Bendodo, Díaz Ayuso, Moreno, Casado y Martínez Almeida, en febrero pasado en Madrid. Autor: JUNTA
Bendodo, Díaz Ayuso, Moreno, Casado y Martínez Almeida, en febrero pasado en Madrid. Autor: JUNTA

Gran verdad la máxima popular que afirma que nunca segundas partes fueron buenas aunque en el caso que nos ocupa la primera ya fue un desastre. Cuando Puigdemont y su ejército de caminantes blancos independentistas quisieron confrontar con los siete reinos del Estado Español ese aforismo de "España nos roba” corrió  de boca en boca por el frio Norte catalán intentando convertir la falacia en el elixir mágico con el que animar a una tropa que sabía de antemano que su lucha estaba condenada al fracaso.

Pero el modelo de la confrontación estéril con la falacia por bandera quedó en los anales de la alquimia con la que los asesores de turno pretenden encubrir los delirios políticos suicidas del político o política de turno que es el que les paga. Y ni corto ni perezoso el viejo diablo de la derecha española, Miguel Ángel Rodríguez, ha tirado de manual independentista para plantear la batalla que esta pretendida Juana de Arco, la señora Ayuso, ha decidido entablar contra el Gobierno de España sin más objetivo que el desgaste de Sánchez  aún a costa de la salud de los madrileños y madrileñas a los que engaña un día sí y otro también con una manipulación burda de los datos de la enfermedad y sobre todo intentando a cada momento crear el enemigo exterior necesario para tapar sus propias vergüenzas y carencias.

La versión madrileña del “España nos roba” lleva camino de convertirse en la canción del otoño de la mano de la acorazada mediática popular tan bien remunerada con la publicidad institucional del Gobierno de la Comunidad. Aquí y ahora lo que menos importa son las nueces, lo realmente importante es el ruido con el que ocultar las carencias intelectuales de la Presidenta Ayuso mientras sus socios de Ciudadanos con el madrileño impasible, el Vicepresidente Aguado, a la cabeza asisten impertérritos  a semejante esperpento como convidados de piedra. Cómo no será el nivelazo de la tragicomedia de Ayuso que hasta la señora Monasterio, portavoz de Vox en la Comunidad y soporte latente de su gobierno, ha denunciado la falsedad de los argumentos de la Presidenta en sus ataques al Gobierno de España.

Pero el esfuerzo de Ayuso en la espiral de ruido mediático está consiguiendo uno de sus objetivos, intentar que el auto del Tribunal Supremo, que ratifica la condena del Partido Popular en el primer asalto del combate de la Gurtel, pase desapercibido para la ciudadanía. 

Y lo que resulta realmente sorprendente es que los Presidentes de las Comunidades agredidas por Ayuso, Feijoo y Moreno Bonilla entre otros, hayan callado ante semejante disparate convirtiéndose en colaboradores necesarios del delirio suicida de la Puigdemont madrileña anteponiendo la salvaguarda del interés partidista al de los territorios que representan y la ciudadanía a la que se deben. Pronto serán conscientes de que alguien voló sobre el nido del cuco popular pero para entonces ya será tarde.

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