Sobre la coherencia masculina. Autor: pixabay.com
Sobre la coherencia masculina. Autor: pixabay.com

La coherencia en las personas es una cualidad positiva cuando quien la posee alberga pensamientos y sentimientos nobles para los demás, y terriblemente peligrosa y negativa, cuando su poseedor o poseedora solo persigue satisfacer su propio ego y bienestar personal.

Coherente es la persona que actúa en consecuencia con sus ideas o con lo que expresa. Coherencia es, cuando nos referimos a la igualdad entre mujer y hombre, la que nos falta a los hombres.

Los hombres que presumimos de ser seres cerebrales, que no nos dejarnos llevar por las emociones ni los sentimientos, no reconocemos que somos tremendamente incoherentes, porque una cosa es lo que pensamos y otra lo que decimos y  hacemos.

Pero no todos los hombres son así, porque si lo analizamos desde el plano de su ideología o pertenencia a una clase social, veremos que hay muchos que dicen y hacen lo que piensan. Son los machistas convencidos, los de ideología conservadora votantes de la ultraderecha. Esos que cuando hablan de igualdad no tienen pelos en la lengua, niegan la mayor y se quedan encantados de haberse conocido.

Sin embargo, los que no pensamos como ellos, los que nos comprometemos con todas las causas sociales, la libertad y la igualdad, a la hora de la verdad, somos incapaces de sintonizar nuestra sensibilidad con las injusticias y desigualdades que afectan a las personas que forman parte de nuestras vidas, las mujeres.

Cuando andamos en ese terreno olvidamos la libertad, la justicia y la igualdad, y nada más que nos preocupamos de la numantina defensa de nuestros intereses. Es la terrible incoherencia que padecemos. Porque la  mayoría de los hombres no queremos saber nada de las demandas y reivindicaciones de las mujeres, y o bien las negamos, o bien las consideramos un asunto muy menor.

Ni siquiera tenemos la valentía de reconocer que los derechos que la sociedad reconoce a las mujeres no se lograron gracias a nuestro concurso, y ni tan siquiera a nuestro apoyo, Las conquistas del feminismo son suyas y nada más. Los hombres si en algo hemos participado, ha sido a la hora de poner palos en las ruedas de un carro que, nos guste o no, es imparable. Esa ha sido nuestra aportación.

Pensamos que la igualdad ya existe, ese es uno de nuestros mantras, y que las demandas del movimiento feminista solo quieren arrebatarnos el poder. Que el lenguaje inclusivo y no sexista es una exageración porque el masculino genérico nos representa a todos. Decir que la Constitución solo tenía padres y ninguna madre, o eso de todos y todas, es una solemne tontería, y una pérdida de tiempo.

Que los hombres son violentos es exagerar y mentir, porque oculta la otra verdad, la que no se cuenta, la violencia de las mujeres hacía los hombres.

A los hombres no nos gustan los datos porque destrozan nuestra realidad, y vivimos nuestra vida como si nada pasase, ni desigualdades, ni abusos, ni explotación o asesinatos machistas, mientras a nuestro lado la realidad nos salpica una cara que aguantamos sin pestañear para que así no se nos caiga de vergüenza.

Elogiamos un modelo de masculinidad que es el responsable de las desigualdades y violencias, empoderamos al más chulo, al malo y al violento, para humillar, llamando nenaza, al que no se comporta según los cánones de nuestro patriarcado criminal.

Pero somos hombres que nos decimos de izquierda, defensores de una libertad que no concedemos, una igualdad que no toleramos, y una fraternidad que no practicamos. Así somos los hombres, y como sé que a muchos esta reflexión incomodará, y sin pretensiones de molestar, la escribo.

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