estos días, un balance de la pasada Semana Santa. Lo iba a hacer por entregas, porque cada punto merece un análisis pormenorizado de las cosas, pero ha surgido un asunto que nos ha devuelto a la más cruda realidad después de los días festivos. En fin, lo bueno de todo esto es que no habrá Semana Santa hasta dentro de un año, por lo que siempre se estará a tiempo de realizar puntualizaciones al respecto. La próxima semana, si no surge nada, prometo pasar la primera entrega.

Lo que ha pasado es la sorprendente, al menos para nosotros, propuesta que Ganemos Jerez va a llevar al próximo Pleno municipal, que no es otra que la de hacer que nuestro ayuntamiento inste a la Junta de Andalucía para que cambie la Ley 13/99, de Espectáculos, y permita que en los locales sin licencia de bar musical o sala de fiestas se puedan celebrar conciertos de música en vivo sin necesidad de una licencia especial. Lo hacen, y copio literalmente de su nota de prensa, porque “el gremio musical y el sector hostelero vienen reivindicando una normativa más adecuada para poder desarrollar actividades musicales o artísticas de forma acogedora, responsable, respetuosa con las normas acústicas y que tengan espíritu cultural. Espectáculos en formato pequeño que respeten en todo momento la convivencia con los vecinos y vecinas de la ciudad.”

Sinceramente pienso que las intenciones de la agrupación de electores no son malas, pero su torpeza ha sido absoluta. ¿Por qué? Porque vivimos en una ciudad en la que continuamente se denuncian abusos por parte de algunos establecimientos de hostelería en cuanto a incumplimientos de los propios términos de sus licencias, horarios de apertura y ruidos, hechos que quebrantan el derecho al descanso de los vecinos de forma continua en algunas zonas de la ciudad, en general, y del centro histórico, en particular. Y todo ello es producido por la falta de control, irresponsabilidad e irrespetuosidad con las normas acústicas, parafraseando lo expuesto por Ganemos. Si estas situaciones se dan con la actual legislación, ¿qué no ocurrirá si se modifica y se implanta este sistema que a priori parece mucho más incontrolable? ¿Esta propuesta viene acompañada de una partida presupuestaria destinada a la conformación de un equipo de inspección exclusiva para estos menesteres o de otra para la compra y homologación de sonómetros, por ejemplo? Por cierto, ¿alguien ha visto alguna vez en su vida a algún técnico o policía con un sonómetro realizando una medición después de una denuncia concreta o ha visto a algún técnico de Urbanismo en las mismas circunstancias? Porque, no lo olvidemos, en Jerez la disciplina urbanística no existe. Bueno, sí, tiene que estar cayéndose un edificio encima de la gente y estar permanentemente en prensa y redes sociales, como ha sucedido en el caso de la finca de Doña Felipa. Entonces, si hasta ahora nadie le ha puesto el cascabel al gato en este sentido, ¿quién se lo pondría con la norma modificada? ¿No sería más responsable hacer cumplir la legislación vigente, dando la seguridad a la población de que su administración vela efectivamente por ella, antes de pensar en ampliar y destensar aún más la cuerda?

En el otro lado de la balanza están los músicos, gente con un enorme talento (o sin él, hay de todo como en botica) a la que es cierto que no se le dan las facilidades debidas para mostrarlo. Con los músicos pasa como con casi todo en la vida: todos tenemos algún familiar o conocido que es músico, por lo que es comprensible su actitud. Y esto pone el foco del problema no en el contenido, sino en el continente. Si Ganemos llevaba tiempo preparando esta propuesta, podría haber perfectamente consultado con todos los colectivos implicados en esto y conseguir una respuesta consensuada que no es imposible, tal como se ha hecho en Granada, por ejemplo. Pero no, aquí ha habido un posicionamiento claro y una nula comunicación con los residentes de las zonas donde hay una considerable concentración de bares. Por cierto, ya que se habla de otras ciudades europeas, ¿se han comprobado los sistemas de control, medición y sanción que usan y se han comparado con los de aquí? ¿Se han tenido en cuenta las posibles situaciones de conflicto que se dan en esas ciudades?

Leemos con frecuencia testimonios de personas que han sufrido abusos por parte de los empresarios hosteleros: gente que cotiza el 20 por ciento de las horas reales que trabaja, sueldos irrisorios o jornadas de trabajo maratonianas. Sin embargo esas cosas no se llevan a pleno nunca, sino que siempre se corre un tupido velo y se mira para otro lado ante esta nueva forma de explotación, esclavismo y defraudación. Lo mismo sucede con el control de los veladores y el abuso en el uso del espacio público. Menos aún aparece la desaparición del comercio tradicional en el centro y su sustitución inmisericorde por negocios hosteleros (síntoma de gentrificación clarísimo). Tampoco se llevan a pleno medidas para la repoblación del centro histórico o para la implantación de equipamientos infantiles o deportivos, inexistentes en la actualidad. Tema este que hemos hablado con todas las formaciones políticas, todas, pero que ninguna ha adoptado para realizar siquiera una simple propuesta de pleno, ninguna. Pero, et voilà!, sin pensarlo bien, sin dialogar con todos los agentes implicados y sin sopesar las consecuencias negativas reales de lo que se está pidiendo, derivado de la falta patente de control actual, repito, surge esta propuesta que ya le va a negar al vecino hasta la posibilidad de llamar a la policía si es molestado, porque lo ilegal (no alegal, Ganemos, que las trampas semánticas están ya muy vistas) se transformaría en legal de la noche a la mañana.

¿Música en directo? ¡Por supuesto! Pero cuando los sistemas de inspección y medición existan, primero, y se demuestren efectivos, después. Así se garantizaría la convivencia real y la generación de una actividad que beneficiaría a todo el mundo. ¿Tenemos ahora esas circunstancias? Rotundamente no. Ahí reside la torpeza de la propuesta. Pero lo peor de todo es que ya se han posicionado tan claramente, que enmendar la plana va a ser difícil, muy difícil.



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