Perfil de Twitter de Miguel Lacambra.
Perfil de Twitter de Miguel Lacambra.

Desgraciadamente me pierdo la emisión sorpresa de Una hora con Pedro. No son horas. Acostumbrados como estábamos al sábado noche o al domingo a la hora de comer, la media tarde no parece el momento más indicado, cuando todo el mundo está digiriendo la primera película sueca (o alemana) del rulo ese que ponen (por cierto, ayer no fue el caso: imposible no echar un par de risas con Ben Stiller, Al Pacino y Robert de Niro). Imagino que a las seis y pico también haces un buen share y tal, pero no es lo mismo. Fue un especial Una hora con Pedro mucho más corto de lo habitual, solo para dar a conocer una serie de medidas encaminadas a endurecer el confinamiento durante las dos próximas semanas, bueno, más bien medidas encaminadas a mandar a gente del trabajo al desempleo pasando por el confinamiento.

Lo peor es que por ahora Pedro sigue sin explotar todas las posibilidades del programa. Nadie le pide –y menos desde estas líneas, por supuesto— que haga autocrítica, que nos diga, no sé, qué ha pasado con el medio millón de test de coronavirus que le han colado y que resultó que eran de la Señorita Pepis, pero al menos el programa debería dar respuesta a las demandas de los ciudadanos desde su experiencia y simpar sabiduría como gobernante. Cuestiones como “brasileña o completa”, “Conil o Caños”, “la lavadora, tu inesperada aliada sexual” o “¿qué prefieres, una reunión de la comunidad de vecinos o ir directamente al infierno?” siguen sin ser objeto de debate y respuesta en dicho espacio…

Pese a la intervención de Pedro, el sábado 28 discurre monótono, solo aliviado en parte por lo que me llega de la cacería que hay en redes sociales y digitales para descubrir quién es realmente Miguel Lacambra. Hay dos posibilidades para explicar esta persecución y las dos acaban curiosamente en ‘miento’, como si fuera alguien del Gobierno hablando de la crisis que vivimos: aburrimiento o encabronamiento. Pueden elegir. Además es gratis. El tal Miguel Lacambra es alguien hasta la fecha desconocido en Twitter que de repente se ha convertido en una superestrella digital, tras difundir unos tuits y un artículo en La Marea, supuestamente apoyados en bases científicas, en los que viene a exculpar a las manifestaciones del 8-M en lo que al crecimiento exponencial de la pandemia se refiere.

El País ha localizado a un joven ingeniero asturiano como el auténtico Lacambra, aunque días antes se autoinculpó –también de coña… bueno, simplemente de coña— Miquel Giménez en su columna en ‘Voz Populi’. En realidad todo indica que detrás de todo este tinglado está el periodista Antonio Maestre (sí, el que sale en La Sexta), en un intento de echar una mano al Gobierno. En el momento de cerrar este artículo hay medios que dicen directamente que es él, otros que es el inductor y otros (El País) siguen que si Carmiña, que si la sidra, que si la Santiña, que si el Sporting, que si el muchacho dijo al principio que era periodista pero fue por decir... Todo, todo muy fake, como pueden ver…

Poco o nada les he comentado de mi vida, de mi vida en chándal, que hoy por hoy viene a resumirse en mi vida. Ya sé que hay gente –imagino que parejas, para gente que vive sola ya me parecería excesivo ponerse una corbata o unos tacones— que alguna noche decide arreglarse y todo para cenar, más que nada por hacer algo distinto, pero no es mi caso, aquí sigo embutido en un chándal réplica vintage de cuando el Atlético jugaba en el Parque del Retiro o así. Y no es que ande bajo de ánimos, eh, ya saben los más veteranos en esta sección que mi vida gira alrededor de las dos y a las ocho de la tarde, horas en las que dejo lo que esté haciendo –es decir, suelto el mocho, el ordenador, el libro o el mando a distancia— y me pongo un vino o una cerveza con tapa, según me dé, haga calor o frío, disponibilidad de existencias, etc. Un premio, una chuchería como las que se dan a los perros, una de esas pequeñas cosas que tanto nos interesan y valoramos en ‘Confesiones’.

Y llegamos ya a la sección Desinfección y chuletas. Como súbdito ciego del Estado obedezco y me lavo continuamente las manos. Ayer, a eso del sexto lavado, aparecieron un montón de nombres italianos: Fra Angelico, Della Francesca, Giotto, Masaccio... Ay, Italia, qué mal todo también (de mi notable en Historia del Arte ya poco queda por defender). Por cierto, hoy al final hay mucho original, así que la narración de los muslos de Ayllón deberán esperar a otro día (dejen de salivar, no sean guarros y guarras).

Pues nada, a 800 y pico muertos diarios de velocidad de crucero... Alguien tendrá que responder, claro, alguien tendrá que responder.

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