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"Las matemáticas tienen que conseguir potenciar en nosotros la capacidad de dar solución a cualquier tipo de problema que se nos presente y para ello dicha competencia juega un papel indispensable".

Me gustaría comenzar recordando el final de mi último artículo: el ingrediente principal para una buena enseñanza será la pasión por nuestra profesión y en concreto por nuestra materia, lo demás vendrá por añadidura. Partiendo de esta base, quiero compartir con vosotros en el artículo de hoy, la importancia de la competencia lingüística en la asignatura de matemáticas y el deber que tenemos como profesores de esta materia de trabajar con ella en beneficio de nuestro alumnado. Todo el cuestión de lógica…

Os propongo el siguiente problema:

Se tienen tres baúles iguales. Uno solo de ellos contiene un lingote de oro. Los otros dos están vacíos. Cada uno tiene pegada una leyenda con una frase que debería ayudar a decidir en cuál de los tres está escondido el lingote. Eso sí: se sabe que solamente una de las frases en uno de los baúles es verdadera. Las otras dos son falsas. Léalas y decida dónde está el oro. Los tres baúles están numerados: 1, 2 y 3.

a) En el baúl número 1, la frase es: “El lingote no está aquí”.

b) En el baúl número 2, la frase es: “El lingote no está aquí”.

c) En el baúl número 3, la frase es: “El oro está en el baúl número 2”.

Ésos son todos los datos. Ahora le toca a usted encontrar la solución.

Durante el curso, suelo dedicar varias sesiones a la resolución de este tipo de problemas de lógica con mis clases de Bachillerato, que igualmente podría realizarse en el nivel de Secundaria. Y con ellos reflexiono si sería posible resolverlos sin tener una buena comprensión lectora. Claramente no se podrá. El proceso para resolver el problema sería el siguiente: dividimos a los alumnos en grupos de tres y le damos a cada grupo un problema distinto. Uno de ellos será el encargado de leerlo en voz alta sin que los demás tengan el papel delante, el segundo explicará al resto qué ha entendido del problema y el tercero añadirá algún dato, si fuera necesario, para llegar a la resolución del problema que deberán buscarla entre los tres. Se trata de la dinámica de lectura compartida que se propone para los trabajos cooperativos de clase adaptada a esta asignatura.

Con ello, vamos trabajando tanto la compresión oral como escrita ayudando así a mejorar la capacidad de atención ante una lectura para poder sacar los datos necesarios que te llevan a una solución. Y aquí está nuestro papel en el fomento de esta competencia lingüística tan necesaria para resolver nuestros problemas matemáticos porque, a diferencia de lo que parece, no todo en matemáticas son números y operaciones. Las matemáticas tienen que conseguir potenciar en nosotros la capacidad de dar solución a cualquier tipo de problema que se nos presente y para ello dicha competencia juega un papel indispensable.

En mi centro, estamos inmersos en el Proyecto Lingüístico y este tipo de ejercicio de clase es uno de los propuestos dentro del Departamento de Matemáticas. Nos debe quedar claro que dedicar sesiones a esta actividad, dejando el temario de lado, no es perder el tiempo sino es un paso grandioso que estamos dando hacia lo que es realmente la educación. Sin darnos cuenta, la clase de Lengua y la de Matemáticas se dan la mano por unos instantes haciendo más interesante ambas asignaturas.

Como veis, no es una propuesta nueva ni difícil, pero pienso que es necesario recordar este tipo de ejercicios para salir de la monotonía de nuestra clase y, como dije en otro artículo, involucrar a nuestros alumnos en su proceso de aprendizaje para hacerles más interesante cada materia. Así que os animo a probar en esta línea. Hay libros de lectura que resultan bastante interesantes para cada una de las etapas con los que se van introduciendo y van avanzando dentro del mundo de las matemáticas, como pueden ser El Diablo de los números, El asesinato del profesor de matemáticas, El hombre que calculaba, El teorema del loro, y muchos más que debemos ir descubriendo con ellos.

Concluyo con el deseo de que mi modesta aportación pueda servir de ayuda tanto a alumnado como a profesorado y recordando que propuse un problema… ¿podrás resolverlo?

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