Niños, paseando. FOTO: CANDELA NÚÑEZ
Niños, paseando. FOTO: CANDELA NÚÑEZ

Qué día más complicado el de ayer (domingo, 26 de abril). Qué de llamamientos públicos. Eran tantas las llamadas a la acción que pensé que lo mejor era… pues quedarse en casa de puertas para adentro, al fin y al cabo un aburrido domingo más… Para los más despistados, les diré que para la tarde de ayer había convocados ni más ni menos que tres actos y todos en el espacio de unos cuatro minutos: los aplausos habituales de las ocho; tres minutos de silencio antes de las ocho y una cacerolada contra la gestión del Gobierno también a las ocho (bueno, me parece que la cacerolada era incompatible con los aplausos, incluso más allá de la imposibilidad física de juntar las manos y golpear una cacerola). Todo ello en los balcones, por supuesto. 

Si este tema era complejo en Jerez, no quiero ni pensar cómo se vivió entre los vecinos de Sevilla que han decidido vivir la Feria de Abril… en los balcones. ¿Qué hicieron los ‘sevillanís’ a las ocho menos tres minutos, soltar la copa de manzanilla y guardar silencio, guardarlo sin soltarla o ni guardarlo ni soltarla? ¿Aplausos… o ayer, ya levemente achispados, directamente la cosa fue por palmas? ¿O tal vez se sumaron a la cacerolada…? Dejémoslo, demasiadas preguntas, demasiada combinatoria… no creo que ni el humorista-sociólogo Tezanos saliera con éxito del berenjenal en el que nos estábamos metiendo…

A todo esto, debido a la circunstancial crisis de nihilismo que padezco desde hace 54 años, debo decir que ni aplaudí, ni guardé tres minutos de silencio ni le di a la cacerola (en realidad, a mediodía me tomé una copa de manzanilla en mi terraza, así que de donde estuve más cerca, paradojas de la vida, fue de la feria en los balcones de Sevilla). Hace mucho que no sé qué coño estamos aplaudiendo –aunque en el momento de escribir estas líneas está lloviendo, así que si se mantiene así el día, hoy saldré: algunos de mis más fervorosos vecinos aplaudidores los días que llueve flojean y cuando fallan los ‘probos ciudadanos’ es la segunda línea la que tiene que tomar el relevo—; aunque creo que hay motivos de sobra para protestar por la gestión de la crisis veo que hay mucha extrema derecha metida en el tema, por lo que lo de la cacerola da algo más que pereza… y sobre los tres minutos de silencio debo decir que sinceramente desconozco de quien partió la convocatoria, que solo oí hablar del tema por la radio a Moreno Bonilla y que en esta casa no se suele prestar mucha atención a las indicaciones de políticos. De ninguno. Salvo en una excepción: en lo de lavarse continuamente las manos.

Desconozco de primeras cómo fue en Jerez la salida de la infancia de las madrigueras, pero no he visto nada excepcional en la prensa digital. De hecho, en honor a la verdad, esperaba que hubiese sido peor. En algún barrio hubo cierto cachondeíto, claro, pero cabía esperar más bullicio. Lo poco que vi, esquinado (en este caso, de esquina) en la Alameda, no me pareció digno de especial atención, más allá de la extrañeza de los perros al ver de nuevo a los infantes en unos dominios que durante semanas han sido exclusivamente suyos. Ya he visto en internet partidos de fútbol en parques de Valencia, el Paseo Marítimo de Barcelona a reventar y fotos similares, algunas de ellas con evidente perspectiva distorsionada… y también he visto a los ‘probos ciudadanos’ expresar su cabreo con la actitud de ciertos padres a través de hahstags tan finos como #subnormales… (en realidad les digo una cosa, una conclusión que estoy sacando sobre la pandemia y el confinamiento es que la gente empieza a pasar cuatro pueblos de la corrección política… y cuidado que yo no comparto en absoluto esta actitud de denuncia de los ‘probos ciudadanos’, en el fondo siempre temibles, me refiero a que me parece positivo que se caigan las caretas y la gente largue las cosas como las siente: si para ti los que, en general, se han parado un momento a charlar con el vecino son “subnormales”… pues pa’lante, ahora bien, no vale que cuando sean tus actitudes, hechos u opiniones las que se cuestionen bajo un epígrafe similar vengas con el rollo de “faltar al respeto a la gente con discapacidad mental” o similar, que ya os conocemos a los ‘probos ciudadanos’…).

Bien… sin más damos paso a Cultura Infecta, una sección fija de Confesiones por la que nadie daba un duro, ya que siempre funciona a golpe de improvisación. Ha habido cambio de lecturas y ahora estoy con El advenimiento de la República, de Josep Pla, tan entretenido como interesante. Lean esto escrito en 1933 sobre los hechos de mediados de abril de 1931: “En estos momentos, la preocupación general en Madrid son los asuntos de Cataluña”. No había Covid-19, claro…

Y llegamos a Desinfección y Chuletas, ya clásico entre los clásicos en el periodismo patrio de divulgación, sea eso lo que sea. Como consecuencia de la petición de las autoridades sanitarias y políticas, me lavo continuamente las manos, lo que tiene dos consecuencias antagónicas: la desaparición de la epidermis y la aparición, entre restos de cal y jirones de piel, de distintos trazos pintarrajeados que conforman una palabra clave en el ámbito de la enseñanza española: chuletas. Ayer fueron Cambó, Macià y Companys, tres personajes clave del nacionalismo catalán del siglo XX que vienen a cuestionar no la unidad de España –que en algún caso también— sino un notable en Historia Contemporánea de España: el mío. Por cierto, una pregunta… ¿si los veinte apellidos más comunes en Cataluña no son de origen catalán, porque siempre mandan los que tienen apellidos catalanes? Respuesta (parodiando un famoso chiste con ‘tangente’): ¡Qué oligarquía ni oligarquía… si aquí gobernó (hasta) uno que se llamaba Montilla!

Leo que hay 645 denuncias con el tema de la salida de los niños solo en Barcelona. Dejen sitio, que al final me hago ‘probo ciudadano’…

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