Sánchez jura el cargo ante Felipe VI.
Sánchez jura el cargo ante Felipe VI.

Los ententes retorcidos, al amparo de una verdad inventada, torticera, se rebelan en el tiempo y se rebelan contra el tiempo.

El “No es No”, fue no. Como se ha podido comprobar.

Pero aceptarlo hubiera llevado al Partido Popular a estrellarse contra la verdad de la corrupción, camuflada por finiquitos en diferido, abusando de la lentitud y la escasez de medios de la justicia. Y al PSOE, a diferir la asunción de que el bipartidismo se había transportado hacia una nueva mayoría social ya representada en el parlamento por organizaciones políticas.

La razón es algo a debatir, a consensuar. Acudimos mucho a ella y nos la apropiamos –yo tengo la razón, la razón está de mi parte–. Pero la razón es la esencia a compartir, a consensuar, en referencias al entorno de la conversación, al marco de discusión acotado entre los interlocutores. Ahí se puede encontrar o consensuar la razón.

Pero la verdad, no. La verdad ya existe antes de la discrepancia, es única y es auténtica, omnipresente aunque no la veamos o aunque algunos no quieren verla. O la ven y nos la quieren desviar hacia otra aparente verdad edulcorada, aggiornmentada. Una verdad manipulada, parcial e interesada y por tanto artificiosa.

Pero la verdad es auténtica, redonda, sin aristas, vuela y corre, siempre está presente y nadie escapa a su calor cuando en ella busca amparo mientras caen relámpagos por mentiras.

Pero al allanarnos en esta otra verdad, la verdad democrática, la verdad constitucional, nos encontramos con una verdad preexistente, aunque pendiente de juicio. Le llaman la verdad jurídica, es decir la verdad judicial, la juzgada. Y como instrumento de la otra verdad, esta nos abre el camino y despeja el recorrido futuro; sobre todo para aquellos que una y cien veces han venido proclamando aquello de “nosotros estaremos a lo que digan los jueces”.

Pues bien, los jueces han hablado y la Sección Segunda de lo Penal de la Audiencia Nacional considera acreditado que entre 1999 y 2005 entre las empresas de Correa y el Partido Popular se tejió…. ““un auténtico y eficaz sistema de corrupción institucional a través de mecanismos de manipulación de la contratación pública central, autonómica y local a través de su estrecha y continua relación con influyentes militantes de dicho partido””

Esta nueva verdad democrática ya existente entonces y existente ahora ha tenido que ser aplazada nada menos que dos años para poder lucir su autenticidad prevalente.

Pero claro, hay quienes prefieren por anticipado una mentira que les haga felices antes que una verdad que les amargue la vida.

Por tanto, tras el éxito de la moción de censura al gobierno de Rajoy, es perfectamente comprensible cómo se puede pasar de la debilidad de un mal cierre forzando al PSOE a abstenerse para que pudiera gobernar el PP, a las consecuencias de la verdad contundente y sonora tras la sentencia de la Gürtel.

Una verdad incómoda, como escribía Al Gore ante los daños del cambio climático. En este caso, una verdad incómoda, ante la magnitud de una sentencia contundente que condena al Partido Popular.

Transcurridos estos dos años, hoy podremos disfrutar de aquella verdad desnuda del “No es No” que luce en tiempo nuevo, una vez despejadas las dudas de aquella parte del “no” de las baronías del PSOE a Pedro Sánchez y la otra parte del ”no” que Rajoy no supo o no quiso entender.

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