Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, durante su última intervención.
Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, durante su última intervención.

Ayer pudieron todos ustedes disfrutar de una nueva edición de Una hora con Pedro, un clásico ya de la pandemia televisiva… mejor dicho, de la pandemia en televisión. Y digo todos ustedes porque yo estaba en el gimnasio y, hombre de rutinas que soy, luego me duché y, a continuación, me preparé un vino con un aperitivo como recompensa por el esfuerzo. Prioridades, lo llaman. Es decir, que no lo vi. Eso sí, consulté ‘fuentes oficiales’ (que diría el humorista Tezanos) para tener una idea de cómo transcurrió el programa y así poder transmitirles una opinión debidamente fundamentada. La fórmula, ya saben, está muy asentada tras varias emisiones: primero sale Pedro, larga un speech similar a un monólogo de esos que tantas risas hacen a los guais y, a continuación, responde a una serie de preguntas más amañadas que un combate de lucha libre mexicana.

No crean que se me ha pasado por alto la gran novedad del programa de ayer, el hecho de que fuera especialmente destinado al público infantil (bueno, en realidad el programa es siempre bastante infantil, pero ayer lo fue de manera explícita) con el anuncio de que la chavalería pronto podrá salir, empezar a pelear cada centímetro de la calle a hormigas, palomas, zorros, corzos, jabalíes, delfines… o seguir en casa tan ‘pichi’ jugando a la ‘play’ hasta septiembre, que para eso la ministra Celaá es tan enrollaá

Pero volvamos al programa. Tras conseguir ver algunas imágenes pienso que se echa en falta cierto dinamismo para captar de inicio la atención de dicho púbico infantil, cuestiones que, como todas en esta crisis, en absoluto son achacables a Pedro sino a los que tiene detrás, que a veces es que no se enteran. Por ejemplo, Pedro, nada más salir, podría haber lanzado el mítico “¿cómo están ustedes?”, esperando el inevitable “bieeeen” de los niños, ya que cualquier respuesta positiva de padres y madres hubiera sido mera retórica, educación o hipocresía, a elegir. Tampoco hubiera estado de más un Tigres, tigres, leones, leones, especialmente destinado a homenajear a todos los sanitarios, medida que hubiera sido inteligente para intentar aplacar los ánimos de unos médicos y enfermeras que tienen un cabreo de chupa domine con el Gobierno por el material que les envía (consulten en Jerez, consulten). Un amigo un tanto malvado, cuando le informé ayer de mi intención, en vez de la versión canónica de Torrebruno, me recordó que los Txuminos Imberbes, epítome del punk cuchufleta en Jerez (escrito por su cantante, Pito o El Pito, a elegir), tienen una estupenda versión de este temazo y además apta para todos los públicos.

La verdad es que el sábado 18 de abril vino cargado de noticias importantes. Allá va otra: el campeón del mundo de dardos ha sido desposeído del título. Como lo oyen. Se estaba celebrando el campeonato en plan casero –a ver, en casa de cada uno de los contendientes debido al confinamiento— y por lo visto la Federación Mundial de Dardos –o el Consejo Mundial de Dardos o la Asociación Mundial de Dardos, no me fijé en ese aspecto de la noticia— ha decidido que la calidad de la señal que enviaba el campeón con sus lanzamientos no cumplía el mínimo homologable y le han descalificado. Vamos que no se veía bien. O sea… toda una vida en los pubs, tirando dardos rodeado de pintas de lager –el jugador de dardos siempre tiene que beber lager… no lo digo yo, lo dice Keith Talent, protagonista de la novela Campos de Londres, de Martin Amis— y ahora resulta que cualquier interferencia echar por tierra una carrera deportiva ejemplar…

Pues aviso para navegantes, si quieren ser ustedes campeones del mundo de dardos no chupen wi-fi de los vecinos, y al revés, si no están dispuestos a hacer ese desembolso (con las operadoras que hay en España resulta algo más que comprensible), está claro que deberán dejar los dardos y optar por otra disciplina deportiva-casera, al menos por ahora. Comenté este asunto con mi amigo F., simpatizante pasivo del Betis, y se mostró seguro de que dardos es todo el deporte que vamos a ver los próximos meses… a no ser que alguno de ustedes considere deporte el fútbol virtual, que ya veo en el Marca que lo petan, que cuando vuelva el fútbol de verdad lo mismo ya ni interesa…

Incluso hay una tercera noticia de portada: Rajoy es un tipo incívico que hace deporte –algo parecido a la marcha— alrededor de su casa. No hacía falta todo ese rato dedicado al tema en La Sexta: ya sabíamos que es un insolidario, un chulo y un… un… un fascista. Ya está. Dicho.

Bien… y así llegamos a Cultura Infecta, sección a la que les traigo una cita de Joseph Steinbeck –ya les comenté en las anteriores Confesiones que me había puesto con un libro suyo llamado Viajes con Charley— para que le den un rato al magín en estos tiempos de confinamiento: “un alma triste puede matarte más deprisa que un germen”. ¿Cierto, verdad? En realidad tampoco estoy muy seguro, yo lo que creo que es el ‘alma triste’ matarte, te mata siempre…

Desinfección y Chuletas viene de nuevo a sus pantallas (les advertimos del rumor de que este espacio dentro de nada será ‘bajo registro’), aunque esta vez con una ligera variación. Como consecuencia de las advertencias de las autoridades sanitarias me lavo continuamente las manos, en realidad no hago otra cosa, así que con frecuencia aparecen palabras y números en la palma de mi mano diestra (soy zurdo). La chuleta de ayer: lager, pale ale, abadía, stout, porter… sí, querida bebedora, digo lectora, y querido lector, son distintos tipos de cerveza. Esta chuleta, a dios gracias, no forma parte de mi vida académica (la variación que les anunciábamos), pero sí de una visita que hice años a la fábrica de Alhambra en Córdoba. Qué de inseguridades, qué vida llena de inseguridades…

Y nos vamos ya. Leído en El Mundo: Un abogado ‘animalista’ (que además fue el que llevó la denuncia por la muerte de Excalibur, el perro de la enfermera afectada de ébola, como recordarán) denuncia por la vía penal a Pedro Sánchez por los muertos del coronavirus

Sin palabras. Cuídense…

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