La III Feria de la Ciencia en la Calle, que se ha celebrado en la plaza del Arenal, ha contado con una importante agenda paralela que, en principio, no estaba prevista. Además de presenciar experimentos científicos que se han desarrollado en treinta institutos a lo largo del curso, varios cientos de alumnos tuvieron la oportunidad de desarrollar sus propias experiencias y asistir a una serie de ponencias que fueron desarrolladas y comprobadas de manera empírica por ellos mismos en la plaza. Esta agenda no prevista contó con el visto bueno –la ‘complicidad’, como se dice ahora- de los profesores, que vieron con buenos ojos cómo la creatividad de sus alumnos desbordaba, y para bien, esta iniciativa de sacar la Ciencia a la calle. Así, el viento de levante posibilitó que chicos y chicas de centros públicos y privados compitieran sanamente con sus bolsas de patatas, palomitas, gusanitos, Cheetos y 3D en dos modalidades: distancia recorrida y altura alcanzada por la bolsa vacía. Las latas de refresco vacías fueron objeto también de dos ponencias de corte científico con sus correspondientes pruebas comprobatorias. La ponencia terrestre fue ‘Acumulación y Desarrollo: Tú puedes’, mientras que la acuática, que se desarrolló a los pies de la estatua ecuestre del general, se denominó ‘Colmatación de acuíferos’. Las palomas de la plaza fueron las protagonistas del principal estudio biológico, una experiencia netamente empírica que fue de las que gozó de mayor aceptación. ‘Picoteando el Bocata de Mamá, se llame o no Paloma’ fue un éxito internacional, ya que un grupo de septuagenarios holandeses que pasaba por allí pospuso la visita a González Byass para arrojar también a las palomas parte del pan de los sándwiches que habían sacado de extranjis del Todo Incluido de Chiclana en el que estaba alojado, si bien este grupo giró sobre sus chanclas y se fue finalmente indignado al ver que la chavalería pasaba de ofrecer pan a chicles ya gastados, una nueva prueba que tenía su lógica evolutiva pero que, sin embargo, relacionó con la legendaria crueldad de los españoles con los animales. Por último, la llegada de una brigada de Urbaser fue acogida con aplausos, más que nada porque la máquina limpiadora que trajo empezó a asustar a las palomas, lo que produjo asombro entre los chavales, que mayoritariamente ignoraban que estas aves volaran todavía. El entusiasmo cesó cuando uno de los trabajadores de Urbaser intentó desarrollar la ponencia ‘La papelera: esa gran desconocida’, que causó fuerte sopor entre los infantes, cansados ya y con ganas de volver a casa tras una mañana repleta de emociones científicas… 

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