Acaban de pasar las fiestas navideñas y, seguramente, en alguna de las comidas que son habituales, hemos escuchado las instrucciones antes de empezar: “Nada de hablar de política”.
Del mismo modo, en alguno de los muchos grupos de WhatsApp en los que entramos o nos incluyen hemos asistido al coro que censura (incluso puede llegar a borrar) algunos mensajes: “Aquí no se habla de política”.
Es fácil decirlo, pero no tanto interpretar qué es lo que se rechaza. Hablar de educación, de vivienda, de cuidados, de pautas de consumo, de obsolescencia programada, de recursos naturales… puede acabar siendo hablar de política, en tanto que gestión de los asuntos públicos. Casi imposible sortear la línea divisoria entre opinar del resultado y hablar de los principios que lo han inspirado, de los intereses que motivan las acciones. No sé si es posible y, en todo caso, si no sería un debate sesgado. Por ejemplo, conocer los cientos de kilos de alimentos que se desperdician y la situación de hambre en el mundo nos adentra en las prácticas de empresas de alimentación y usuarios. Si no queremos llegar a ese punto es respetable; sin embargo, corremos el riesgo de que nuestra conversación sea una sucesión de enunciados, una suerte de titulares por los que pasamos la vista mientras suspiramos.
Protestas en X
Se investiga una denuncia contra famoso por X
Todo por unos “likes”
Y así, sucesivamente.
Más que informados, estaríamos “enterados” de lo que pasa y con eso parece suficiente. Si queremos profundizar, ya están las secciones que reflejan los tuits más comentados o celebrados, añadiendo, por supuesto, que el tiempo de lectura estimado es de 2 minutos. Se quiere indicar que el esfuerzo de leer algo más que un titular no nos causará una grave lesión y, en cualquier caso, merece la pena una vez al día para conocer las ocurrencias de algún personaje famoso.
Esa es la tendencia: no leer sino aquello que otras personas marcan como destacado y no hablar de lo que molesta y puede enfrentar. Más allá de que se utilicen canales adecuados, donde los mensajes no se malinterpreten, entre una postura y otra debería haber un término medio.
Creemos espacios de debate en lugares adecuados, busquemos información veraz, escuchemos y dialoguemos. Que el objetivo no sea convencer, sino comprender algo más de la diversidad que hay en el mundo y, a partir de ese punto, aproximarnos al bien común.
A lo mejor, nos sorprendemos.
