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Ahora que está tan de moda hablar de educación sexual, de porno feminista y todas estas cosas permítanme opinar que eso NO es educación sexual. Lo siento pero no.

No es que no me guste el anuncio, no es que no me guste el porno feminista, no es que no me guste que el porno cambie, no es que no me guste el sexo, no es que sea una “mojigata” (etiqueta normalmente utilizada para designar a mujeres que no quieren tener sexo en un momento determinado, o no son tan fogosas, aunque en la RAE diga que existe mojigato, en masculino, nunca oí a nadie llamar mojigato a un hombre.)

Me encanta el sexo pero la Educación Sexual no puede limitarse a enseñar cómo practican otros y otras el sexo a través de una pantalla. No señoras y señores. Para empezar porque no se explica en ningún  momento en el porno, ni en el feminista, que la menstruación, el parto y la lactancia, por ejemplo, forman parte de la sexualidad de las mujeres. Así que vamos a dejar de fliparnos un poquito por favor.

Hace unas semanas, a colación del spot del Salón Erótico de BCN 2018 de Silvia Rubí, hice un directo en mi cuenta de instagram, a partir de ahí un buen amigo me hizo una de las preguntas más difíciles que me han hecho en la vida: “¿Qué puedo enseñar a mi hija de nueve años acerca de educación sexual para chicas?” Y me quedé K.O, yo le respondí saliendo del paso… pero yo aun no sé qué le enseñaría a esa niña, ni a ninguna. Pero como no he parado de darle vueltas y vueltas al asunto se me ocurrió algo; si yo volviese a tener nueve años y quisiera que me enseñaran algo de sexualidad ¿Qué querría que me enseñaran? Hubiese sido genial, por ejemplo, que hubiese habido una conciencia colectiva sobre las enfermedades de transmisión sexual, más conocidas como nuestras amigas las ETS. (Se las reduce a siglas yo creo que para quitarle importancia)

Ojalá, cuando yo tenía nueve años me hubiera dicho una amiga “oye, tú y yo siempre vamos a ser amigas, y nunca vamos a tener ETSs”, o me hubiera dicho mi profesora de gimnasia rítmica “Sara ten el novio que quieras pero recuerda siempre que estéis juntos debéis usar el preservativo”,  o el hombrecillo que venía a dar charlas sobre Educación Sexual al colegio hubiese lanzado el dato “por cada 3,3 casos de ETSs en mujeres se desarrolla uno en hombres”. Pero esto no pasó.

Yo tuve la primera relación sexual con trece años. Desde ahí hasta los dieciséis tuve la misma pareja y siempre usamos preservativo. Pero… hay un ‘pero’, sí, desde los diez años, que tuve por primera vez la menstruación hasta entonces mi menstruación era el caos, entonces un ginecólogo me mandó a la compi de las compis, a la colega que todas las niñas de mi clase querían acceder, la gran píldora anticonceptiva.

Mi madre me advirtió, como buena madre, pero ¿quién con dieciséis años le hace caso a su madre cuando le da una orden/consejo? No lo sé, pero yo no lo hice.

Todas mis amigas me decían literalmente “tía, ya puedes hacerlo sin condón, ¡qué suerte!” ¿Y quién con dieciséis años no le hace caso a una amiga? No lo sé, pero yo se lo hice.

Voy desde esa edad al ginecólogo cada año para mi revisión del tratamiento de mis ovarios poliquísticos, es decir, la píldora. En una de estas, mi ginecólogo me llamó a los tres días de haberme hecho la citología, cosa que nunca antes había ocurrido: “Sara tienes que volver a repetirte una prueba”, fui, era una prueba para determinar si tenía VPH, el virus del papiloma humano. Y sí, lo tenía, ¿Qué digo lo tenía? Lo tengo.

Soy positiva en VPH 16. El VPH 16 y el VPH 18 son los de tipo oncogénico, es decir, los que tienen un mayor nivel de prevalencia en carcinomas. Son en resumen, los primeros responsables de los casos de cáncer cervical.

Además mi ginecólogo advirtió que mi cuello del útero estaba afectado por lo que debía someterme a una operación de urgencia para extirpar el tejido afectado, conización uterina que se llama, y consiste en quemar todo el tejido que recubre el cuello del útero.

Mi diagnóstico: displasia severa en la cérvix. O lo que es lo mismo, a pique de un cáncer en el cuello uterino. O como lo dice Mediplus, enciclopedia medica: La displasia cervical se refiere a cambios anormales en las células de la superficie del cuello uterino. Este es la parte inferior del útero (matriz) que desemboca en la parte superior de la vagina. Estos cambios no son cáncer, pero se consideraran precancerosos.

Mi ginecólogo me operó, le estaré eternamente agradecida. Me sacó de mi displasia severa en la cérvix, de lo que no puede sacarme es del VPH 16, ese ya viene conmigo como los de atrás con René de Calle 13.

Él me ve cada año y me cuida, nunca más mi tejido uterino se ha visto afectado, pero mi yo de nueve años quería que alguien le dijera “¡Joder Sara! No seas estúpida!” mi yo de nueve años se merecía información, se merecía que mi yo de veintiún añitos no se viera vulnerable, infectada, contagiada, en peligro… ¡enferma!

Por eso mi yo de casi veintiocho años os comunica a todo el colectivo publicitario del Salón Erótico de BCN 2018 que el spot es muy guay, os lo digo yo, que me dedico entre otras cosas a la publicidad y soy una obsesa de los anuncios, pero que como mujer y como afectada por la NO educación sexual me da mucha risa que llaméis “Educación sexual” al porno. El porno es porno, y la Educación Sexual es mucho más que películas de gente follando, perdonarme que os diga.

Y por supuesto la Educación Sexual es mucho más que información, o mejor, conciencia colectiva, sobre ETSs.

Pero decir que el porno es Educación Sexual es como decir que la filmografía de Scorsese es Educación para la Mafia.

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