Escabeche de aceitunas, tagarninas y langostinos de Sanlúcar acompañado con Manzanilla. FOTO: CONSEJO REGULADOR
Escabeche de aceitunas, tagarninas y langostinos de Sanlúcar acompañado con Manzanilla. FOTO: CONSEJO REGULADOR

Les recuerdo que, como consecuencia de una crisis personal sin precedentes, en las Confesiones de ayer dejé entrever que la grúa que hay enfrente de mi casa, junto a la Catedral, estaba enviándome mensajes (qué coño, dejémonos de medias verdades, no solo lo dije abiertamente sino que incluso amenacé a cualquier psicólogo dispuesto a ayudarme si no sabía tirar cañas). La grúa señalaba claramente hacia Sanlúcar… ¿qué me querría decir? ¿Langostinos y manzanilla para celebrar cuando llegue el día?, me pregunté, tal vez un tanto simplón, disculpen los sanluqueños (disculpen que no hubiera hecho mención a las acedías, las tortillitas de camarones, los guisos marineros, etc, quiero decir exactamente).

Tras verbalizarlo con ustedes –que se dice ahora- no pensé más en el asunto e incluso durante casi toda la jornada di por superado este episodio paranoide causado, supuse, por casi cuatro semanas de confinamiento, cuando hete aquí que recibo, así, chas, por sorpresa, un surtido de vino que me envía mi amiga C., que trabaja en una bodega de… de Sanlúcar. A ver ahora. A ver ahora quién me dice a mí que la grúa, esa grúa verde e imponente ya de por sí, que ha sido el báculo sobre el que estoy resistiendo en buena medida este encierro, no me envió una señal clara y potente. Yo por mi parte, con el vino recibido, me siento ante lo que queda de reclusión tan fuerte como esos sábalos que hace años remontaban desde Sanlúcar el río Guadalquivir para desovar…

Ayer, jueves 9 de abril, apenas vi media hora de televisión, no tanto porque volviera a la senda de la (casi) promesa que les hice hace unos pocos artículos, sino si me apuran más bien al contrario: la provisión de vino de C. fue recibida con plena algazara y alboroto, se celebró (otra vez casi) como en una de esas fiestas de países del Este, tipo Serbia, en las que siempre un familiar acaba disparando (o al menos esa es la intención) al aire…

No obstante, ya digo, encontré tiempo para ver media hora de telediario durante la comida. Lo que les voy a comentar esta vez no fue culpa solo de TVE1 (aunque sí de su realce), es culpa del disparate de país en que nos hemos convertido, algo me da que de difícil solución. Nos cuenta la presentadora que ha comenzado el trasvase (no sé si la palabra es la más correcta) de enfermos de una comunidad autónoma a otra y nos dice que un enfermo de Soria ha sido recibido por La Rioja. A ver… uno. Un enfermo. Por carretera de Soria a Logroño hay 100 kilómetros. No sabemos si este enfermo fue recibido por las autoridades, así en plan Berlanga, cortó una cinta, se abrió ex profeso para él la calle Laurel -la de los vinos- o qué. Ah, no, esperen un momento, que al parecer en los próximos días está previsto el traslado de otro, de otro enfermo, con lo cual serían dos, dos los enfermos (disculpen que cuente como en Barrio Sésamo, pero es lo que el tema merece). Vamos, que lo mismo el lunes nos dicen que La Rioja doblará próximamente el número de enfermos que acoge de Soria… o ya puestos a desbarrar, de toda Castilla y León…

No merece la pena seguir. En anteriores Confesiones este cronista ya ha expuesto que para él el problema no es solo la evidente mala gestión del Gobierno, sino que al Estado se les están viendo las costuras; y eso es un mal asunto…

Salvo volantazo de última hora –en la UE nunca se sabe- no va a haber coronobonos; Alemania y Países Bajos se niegan a mutualizar la deuda. Independientemente de que tengan motivos para la desconfianza (hay que recordar que antes de la pandemia, el Gobierno de España, muy ufano, insistía en que tenía margen de crecimiento… para su déficit) está claro que una vez más no hay problema europeo. Ya no sabemos qué tiene que pasar. Sálvese quién y cómo pueda. Bien… tal vez ha llegado el momento de que Portugal (país irmao), Italia y España empiecen a pensar en no mutualizar –no gratis- su sol y playas con estos dos países tan simpáticos y agradables…

Para terminar, un pequeño apunte de la actualidad jerezana: el obispo Mazuelos sigue free style con el tema del confinamiento. ¿Ya o hasta el Domingo de Resurrección? De nuevo vuelve la cita de George Orwell a Confesiones: “todos somos iguales, pero unos más iguales que otros”…

Jornada festiva al fin y al cabo, pasamos directamente a Desinfección y Chuletas, su sección favorita. Ayer, como consecuencia de las medidas adoptadas por las autoridades sanitarias para frenar la pandemia, me lavo continuamente las manos. En la palma de la mano derecha al sexto lavado surgen Tajo, Ebro, Duero, Guadiana y Guadalquivir, los cinco ríos más largos de España, y me pregunto qué año de Ciencias Sociales en la EGB se ve así de nuevo puesto en entredicho…

El confinamiento se alargará más allá de abril. Eso ya lo dábamos por hecho. ¿Saldremos en mayo? ¿Cómo? ¿Cuántos?

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