Pablo Iglesias, en una comparecencia de esta semana.
Pablo Iglesias, en una comparecencia de esta semana.

Imposible dedicar Confesiones a su idea inicial, que era básicamente contar la vida –y llegado el caso, milagros— de un confinado: este cronista. Tal vez las Confesiones de mañana sean más canónicas, eso espero, porque cualquier día, en los comentarios, en vez de pelearse alegremente el personal (como debe ser), me encontraré a algún exigente lector recordando el compromiso aquí adquirido… pero por ahora la actualidad manda y hacer las Confesiones a las que uno aspira es imposible, materialmente imposible… [Aviso al agente-lector de la Comandancia de la Guardia Civil: en el artículo hay algo de bulo –bueno, un bulo anunciado deja de serlo, ¿no?— y puede que haya también algo de menoscabo del Estado].

Tenemos al frente del Gobierno, con la señora Calvo caída —no sé si en desgracia, pero caída de todas todas— a dos grandes de la comunicación, Pedro y Pablo, que han venido para quedarse y hacer raya como otras grandes parejas que en el mundo han sido. Si el programa Una hora con Pedro concita la atención de la familia reunida los fines de semana (jugando además con el factor sorpresa de qué día será, si sábado o domingo) y se consolida como un magazine valiente que trata los temas de actualidad de ‘tú a tú’, sin apenas filtros y demás ambages, a partir de ahora va a encontrar su debida réplica en ¿De veras quieres conocer a Pablo?, un show absolutamente original con una clarísima vocación multimedia. Como tiempo habrá para seguir y analizar cómo responde Pedro a este golpe de autoridad de Pablo (ya digo, estamos ante dos colosos… ¿Messi y Cristiano? ¿Del Olmo y Gabilondo? ¡Qué va, Mohamed Alí vs Foreman!), que lo hará, sin duda, más pronto que tarde, lo mismo este fin de semana, vamos a dejar todo el protagonismo de estas ‘Confesiones’ a Pablo.

¿De veras quieres conocer a Pablo? es un concepto novedoso, partiendo incluso del nombre. Ese punto de incertidumbre que lleva implícito ha sido deliberadamente buscado, ya que además de la tensión que crea, desde un principio se piensa en la potencialidad del público anglosajón, que caerá sin duda rendido cuando se empiece a pasar Do you really… Pablo —más Netflix que televisión ordinaria, más Twitter que prensa— se está centrando por ahora en un público joven, muy joven incluso, una evidente estrategia a medio y largo plazo…

… Pero llegados a este punto —la relación de Pablo con la juventud e infancia— cabe hacer un pequeño inciso precisamente para reforzar dicha idea. Permítanme que les cuente una pequeña historia familiar: Un día, sentados a la mesa y con unas elecciones próximas, la señora Elvira, a la sazón mi madre, votante habitual de izquierda aunque me consta que una vez votó a Suárez, preguntó, un poco de sopetón, con unos cuantos de sus hijos alrededor:

—¿Alguno votáis al partido de los chicos?

—¿Cuál es el Partido de los Chicos, mamá?- respuesta de no sé qué hijo o hija sin levantar la cabeza del plato y no sin cierto retintín.

—Joder, ¡pues cual va a ser: Podemos! (el joder creo que es optativo).

Bien, fin de la cita, como diría el propio Pablo, así que, queridas lectoras y lectores, se quedan sin saber si alguno, todos o ninguno de los vástagos de Elvira, o incluso ella misma, vota a Podemos.

Bien… Retornamos a donde lo habíamos dejado hablando de De veras… Decíamos que la delimitación del ‘target’ quedó claro cuando el otro día Pablo se refirió a la “suerte” que tenía de tener jardín en su casa por aquello de estar confinado y con niños. Se trata de la casa que se compró con su pareja para desarrollar, según dijo en su día, un proyecto familiar en Galapagar, un pueblo que conoce bien este cronista –aunque es verdad que hace mucho que no va— y que tampoco es para tanto, vamos, que nunca va a salir una de esas marquesonas tan austrohúngaras como recauchutadas que saca el Hola enseñando casoplón… no en Galapagar. Algo apañaíto… pues sí, pero ya. Ya saben que a primeros de junio, difícilmente antes (en la sierra de Madrid refresca), Pablo mostrará nuevamente su “suerte” de tener piscina, si es que sigue esto del confinamiento (y sin que siga, la piscina seguirá ahí), pero bueno, que tampoco es olímpica, no se vayan a creer.

En realidad donde ¿De veras quieres conocer a Pablo? lo ha petado ha sido en el ‘speech’ de su protagonista a la infancia, animando a todos los niños —y por supuesto niñas— a que regañen a sus políticos, dando además una clase magistral de lo que es la política actual, al dejar claro que con unos cuantos ‘tuis de esos’ se arregla en una tarde el desaguisado de la mañana (tal y como, por cierto, adelantó que ocurrió ‘Confesiones’), cuando el Gobierno –ala PSOE— anunció ‘a la remanguillé’ la operación salida para la chavalería. Pablo, sin duda, crea masa crítica en la infancia y, de paso, ha consigue un éxito colateral que no ha sido debidamente calibrado por ahora: que los niños desplacen a los mayores en el uso y disfrute de los patinetes (que los cuarentones ya se estaban poniendo muy ‘pesaítos’) en las calles y plazas de España. Enfático, convincente en su comparecencia pública, siempre muy suelto, a Pablo solo le faltó, tal vez, teatralizar un poco más su actuación, digo, su aparición. Tal vez un niño así como por sorpresa gritando “Eh, mayor”, igual que en la mítica canción de la gran Betty Missiego en el festival de Eurovisión… pero cuidado, sin tanta tirantez en la cola de caballo –él-, no es necesario recargar tanto, que además se achina la cara…

Y bien, tras este análisis prolijo del gran futuro que espera a un espacio como ¿De veras quieres conocer a Pablo?, llegamos a las secciones que el tiempo y el éxito han ido convirtiendo fijas en Confesiones. Hoy, en Cultura Infecta, de nuevo no hemos preparado nada, así que lean cualquier libro que recomendara ayer Carlos del Amor en TVE por el Día Internacional del Libro. ¿Ah, que no recomendó ninguno? Pues cójanse alguno del propio Del Amor, a uno de mis hermanos le gusta, aunque no sé si en este caso sería no ya una ‘fuente oficial’ de las que tanto venimos hablando en este espacio, sino incluso una fuente verosímil. Si les gusta, bien, si no les gusta el libro arrójenlo fuertemente por el balcón a las ocho, lo mismo salen por TVE…

Desinfección y Chuletas, un auténtico baúl en el que saberes arcanos se desempolvan y ponen al día, una sección que nace de la obligación de lavarse las manos continuamente (aunque ya no sabe uno si para luchar contra el coronavirus o para hacer caso a las autoridades sanitarias), trae hoy a mi mano derecha, en unos garrapatos perfectamente legibles, las palabras Estrella, Gredos, Guadarrama y Ayllón, las principales sierras del Sistema Central. Esta aparición, probablemente motivada porque Galapagar se encuentra en las estribaciones de la sierra de Guadarrama, viene a cuestionar un muy probable sobresaliente en Geografía en EGB, que ahí este cronista era un hacha...

Nos vamos. Y lo hacemos con una noticia leída en El Mundo: “Los administradores de fincas cargan contra Pablo Iglesias: los niños no pueden salir a las zonas comunes de las urbanizaciones”, ya que en su día las clausuró Sanidad. Está claro que estos administradores de fincas, gente un tanto aburrida, no ve o lee ¿De veras quieres conocer a Pablo? De aquí al domingo eso está más que… venga, faltaría, qué ganas de andar discutiendo...

Cuídense…

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