La izquierda en Andalucía: rumbo de nuevo hacia lo incomprensible

Buena parte de los votantes de este espectro político no sabrán qué papeleta coger, algo que genera rechazo. Porque solo una parte está familiarizado con todos los episodios que explican qué está ocurriendo

Antonio Maíllo, líder de IU, con José Manuel García Jurado, parlamentario de Podemos, este fin de semana, en un encuentro juntos y cierto gesto de 'distensión'.
22 de marzo de 2026 a las 19:02h

La primavera recién iniciada finalizará con elecciones en Andalucía, presumiblemente en alguno de los cuatro domingos entre el 31 de mayo y el 21 de junio. Será la cuarta cita autonómica desde diciembre, dentro de un medio ciclo electoral como prolegómeno del 2027 (municipales, más autonómicas y generales). Y como viene siendo ya tradición, en la izquierda en Andalucía habrá nuevas papeletas para elegir dentro del mismo espacio ideológico.

Antes de que la política avanzara a la velocidad que lo hace ahora, en ese espacio de la izquierda estaba Izquierda Unida y acaso, según los territorios, alguna otra formación. Cuando surgió Podemos, lo hizo -recordemos- rechazando el debate izquierdas-derechas, aunque con ideas puramente de izquierdas. En las primeras elecciones generales a las que concurrió, diciembre de 2015, obtuvo 5,1 millones de votos, frente a los 5,5 del PSOE. Entonces, se soñó con el sorpasso si se sumaban los más de 900.000 votos de IU. Seis meses después, al no prosperar ninguna mayoría, las elecciones se reptieron pero Podemos e IU concurrieron como Unidas Podemos. Y se quedaron lejos de los seis millones de votos: ambas formaciones lograron algo menos de 5,1 millones de papeletas (5.087.538). 

Aquel episodio de hace una década ha influido en todas las reflexiones que han tenido las formaciones de izquierdas. Han sido uno de los argumentos más repetidos y evidentes de que sumar sin más no significa incrementar apoyos. Desde aquel momento de unión, todo ha tendido a lo contrario. Entre 2026 y 2027, los andaluces irán al menos tres veces a votar: autonómicas, municipales y generales. Y todo apunta a que encontrará al menos tres papeletas en el mismo espacio ideológico.

Habitualmente, este análisis lleva a los lamentos posteriores, a entonar los mea culpa que acaban derivando en reproches al otro. Voces como la de Gabriel Rufián animan a una gran coalición que incluya por primera vez a partidos nacionalistas, que pacten llegado el caso qué siglas se presentan en ese espacio en cada circunscripción. Ahora, habrá un encuentro público con la exministra Irene Montero, anunciada candidata de Podemos para las generales..

Este editorial se titula La izquierda en Andalucía: rumbo de nuevo hacia lo incomprensible. Pero no es incomprensible porque no pueda entenderse que la izquierda en Andalucía vaya a concurrir por separado, si nada lo remedia, en las próximas elecciones. Eso no es incomprensible. Para cualquier lector habitual de la actualidad política andaluza, para cualquier analista, para cualquier periodista que siga de cerca esa actualidad, no es incomprensible, sino al contrario, porque entenderse, se entiende.

No resulta incomprensible que Adelante Andalucía esté alejado del grupo de Por Andalucía en el Parlamento, porque entre ambos hubo una fuerte fricción en la anterior legislatura que es prácticamente insalvable. Tampoco es incomprensible que Podemos esté hoy tan lejos del resto de fuerzas en Andalucía, porque lo está en todo el país. No es incomprensible la tensión entre el Sumar de Yolanda Díaz y la Izquierda Unida de Antonio Maíllo -quien por cierto participó en un acto con un parlamentario de Podemos en Andalucía, José Manuel García Jurado, alejado de la dirección de su partido, y un gesto puntual basado quizás en afinidades más allá de siglas, pero que no es la norma general-. Se comprende, se entiende, y es hasta natural la diferencia entre partidos, siempre que se haya sido testigo del desarrollo de hechos, contraposiciones y posturas de cada partido y cada dirigente. 

Y ahí está la clave. Porque para quien sí es incomprensible lo que está ocurriendo es para el votante habitual, el votante medio, aquel que dedica algunas horas a enterarse de qué está pasando. Estamos en una sociedad polarizada por un numero finito de debate que van surgiendo dentro de una agenda. Y en esa agenda a menudo no está aquello que hace verdaderamente diferente a cada partido. ¿Qué distingue a Adelante de Podemos de IU o de Sumar? Algunas cosas, varias cosas. ¿Están esos matices en el debate de la calle? Por lo general, no. Una opción principalmente de las municipales, AxSí, sucesor del PA, de hecho, como explicaba su líder en lavozdelsur.es esta semana, quiene concurrir con Adelante.

El votante es sensible a los problemas sociales, busca que se le ofrezcan respuestas a los problemas que detecta, sea vivienda, sea precariedad, o sea falta de respuesta desde algunos servicios públicos. Y en lo esencial, estos partidos proponen soluciones similares, que no idénticas. ¿Está el votante al tanto de cada detalle que ha distanciado a las opciones políticas de 10 años para acá? Por lo general, no. El voto es una herramienta de muchas cosas, y entre ellas, de utilidad para la gestión. 

Con esto, ¿ve el votante medio utilidad en la papeleta de alguna de esas opciones de izquierdas? A menudo, sí. Pero ante esa confusión, una parte importante del votante de ese espacio político va a preferir quedarse en casa. Y no será porque no sea de ese espacio a la izquierda, será seguramente porque no sabrá a cuál votar. Algo así parece que les ha ocurrido en mayor o menor medida en las elecciones autonómicas de los pasados meses, con la excepción quizás de Extremadura, donde en parte se pudo solventar la situación. ¿Qué ocurrirá? ¿Volverán muchos a dejar de votar por no querer participar de esta situación que no comprenden?