Ilustración de 'Pálido fuego', de Nabovok, en edición de Anagrama.
Ilustración de 'Pálido fuego', de Nabovok, en edición de Anagrama.

El domingo 5 de abril, Domingo de Ramos, qué cosas, no salí. Ya saben los que me conocen que no soy una persona creyente, al menos no por ahora, pero siempre me gusta salir a dar una vuelta y ver qué hay en la calle. De hecho, al fin y al cabo, católico y educado en sus tradiciones (en algunas), todos los Domingos de Ramos estreno. Ayer fueron unos simples calzoncillos, de esos de ‘pack’ de tres, que tenía por ahí medio despistado… Pues nada, unos gayumbos. Algo es algo. Es una manera de vivir la Semana Santa. Tengo vecinos que, pese a todo, han puesto su repostero y todo, e incluso otros que entraron ayer a saco con las procesiones, que se oían en todo el patio –y no es una crítica, eh, es una gente muy maja- pero reparo en que está sonando el Novio de la Muerte, por lo que no están con una retransmisión canónica de un Domingo de Ramos en Jerez... Me imagino que deben tener un ‘The Very Best’ o un ‘Greatests Hits’ de la Semana Santa andaluza y de repente ha salido la Legión en Málaga y han decidido ‘hacerse un Banderas’…

Ayer cayeron casi dos botellas de vino en mi casa (es verdad que casi no hubo cervezas y copas en absoluto). ¿Mucho, poco, lo normal para dos personas? Todo empieza a ser relativo. Aperitivo-comida y aperitivo-cena, salvo por la falta de queso, se vivió en este hogar del centro de Jerez como si fuera un hogar francés. Apenas nada que ver en la tele, fue una jornada de charla con la familia e intercambio compulsivo de ‘memes’, de distintos artículos aparecidos en los digitales y de varios combates míticos de boxeo, afición que comparto con mi amigo F., probablemente más en el plano mítico que en el real.

Pues ya ven qué Confesiones son estas. En realidad esto va para mi amiga M., no sé si la recuerdan, la periodista de Vitoria afincada en Madrid, que se refirió hace días a la sección como ‘mi diario’ y tuve que reconvenirla. Esto no es un diario. Puede serlo o no, según me convenga. No elegí Confesiones al azar o porque sonara mejor. Lo que está claro es que bajo Confesiones les cuento lo que a mí me parece, eso sí, todo lo que les cuento que me pasa es verdad, todo lo que analizo sobre la situación es exactamente lo que pienso pero… pero no les cuento todo. Les cuento lo que me parece y no engaño a nadie. A ver, que no es que haya descubierto un bar secreto y no quiera compartirlo con ustedes, no, simplemente vi desde el principio que con Confesiones iba a estar más cómodo. Les pongo un ejemplo: todas las tardes a eso de las ocho, ocho y cuarto, pongo una sesión de música. Qué va, qué va… no lo hago para animar al vecindario, primero porque no, y segundo porque en esa fachada damos solo seis vecinos y enfrente tengo exactamente un muro. O sea, no. Y ustedes van y se enteran ahora, el día 23 de confinamiento, pero lo digo de nuevo: si hubiera sido un diario si sería un asunto punible, pero al ser una ‘confesión’…

Sigamos con el asunto ya dentro de la sección Cultura Infecta. Recordarán que hablamos en un jornada anterior de otras Confesiones que en el mundo han sido, sobre todo de Confesión de un Asesino, de Joseph Roth, pero también están las Confesiones de un lector, de Juan Carlos Onetti -por cierto, otra persona que vivió confinada, más bien tumbada en su cama, los últimos días de su vida- o Las nuevas confesiones, de William Boyd (creía recordar que el libro de Heinrich Boll también era Confesiones, pero no, es Opiniones, Opiniones de un payaso), aunque el libro que de alguna manera diría yo que alumbra el enfoque de esta sección es Pálido Fuego, de Vladimir Nabokov. En consecuencia, cuidado con lo que les dicen, quién se lo dice y sus objetivos últimos, no se fíen de nadie, queridas lectoras y lectores, esto, insisto, no es un diario…

Pues así llegamos ya a su sección favorita, la aclamada Desinfección y Chuletas. Ya, ya sé que algunos de ustedes –sobre todo entre los hétero masculinos y las lesbis- esperaban más ayer de los muslos de Ayllón (¿o era Ayuso?... desde ahora M.A.), esperaban algo más tórrido, una lectura casi a una mano (que con móvil bueno, pero con ordenador, pues ya me dirán, miren que los hay brutos…). Incluso un lector me ha mostrado su decepción porque dichos muslos entraban en el orden dórico… Bien les contaré otra anécdota sobre el asunto. El caso es que M.A. conseguía ver las chuletas que se escribía en sus muslos también perfectamente en el crudo invierno sin morirse de frío, se subía la falda y era capaz de leer a través de la trama de sus medias, medias muy finas (pantys, claro) siempre de color piel cuando había exámenes. ¿Os pone más? ¿Difícil de creer? Bueno, piensen las nuevas generaciones que la lycra no siempre estuvo ahí… Ah, se me olvidaba, lógicamente tras lavarme las manos continuamente, en el sexto lavado me aparece, como no podía ser de otra manera, “órdenes griegos arquitectónicos: dórico, jónico y corintio”. Si tuve que apuntar hasta eso, qué vale ese notable en Historia del Arte…

Ayer lo leí en Voz Populi. Ante la crisis del coronavirus, un joven columnista de ese digital se preguntaba por el papel que estaba haciendo la nueva generación de periodistas -la suya- ante el que sin duda será el tema de sus vidas. Yo también me lo pregunto…

CODA: ¿Y al final… este tío qué música pone? De todo. Un día fue la Santísima Trinidad del Rock (David Bowie, Lou Reed e Iggy Pop); van dos de Movida Madrileña (que, en realidad, ni me va ni me viene); Soul; Rock siniestro (Joy Division, The Cure, Siouxsie & The Banshees, etc); Grupos de Hermanos (desde Pimpinela a Oasis o Jesus & Mary Chain, pasando por Kinks o Beach Boys); ‘Grupos que contrataría si yo organizara un festival de dos días’ (The Kills, Django Django, Black Rebel Motorcycle Club, Brian Jonestowm Massacre, etc) o temas genéricos con un punto lisérgico a petición de A. (para fastidiar) como ‘Música para Bajitos’ o simplemente ‘Hierbas’…

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