Un centro de salud, durante la pandemia. FOTO: MANU GARCÍA
Un centro de salud, durante la pandemia. FOTO: MANU GARCÍA

Ayer, miércoles 8 de abril, todo indicaba que iba a ser otro día dedicado a las pequeñas cosas, aunque acabó, quien lo iba a decir, dentro de la épica. Los días anteriores, con lo de andar ordenando armarios, no puedo decir que fueran tranquilos. Ordenar armarios significa tomar decisiones, decisiones que, ah, simples mortales, no siempre estamos preparados para adoptar… ni a realizar torsiones de cintura que nos recuerdan que cualquier tiempo pasado fue mejor. Así que, tras la tensión a la que se ha visto sometido mi confinamiento durante las dos jornadas anteriores, dedico toda la mañana de ayer a hacerme fuerte en la terraza, leer digitales, escribir este artículo (que me lleva hora y media por lo menos) y seguir las evoluciones de mi grúa: vamos, la dolce vita, eso sí, en chandal.

¿Recuerdan la grúa verde que hay a no más de cien metros de mi casa? Les he hablado varias veces de ella. Lógicamente paró cuando mandaron a todo el mundo a casa, pero estoy convencido de que la grúa, estos días al pairo pero siempre a la espalda del templo catedralicio –una expresión cofrade ad hoc para estos días- ha comenzado a enviarme, o eso creo, mensajes aprovechando el régimen de vientos. Ayer, claramente apuntaba hacia Sanlúcar… ¿qué me quería decir? Vale, en la medida de las posibilidades, cuando lleguen los fastos del Día de la Victoria –confiemos- habrá celebración y por qué no unos langostinos y manzanilla… pero es que luego roló hacia el suroeste, apuntando a las playas y allí estaba yo viéndome ya, en un chiringuito de Conil… No sé. Cómo te va minando esto del confinamiento: Aquí estoy, tan pichi, diciéndoles, queridas lectoras y lectores, que una grúa me envía mensajes… ¿una regadera?, ¿de atar?, ¿demasiado tiempo libre o el vino de supermercado que tomo a diario tiene un punto lisérgico? Empiezo a pensar que necesito la ayuda de profesionales… ¡Quietos ahí psicólogos, ni se muevan… a no ser que sepan tirar cañas!

Creo que la próxima vez que A. (mi pareja) busque voluntarios para limpiar y ordenar el sótano o una faena similar, me enrolaré, aunque solo sea por comenzar a soltar ataduras con la grúa. Ayer la leva no fue obligatoria, veremos a ver qué ocurre los próximos días. Valiente… qué digo, épicamente, A. decidió ayer partir hacia el sótano sin más EPI (siglas de Equipo de Protección Integral, una de las grandes denuncias de los sanitarios a las Administraciones durante esta crisis… por su falta, claro) que unos guantes de latex, mascarilla, cepillo, recogedor, agua, pastillas potabilizadoras, dos móviles, camping gas y una buena provisión de conservas mientras yo, al pie de las escaleras que llevan a esa gruta inmunda, restañaba una lágrima en mi ojo derecho haciendo adiós con la otra mano mediante un leve giro, así tipo Isabel II. Pero al cabo de dos horas –debidamente amenizadas con sonidos como splang, splung, chúpate esa, vaya tela o vale, de puta madre- consiguió volver, justo cuando ya iba a saltarme el confinamiento y pedir ayuda a los vecinos para montar una operación de rescate…

Bien, una grúa que me manda mensajes, Indiana A. que vuelve de una expedición de limpieza al sótano (me parece muy pronto para usar el término sana y salva, habrá que seguir la evolución, una especie de cuarentena dentro de la cuarentena)... Al final fue una jornada completa que, como es habitual, se despidió con la degustación de unos cuantos vinos después del aplauso de las ocho que ayer, por cierto, me cogió en la ducha…

…Pero vamos ya con las secciones habituales. En Cultura Infecta vamos a destacar la iniciativa de una serie de artistas que bajo el nombre Covid Artmuseum pretende reunir todo tipo de piezas (fotografía, pintura, escultura, etc) relacionadas con el confinamiento y la pandemia con la idea de hacer más adelante catálogos y exposiciones. Lo que he visto tiene buena pinta (no sé si admiten performances de balcón, por cierto…).

En Desinfección y Chuletas hoy tampoco hay mucho original. Como consecuencia de las medidas aprobadas por las autoridades sanitarias para combatir la pandemia me lavo continuamente las manos. Ayer, en el sexto lavado y en consonancia con las fechas en las que estamos, se ve nítidamente en mi palma derecha –ya saben que soy zurdo, aunque en mis primeros años de escolarización hubo varios intentos para que no lo fuera: de ahí viene todo- algo de eso que se llamaba Historia Sagrada: “Pedro, sobre ti edificaré mi Iglesia”, lo que me crea cierta desazón: desde tan jovencito copiando (ya puestos, debió ser culpa también de la caligrafía con la mano derecha).

Pues nada, 15.000 muertos oficiales por coronavirus mientras crecen las dudas sobre el número real…

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