Uno de los manifestantes en una movilización con la bandera andaluza.   MANU GARCÍA.
Uno de los manifestantes en una movilización con la bandera andaluza. MANU GARCÍA.

Inicio con este artículo una nueva experiencia de opinión publicada, gracias a la generosidad de este diario de cobertura andaluza y de origen jerezano. Esta nueva experiencia se refiere a que con este mismo nombre he mantenido un blog en otro diario ya desaparecido, engullido por el marasmo comunicativo actual y por la pésima gestión de su propietario. Me refiero a SevillaDirecto, que dejó de publicar el pasado mes de octubre de 2018. Desde aquí un recuerdo solidario y agradecido a su redactor jefe, Juanma Moreno y sus colegas que están inmersos en una situación de desempleo como consecuencia de aquel cierre.

La oportunidad que me da lavozdelsur.es de retomar esa senda de publicación semanal espero aprovecharla para seguir vertiendo opiniones personales, en ocasiones, y colectivas en otros momentos. Mi condición de miembro de Iniciativa del Pueblo Andaluz me permite tener una visión desde el andalucismo del siglo XXI; de cual es la realidad política y diaria de nuestro territorio, Andalucía y su gente, igualmente me permite ponerla en el papel que debe cumplir en el conjunto del estado español y su inclusión en una Europa federal y más cercana a las necesidades de las personas.

También abordaré cuestiones, que sin ser directamente partidarias o ideológicas, son determinantes en la vida de las personas; asuntos como la educación, la cultura, las migraciones, la ecología política, el feminismo, la violencia machista, la sanidad y otros más que conforman el día a día de nuestras vidas serán el eje de mi columna semanal. Espero y deseo aportar una visión diferenciada de todas estas cuestiones.

Entrando en materia, dirigiré mi columna de hoy a comentar los primeros momentos del “nuevo” gobierno andaluz; nuevo cronológicamente, pero viejo en sus fundamentos. Al margen del sustento del gobierno, ampliamente comentado y que de alguna forma va a estar presente en cada momento y actuación que emprenda, las primeras actuaciones públicas han hecho uso de algo que durante mucho tiempo, en el caso del PP y, desde hace poco, en el caso de Ciudadanos, ha sido marginado mental y físicamente. Me estoy refiriendo a Andalucía como símbolo de nuestro ser social y político. Que conste que me parece bien haber comenzado en Antequera el curso del trabajo de este gobierno, es razonable, pero arrogarse la defensa de Andalucía es sencillamente postureo. Por lo menos es del mismo calibre que las posiciones ambiguas del PP sobre el reconocimiento de la nacionalidad que contiene la constitución. Lógicamente la posición antinacionalista del PP no le avala para agarrarse a la bandera andaluza como soporte del gobierno.

Caso parecido es el de Ciudadanos, partido de corte españolista, que tiene en Cataluña su bastión más rotundo frente al nacionalismo que no sea el centralista. No es de recibo que de una manera tan camaleónica este partido quiera utilizar el espacio andalucista que significa la ciudad de Antequera para limpiar su fachada centralista.

No puedo negar que es una operación interesada, ya que los ataques a la autonomía andaluza está en el ADN del tripartito gobernante. Curiosamente o no, el PP y Ciudadanos que tienen como lema de este vetusto gobierno, la necesidad de un cambio en la dirección de la Junta de Andalucía protagonizado casi exclusivamente por el PSOE, utilicen la misma fórmula que desde el año 1977 viene utilizando el partido saliente. Desde aquella fecha el PSOE enarboló de manera utilitaria y no asumida la bandera andaluza como símbolo de que ellos y ellas eran los que mejor representaban a Andalucía. Se enfundaron en la bandera hasta extremos que, en ocasiones, como en la última campaña autonómica se eliminó el logo del PSOE para dar imagen solo a los colores verde y blanco. Al fin y al cabo y, en lo que a los símbolos respecta, no ha cambiado nada y se vuelve a manipular a Andalucía de la misma manera.

Todo ello no augura nada nuevo ni bueno, porque junto a ese primer acuerdo injusto y contrario a las necesidades de las andaluzas y los andaluces sobre el impuesto de sucesiones, lo que está por llegar será peor y aquí estaremos para comprobarlo y denunciarlo en su caso. Quede claro que este estado de cosas no es exclusivamente mérito de PP, Ciudadanos y VOX, todos ellos miembros de un mismo espacio político, la derecha más viejuna y españolista, sino también y en un porcentaje bastante alto de la ceguera del PSOE y del sectarismo de Podemos e Izquierda Unida, en connivencia con el andalucismo más estrecho de miras de estos momentos; de aquellos polvos estos lodos. Por eso, ahora más que nunca, es necesario un Compromiso con Andalucía.

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