Dos ejemplares de gallinas sureñas criadas en La Barca de la Florida. FOTO: ASOCIACIÓN AVÍCOLA BARQUEÑA
Dos ejemplares de gallinas sureñas criadas en La Barca de la Florida. FOTO: ASOCIACIÓN AVÍCOLA BARQUEÑA

A partir del lunes vuelve cierta normalidad a nuestras vidas. Jerez —toda la provincia de Cádiz— ha sido elegida para… no, no es así, no ha sido elegida para nada, pero entra en la fase 1 de la desescalada para alcanzar la denominada ‘nueva normalidad’. Palabra más o menos. Ya saben, a partir del lunes podemos, entre otras cosas, ir a entierros íntimos pero en plan disperso –parece que hablamos de difuntos siempre de carácter hosco—; los creyentes (y no) pueden ir a misas también íntimas y a la vez dispersas; podemos reunirnos con nueve amigos siempre que mantengamos dos metros de distancia de seguridad —vamos, que hay que tener un campito–; entrar de uno en uno en una tienda o sentarnos en las terrazas que abran (encima da lluvia), siempre al 50%... Un planazo, vaya. 

Lo que está claro es que a partir del lunes en Jerez habrá mucha más gente en la calle; aunque las autoridades siguen pidiendo preferiblemente que no se salga, se permite ir a estos sitios –tiendas, terrazas, cultos- en sus horarios habituales, lo que redondea el chiste ese de hace unos días: entre lo que dedico a sacar al perro, al niño, salgo a pasear o hacer deporte… al final estoy más tiempo en la calle ahora que antes. 

Y como habrá más gente por ahí y las cosas forzosamente van a cambiar, debo contarles un tema que me tiene inquieto desde que dio comienzo el confinamiento: oigo gallos (o gallinas, por lo visto hay gallinas que también cantan, disculpen mi cateteo urbanita) desde mi casa. A cualquier hora del día. Claro… y alguno de ustedes dirá: pues mira el gilipollas éste. Bien… Llevo quince años viviendo en la misma casa, en lo que en Jerez se entiende desde hace siglos que es el centro –aunque esté claramente al sur- y nunca había oído cantar gallos o gallinas. Incluso la salida de los infantes hace ya casi dos semanas no ha podido tapar ese sonido. ¿Estaba ahí desde siempre? ¿O en realidad ni está ni ha estado nunca y ha roto ahora en mi cabeza con el confinamiento? Por lo demás no sé exactamente de dónde viene el canto… creo que de alguna casa de la salida del Arroyo con la Muralla, por ahí… me parece muy lejos que venga de Picadueñas (aunque en línea recta no es tanto), que creo que hay algún criador de pollos, ya me entienden… 

Quería comentarlo –lo de las gallinas— como una especie de símbolo de estos dos meses en lo que sin salir apenas, sin ver casi tele, sin leer todo lo que esperabas, reparas en cosas y situaciones que tienes al lado… y ya no es que antes no las prestases atención, es que ni tenías conciencia de percibirlas. De todas formas, acepto que haya malpensados que, habiéndose hecho una idea del tipo rebuscado que soy a lo largo de todas las Confesiones, estimen que esta es una manera indirecta e incluso perversa de sacar de nuevo a debate un tema tan manido como este: ¿Jerez es un pueblo o una ciudad?

Una pregunta de rápida y unánime respuesta desde Cádiz y de seria confrontación en Jerez, tanto entre sus élites –de haberlas— como en el pueblo llano, con opiniones no solo diversas, sino incluso cambiantes… Pero nada más lejos de mi intención que el tema coja esta deriva. Si hace un par de Confesiones saque seis o siete temas en modo flash que tenía apuntados en la agenda del móvil, no quería que este quedara antiguo la semana que viene ni que se hubiera perdido en dicho artículo como uno más entre tantos. Eso es todo. Quería recapacitar sobre un mundo -una realidad- que te permite oír gallos y gallinas en el centro de una ciudad, sobre algo tan simple…

Bien, como todos tenemos amigos y familia –conceptos no siempre coincidentes— en Madrid, e incluso por ahora en Barcelona, enviemos desde aquí un mensaje de apoyo a las dos grandes urbes, que seguirán en fase 0… y en las que seguramente nadie habrá entendido nada de los tres párrafos anteriores sobre las gallinas…

Y así damos paso a ‘Cultura Infecta’, una sección que últimamente ha cogido un brío que solo cabe califica de impresionante. Hoy, otra vez dos temas, y de nuevo ‘El País’ haciendo una interesante aportación. Totalmente recomendable el artículo de ICON titulado “¿Un mesías o un hipócrita? Por qué Bono de U2 despierta tantas antipatías”. El título lo dice todo. ¿Me piden una opinión? Más o menos con la llegada del siglo XXI me quité de U2 y lo que diga Bono sobre cualquier cosa tiene para mí el mismo peso (e incluso interés) que el de mi frutero, Isabel San Sebastián o Juan Cruz, por poner varios ejemplos…

Ah, y estuve en el famoso concierto del grupo en el Bernabéu: el concierto. Les reproduzco uno de los chistes sobre Bono que viene en el reportaje (chiste de procedencia irlandesa, además). Va: “¿En qué se diferencian Bono y Dios? Al menos Dios no va por ahí creyéndose Bono…”. Muy bueno. No podemos decir exactamente lo mismo sobre el segundo tema de esta sección, la canción de Vetusta Morla (con la participación de Joaquín Sabrina, Rozalén o Leiva entre otros) sobre la epidemia y la lucha de los sanitarios que nos llega dos meses después, pero como es algo benéfico… pues, hala, gracias (supongo).  

Y nos adentramos ya en las siempre procelosas aguas de Desinfección y Chuletas. Hoy en mi mano izquierda (debe ser porque el régimen franquista llevó la represión hacia sus últimas consecuencias: mi mano izquierda cuando era parvulito. Las más tiernas generaciones probablemente lo desconozcan, pero a muchos zurdos nos obligaban a hacer caligrafía con la derecha para que dejáramos de serlo) aparece con muy mala letra (la de la derecha, claro) algo que debí haber escrito en primero o segundo de EGB: “cerdos, gallinas, vacas y caballos”, o lo que es lo mismo: pon aquí (en la ficha) cuatro animales de granja. Como ven, ni la edad ni tener que hacerlo a mano cambiada fue en ningún caso problema alguno para este cronista…

Y nos vamos por hoy. Jerez sigue moviéndose en cuatro o cinco contagios diarios diagnosticados. Al que tenga ganas, feliz sábado y domingo de Feria, especialmente a los vecinos del entorno de las calles San Marcos y Gibraleón, que menuda tienen montada…

Cuídense.

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