Demasiados abogados

El abogado no puede abandonarse en formación, ni en ánimo combativo, como tampoco debe perder de vista el compromiso con la Administración de Justicia

Demasiados abogados
Demasiados abogados

Troppi avvocati es el título de un libro de Piero Calamandrei (1889-1956) de 1920. Trata de la decadencia intelectual y moral de la abogacía italiana. La causa principal es, dice el autor, el alto número de abogados. Entonces, en Italia, había 12.011. Pues si supiera que hoy son 247.173… ¡porca miseria! Así, la Italia sigue estando entre los países del mundo con más abogados. Aquí en España somos unos cuantos menos, 153.913. Francia es más selectiva, 70.073 abogados.

El perfil del abogado de hoy día no es el de antaño, no, las cosas como son. La actividad por el contrario sí sigue siendo la misma. Una profesión libre de interés público, insiste Calamandrei. El abogado no puede abandonarse en formación, ni en ánimo combativo, como tampoco debe perder de vista el compromiso con la Administración de Justicia (por ejemplo, contra el mal de la litigiosidad). La mente del abogado es flexible, viva, asimiladora, expresiva y dicho con precisión objetiva aquel que ‘con una mínima fatiga logra disimular su incompetencia bajo una rápida tintura de ideas tomadas de otros’. Calamandrei mismo ejerció como abogado, y recuerda que ha sido este un gremio recurrentemente abolido por regímenes dictatoriales, y censurado por ciudadanos de moral exquisita y por poderosos sin moral.

El abogado, fundamental en la libertad de los ciudadanos, está claro, no goza de un aura heroica, las cosas como son. ¿Recuerdan ustedes al abogado de los Simpson? Lionel Hutz, un pobre hombre trajeado, desesperado que corre detrás de cualquier cobro y que aprovecha las horas sueltas para sacarse un sobresueldo, por ejemplo de zapatero. Efectivamente, la abogacía actual es menos grave, es más ágil, menos ritualista, es igualitaria… Pero es que la sociedad es así. También los jueces, la ley, incluso los delincuentes han perdido caché… todo se ha multiplicado exponencialmente y se tramita digamos, de una forma industrial. Y no sólo ha aumentado todo en número, es que los ámbitos de la vida regulados por la ley son muchos más. Quizás sea verdad que la política se ha judicializado, pero también los ciudadanos llevamos al juez todo tipo de conflicto, las cosas como son.

Bien podía Calamandrei haber dicho que la culpa es de la democracia y del capitalismo. Recuérdese a los dos protagonistas de Las aves (Aristófanes) que buscaban un lugar tranquilo sin pleitos. Que las circunstancias generales sean las que son, no puede servir de excusa para evitar responsabilidad ni para acomodarse en la frustración que conduce a las soluciones fantásticas.

El abogado se hace tras muchos años y atesora no pocas derrotas. Su sabiduría puede ser poco ingeniosa pero es sólida porque conoce las debilidades del ser humano y viene curado de dogmas. Como decía nuestro insigne Carrillo Salcedo, este es un oficio humilde. Del attualissimo libro de Calamandrei llama la atención la edad del autor, 30 años. Pocos para saber de decadencias, aunque esto no le quite razones, las cosas como son.

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