El Sendero de las Libélulas, en Málaga.
El Sendero de las Libélulas, en Málaga. ZENderista (Senderistas Málaga en Facebook)

El sábado pasado se descorrió el cielo y pudimos disfrutar de un día soleado, con un poco de viento. No hay motivo de queja después de las fuertes lluvias y las terribles consecuencias.

Con un grupo de amigos y amigas, iniciamos el camino entre viñas, acompañados de dos bodegueros ratoneros, a ratos casi enredados con el grupo, a ratos olisqueando la hierba. A nuestro alrededor, el campo ofrecía un verde esponjoso. Cuando los contemplaba, vino a mi memoria aquella letra los niños quisieran venirse detrás, pero los gitanos se van… No sé la razón; cuando camino, el paisaje se me mete dentro y saca de mí recuerdos de otro tiempo. También me afila, me redondea, sanea mi interior, como si lo vaciara de todo lo accesorio.

Ayer tarde asistí a un diálogo filosófico. El tema elegido fue “¿Cuál es el sentido de la vida?”. Con la media de edad del grupo, quien más, quien menos, tenía una opinión bien formada. Las apunté en el bloc que siempre me acompaña y reflexioné sobre ellas. Siempre andamos buscando algo; tropezamos en esa búsqueda con lo que no queríamos ni necesitábamos, que se acaba quedando con nosotros. En algún momento, tendremos que soltarlo y la conversación y la escucha activa son un buen comienzo. Me alegra saber que aún hay espacios en los que hablar con sinceridad sin sentirse juzgada; en los que aprender sin pedantería ni arrogancia. Es una suerte, teniendo en cuenta el panorama general.

“Nuestra vida son los ríos…”, decía Jorge Manrique, como he recordado en un pasaje de mi última novela. Eso pienso, que es un río y nosotros piedras o guijarros, a merced de la corriente, buscando un espacio en el que permanecer.

En ocasiones, más bien, creo que somos barro y la vida nos moldea, nos da forma una y otra vez, sin que alcancemos nunca la definitiva.

Si la vida tiene sentido, no sabría decirles. Cada uno busca el suyo y, en ese afán, encuentra gente con la que compartir lecturas, charlas, viajes, momentos únicos, sencillos y espacios en los que hacerse fuerte frente a la oscuridad que nos acecha. También para eso es necesaria la cultura: para entender que no estamos solos en la inmensidad.

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