Comparaciones, la tijera para cortar verdades a medida

¿Por qué a nadie se le ocurre comparar los actos nacionalistas llenos de banderas y reverencias a dios de los Estados Unidos de América con el concierto del Palau?

El Palau de la Música, con esteladas independentistas.
El Palau de la Música, con esteladas independentistas.

Dos analogías me han escandalizado esta semana, que “han convertido el Mediterráneo en Mauthausen”, un campo de exterminio nazi en territorio austriaco junto al Danubio, y que el Palau de la Música catalana este 26 de diciembre fuera comparable con una exaltación nazi de Adolf Hitler.

Tenemos un gato y un perro y si quisiéramos compararlos podríamos cometer el error de decir que la única diferencia entre los dos es que uno maúlla y el otro ladra. Los dos tienen cuatro patas, los dos una cola y una cabeza, los dos una piel cubierta por pelo.

Los Papas Juan Pablo II y Francisco compararon el aborto, dicho así, con el Holocausto y se quedaron tan anchos. Pero el aborto no es el aborto sino el derecho al aborto que se puede ejercer, o no, con libertad bajo concretas condiciones, y no una obligación ni un mandato estatal. Su comparación con el Holocausto es burda, es emocional, es populista y resulta una falacia y no una analogía. Ellos, seguramente, querían expresar su emoción y advertencia contra algo que les parecía terrible y en su ímpetu emocional se les ocurrió usar algo que ha devenido cliché y supone su banalización: el Holocausto. Una actitud irresponsable porque el uso del Holocausto como cliché desactiva el verdadero horror que fue el Holocausto, y que no resiste el más rudimentario intento de analogía con el uso del derecho al aborto.

El Tribunal de Estrasburgo de Derechos Humanos, el año pasado, afirmó que comparar aborto y Holocausto no es libertad de expresión, y le daba a la Justicia alemana autorización para actuar contra quien hacía esa comparación, que asimilaba a los médicos con comandantes nazis.

También un profesor de la Universidad Complutense de Madrid llegó a comparar un matadero de cerdos con un campo de exterminio nazi y se defendía, en Twitter, diciendo que esa comparación “solo puede resultar ofensiva para quienes crean que la vida de los animales no humanos no tiene ningún valor”.

Todo se compara ya con el Holocausto, incluso la posible prohibición, por la Justicia alemana, de la circuncisión de la tradición judía fue comparada por varios rabinos como la peor señal desde el Holocausto, cuando precisamente el debate sobre la circuncisión trataba de proteger los derechos de los niños y el Holocausto fue exactamente lo contrario.

Y todo es nazismo o semejante. La sociedad de la urgencia desconoce ya las gradaciones, las modulaciones y la reflexión. Acusaba Ignasi Guardans en su Twitter que “hay escuelas que ya no enseñan a pensar”, y me pregunto con qué instrumentos de verdadero pensamiento ha realizado él su analogía entre un acto de exaltación nazi y el concierto de Sant Esteve en Barcelona el pasado jueves. A poco que se realice un diagrama de Venn con mínima honestidad intelectual no parece que esa analogía resulte sino una falacia.

El nazismo, según el historiador británico y profesor en la Indiana University, Mark Roseman, y a diferencia de lo que sorprendentemente parece afirmar el señor Guardans en su Twitter, el nazismo, que incluye indisolublemente el antisemitismo, estaba transversalmente asentado en la sociedad alemana. Del nazismo ni del racismo o del antisemitismo no se debe hacer responsable solo a los dirigentes del partido nazi. La explicación intuitiva falsa, mucho más que basada en el conocimiento, de que la reconstrucción moral y política de Alemania tras la guerra fue posible porque no fue nazi gran parte de la sociedad es menos aventurada que atrevida.

Con toda esta carencia de seriedad intelectual nos presentan, continuamente, analogías entre el horror nazi y las eventualidades políticas que nos acechan. Pretenden explicar que cualquier crimen horrible es un Holocausto; que cualquier nacionalismo es un nazismo en ciernes. Falso. Completamente falso. Lo relevante del nazismo no es el nacionalismo sino la tiranía, antijudía y racista, que lleva desde incluso antes de la guerra a crímenes de lesa humanidad y que van indicando el camino al Holocausto: un crimen sin parangón. Nazismo es igual a Holocausto, y no a nacionalismo. “Banalidad del mal”.

¿A nadie se le ocurre pensar que nazismo es la tiranía de un tirano cuando intenta analogías con el independentismo catalán? En el independentismo catalán identifico elementos muy problemáticos, como el proceso de las leyes de conexión del 6 y 7 de septiembre, pero ¿alguien ha identificado a algún tirano?

¿Por qué a nadie se le ocurre comparar los actos nacionalistas llenos de banderas y reverencias a dios de los Estados Unidos de América con el concierto del Palau? Por una cuestión moral, del mismo modo que se le asigna categoría de analogía con el nazismo por una atribución de inmoralidad al nacionalismo catalán desde determinadas posiciones ideológicas y morales. Hay algo de infantil, y de muy peligroso, en rechazar lo que no gusta a través de su identificación con el mal, lo que justificaría su muerte simbólica.

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