Desde que comenzó el invierno, en Cádiz (la ciudad, no la provincia) han fallecido cinco personas que dormían y malvivían en sus calles. Son alrededor de 120 personas las que están en esta situación de sinhogarismo, según las cifras de la Apdha, la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía, solo en la capital, hay que insistir.
Y es que este colectivo está haciendo un importante trabajo en los últimos años para visibilizar un problema. Pero vaya por delante, no es exclusivo ni mucho menos de Cádiz. Esta alarmante cifra de cinco fallecidos en apenas dos meses en la ciudad es, como se suele decir, la punta del iceberg. A falta de un seguimiento tan exhaustivo en el resto de ciudades de Andalucía y de España, hay que tomar conciencia y pedir a las administraciones que hagan su trabajo.
En un mundo donde las desigualdades siguen siendo profundas, donde el problema de la vivienda es enorme, hay que pensar en aquellos que sufren situaciones extremas. El trabajo sobre estos colectivos no puede ser simplificado con expresiones de calle del tipo "es que no quieren que se les ayude". Es una forma de mirar para otro lado.
Los problemas de salud mental son, como dice su nombre, problemas de salud. Cada persona sin hogar necesita una ayuda específica, determinada, caso por caso. Hay quien ha vivido una mala época, ha tomado malas decisiones, pero que está a un paso de retomar su vida con independencia, previa ayuda durante un periodo. En otros casos, hablamos de personas que requieren de un seguimiento por un problema crónico.
La cuestión es que debe ser una prioridad para el poder político y para las administraciones que dirige ofrecer una serie de mínimos a los ciudadanos. Todos estamos siempre expuestos a unas malas decisiones o a que influya la mala suerte, como recordaba Juan, persona sin hogar en Cádiz fallecida esta semana y que una semana antes contaba su situación en lavozdelsur.es, algo que lógicamente ha causado enorme tristeza en la redacción de este periódico, pues ha sido una casualidad fatal. Pero que debe enseñarnos e inspirar nuevas políticas: "A los pocos que me miran por encima del hombro al pasar les digo, con el pensamiento: no sabes lo cerca que estás de vivir como yo, dos malas decisiones, un golpe de mala suerte, un papeleo que te salga mal y pum, te ves así".
¿Cómo puede ser que se muera gente y a nadie importe? Lo ocurrido en Cádiz, sin tener cifras, se está reproduciendo en toda ciudad andaluza. Pongamos todos de nuestra parte para que haya menos casos como el de Juan. Sería un salto como civilización: ayudarnos unos a otros. Para eso existe la cosa pública, para ser comunidad y para vivir mejor. En este caso, Juan ya no vive y eso es absolutamente desgarrador. Mañana, si no se toman medidas, habrá otro Juan. Y otro. Y otro. Y solo en Cádiz parece que se lleva la cuenta.



