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Raúl Ruiz-Berdejo, secretario local del PCE

"El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el coste de la vida, el precio de las alubias, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales". Recurro a estas palabras de Bertolt Brecht para introducir una reflexión acerca de la necesidad de defender la política frente a la interesada campaña de descrédito que alimentan los grandes medios de comunicación del régimen.

“Todos los políticos son iguales”, “votar no sirve para nada”, “yo paso de la política” Son frases, todas ellas, que se repiten en nuestras calles. Y, desgraciadamente, no son fruto de la casualidad. Al contrario. Responden al bastardo interés de algunos en fomentar el hastío que necesitan para perpetuarse. Pero no hemos llegado hasta aquí por culpa de la política sino, más bien, por la ausencia de ella. Porque, no nos engañemos, nuestros gobernantes son el reflejo del pueblo que les votó en las urnas. Y, en nuestro caso además, la nefasta consecuencia de sustituir el debate político por cuestiones de una banalidad que linda con el ridículo.

Ahora, más que nunca, necesitamos de la política. Con mayúsculas. Hemos de agarrarla con fuerza, bajarla del pedestal e inundar de ella nuestras calles. Profundizar en la despolitización es aumentar la velocidad a la que nos dirigimos al abismo. Por eso urge politizar a nuestro pueblo, convencerle de la necesidad que tiene de tomar partido. Llevar la política a las plazas (el 15-M ha dado interesantes pasos en esa dirección), a las calles, al bar de la esquina y hasta a nuestros propios hogares. Y reivindicarla en toda su extensión, liberándola de ese corsé que la limita al ejercicio de votar cada cuatro años.

Eso nos ayudará a llenar, después, la política de calle. A inundar las instituciones del dolor de quienes lo han perdido todo, de la rabia de quienes llevan años siendo estafados, de la incertidumbre de quienes son incapaces de imaginar un futuro... Porque, que nadie se equivoque, no sobran políticos. Faltan políticos capaces de estremecerse con el dolor de su pueblo, de sentir en sus propias carnes el padecimiento de aquellos a los que debieran estar sirviendo... No necesitamos administradores concursales, incapaces de ver más allá de una cuenta de ingresos y gastos, necesitamos políticos capaces de empatizar con el sufrimiento y las necesidades de su pueblo, dispuestos a sacrificarse en pos de la esperanza que éste necesita.

Por eso tenemos que emplearnos a fondo en la defensa a ultranza de la política, invitar a los nuestros a participar de ella, ya sea a través de los partidos, los diferentes movimientos sociales o, simplemente, en el debate que tiene lugar, diariamente, en nuestras calles. Sólo así lograremos rescatarla de manos de quienes hoy se sirven de ella, prostituyéndola en beneficio propio, y alejándola de este pueblo que tanto la necesita.

“Haced política. Si no la hacéis, alguien la hará por vosotros. Y probablemente contra vosotros”. Antonio Machado

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