La pupila dilatada de Feijóo y el chorlitejo patinegro de Kichi

El anterior presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, lidera de manera incontestable la clasificación de los errores territoriales en campaña y también fuera de ella

Núñez Feijóo en una visita reciente a Jerez.
Núñez Feijóo en una visita reciente a Jerez. MANU GARCÍA

Las campañas electorales con bastante frecuencia dejan momentos en los que la risa se impone a la seriedad de los monólogos partidistas y partidarios, ocupando titulares imprevistos por mor de deslices más o menos graves que cometen las primeras figuras políticas.  Son recurrentes los errores relacionados con el suelo que pisan, cosa lógica si se tiene en cuenta que en un mismo día pueden estar abriendo la jornada en Ceuta y terminar cerrándola en Avilés. Casi siempre surgen esos errores de un intento, a todas luces baldío en la mayoría de las ocasiones, de buscar una falsa identificación con el lugar donde se habla y también con quienes los escuchan, una debilidad estratégica de los redactores de discurso que ha provocado con frecuencia el efecto totalmente contrario, el del desconocimiento de la realidad territorial de la que se habla.

El anterior presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, lidera de manera incontestable la clasificación de los errores territoriales en campaña y también fuera de ella, y eso que su personalidad no era muy dada a recibir consejos de asesores más allá del mínimo inevitable en su cargo. Y es que Rajoy no sólo cometió esos errores en mítines y otros bolos electorales sino incluso en un debate electoral con Alfredo Pérez Rubalcaba incluyo a Constantina y Cazalla de la Sierra entre las poblaciones de la sierra de Cádiz.

Pues el nuevo Rajoy, el candidato popular Feijoo, goza de la misma calamitosa habilidad que su predecesor a la hora de vincularse con los territorios en sus intervenciones de campaña. Ocurrió el último episodio el pasado jueves en Cádiz capital donde había acudido en auxilio del candidato popular Bruno García que por día que pasa evidencia con más claridad la distancia kilométrica que le separa del liderazgo municipal y político que ejerciera en su momento Teófila Martínez. Los asesores de campaña de Bruno entendieron que la mejor manera de dar calor al líder nacional y al candidato local era organizar una sauna finlandesa al aire libre y parece ser que, a tenor de las crónicas, lo consiguieron aún a riesgo de provocar más de una lipotimia.

Y si el sol ligero al que habían sido convocados los seguidores populares y medios de comunicación no fuese suficiente suplicio, el líder Feijoo se retrasó una hora que en aquellas condiciones climáticas pareciera un día completo. Y todo, según la delegada del Gobierno andaluz Mercedes Colombo, por un atasco en la avenida recordando con nostalgia aquellos tiempos en que sólo había una manera de acceder al Cádiz interior. Sólo faltó culpar a Kichi de no estar dirigiendo el tráfico en la avenida en vez de estar defendiendo la supervivencia del chorlitejo patinegro que la Junta de Colombo está poniendo en riesgo con el trazado del Eurovelo  a través del cordón dunar de la playa de Cortadura rectificando en tiempo electoral antiguos beneplácitos al proyecto.

Pero más allá de las ocurrencias de Kichi y su renovada pasión por el chorlitejo patinegro la nota del día estaba reservada a la primera figura del Partido Popular empeñado en demostrar que su dominio de la técnica literaria no tiene por qué ser un obstáculo en su carrera hacia la Moncloa. Y ajeno al sufrimiento que la tropa popular, propio de un desfile del 2 de mayo de la señora Ayuso, venía padeciendo a cuenta del sol reinante, nunca mejor lo de astro rey, decidió tirarse por los renglones torcidos de la metáfora como si de una nueva Rosalía de Castro se tratara. Afirmó Feijoo en aquel trance que la luz de Cádiz en aquella mañana le había dilatado la pupila sin necesidad de ir al oftalmólogo, contradiciendo a todas luces el principio fisiológico de que el exceso le luz contrae y no dilata la pupila, pero para aquel entonces el auditorio, a medio camino entre la deshidratación y la insolación completa, parecía ya insensible a la palabra del líder y a su descubrimiento de la salda claridad de la luz primaveral de Cádiz, tan alejada de las grises umbrías de su Galicia natal.

Arriesgó demasiado el político gallego victima de su deslocalización espacio temporal hasta el punto de que su error oftalmológico se convirtió en viral con peligrosas insinuaciones de todo aquello que provoca la dilatación de la pupila más allá del delirio momentáneo que le produjera la salada claridad gaditana.

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