Cartel del 8 de marzo, Día de la Mujer.
Cartel del 8 de marzo, Día de la Mujer.

Feminazis, ¿existen? No. Primero, porque es una balanización de la palabra nazi. Nazi no es cualquier cosa. Nazi es lo que es. El partido de Hitler. Hasta ahora ninguna organización de feministas ha construido ningún campo de concentración para eliminar hombres. Así que la palabra no vale. Es una construcción populista de la extrema derecha.

¿Entonces, por qué ha triunfado la palabreja? ¿Por qué hay tantísima protesta contra la posible manifestación del 8 de marzo y nadie protesta ante el sinfín de manifestaciones de toda índole que se producen en España durante el estado de alarma? El machismo, por supuesto, esa es la causa. Y la otra, la mala comunicación de lo que es el feminismo por determinadas organizaciones de mujeres.

El feminismo no es patrimonio de nadie. Es un movimiento transversal que defiende que las mujeres y los hombres tengamos los mismos derechos. Nada más y nada menos. No es lo contrario del machismo, que es la supremacía del hombre sobre la mujer solo por el hecho de ser hombre. La supremacía de la mujer sobre el hombre por el mero hecho de ser mujer sería el hembrismo, pero no conozco ningún caso.

La mala comunicación de lo que es el feminismo y que provoca, entre otras cosas, que muchas mujeres asocien feminismo y machismo, cuando nada tienen que ver como conceptos, la tienen determinadas feministas, a las que yo llamo ‘feministas verdaderas’. Son las ‘feministas’ que te dan el carnet de feminista sólo si ellas quieren. Las que tienen la verdad absoluta. Y sobre todo, las que se deben a la disciplina de su partido político, porque casi todas, por no decir todas, las ‘feministas verdaderas’ están afiliadas aquí o allá. A la ‘feminista verdadera’ no se la puede contradecir. Porque ellas tienen la razón. Algunas van más allá, tú, por el hecho de ser hombre, o ser mujer y no ser feminista ya no tienes derecho a hablar. La ‘feminista verdadera’ no ve nada que no sea a través de sus obtusas gafas. No entienden que pueda haber feministas que estén en contra del aborto. O feministas que no compartan las acciones como hacen Femen por poner un ejemplo. Porque mujeres hay muchas y con muy distinto pensar.

La ‘feminista verdadera’ cree que el feminismo es de izquierdas. De la ‘izquierda verdadera’, claro. En el lado opuesto, nos encontramos a las mujeres antifeministas, que siguen pensando que las mujeres y los hombres no son iguales y por lo tanto no pueden tener los mismos derechos. Son las que defienden la educación segregada, por ejemplo. Y en el centro, está la gran masa de mujeres, que son feministas porque quieren la igualdad entre hombres y mujeres, pero ay, no son ‘feministas verdaderas’. Entonces, se sienten excluidas. Entre esta gran masa de mujeres se encuentran las madres, las hijas, las hermanas, las suegras, las que viven día a día la práctica de ser mujer y no como las ‘feministas verdaderas’ que viven su realidad a través de manuales de eruditas ‘feministas verdaderas’ y que hace tanto tiempo que no van a la calle que han perdido la noción de la realidad.

Entonces, cuando se producen divorcios, no son capaces de aceptar que hay mujeres que maltratan psicológicamente a sus exmaridos, que manipulan a sus hijos en los trámites de separación. Es una cosa que ocurre a menudo, todos conocemos casos. Pero la ‘feminista verdadera’ se pondrá de parte de la mujer sí o sí, lleve razón o no. Así, la feminista de calle, de plaza, de barrio, no entiende nada y cree que el feminismo (el ‘feminismo verdadero’) no la representa.

Mientras, miles de mujeres mueren a manos de sus exparejas. Las ‘feministas verdaderas’ son tan torpes que en su rabia (y con razón para tener esta rabia porque el caso no es para menos) no atinan y acusan a todos los hombres de posibles maltratadores. La feminista de calle tampoco lo entiende, porque su marido no es así. Su padre no es así. Su hijo no es así.

El movimiento feminista así se rompe. De hecho, está roto. Mujeres que no se sienten representadas por un grupo de mujeres, reducido, pero con mucha voz mediática, que no son capaces de comunicar qué es el feminismo. ‘Feministas verdaderas’ que han hecho algunas, del feminismo, una profesión.

Soy pesimista. Es tarde para revertir la situación. El populismo de extrema derecha ha captado este malestar de las mujeres y se ha puesto a su lado. Muchas mujeres han caído en la trampa. Pero las ‘feministas verdaderas’ todavía no se han dado cuenta. Y lo peor, son cerradas a reconocer que el ‘feminismo verdadero’ se ha equivocado en su estrategia. Como todavía no se han dado cuenta de que la manifestación del 8 de marzo este año, estratégicamente, sería un gran error y darle las balas a la extrema derecha para que les peguen un tiro en el pie. Como así han hecho.

Posdata: Antes de que alguna ‘feminista verdadera’ me desautorice y me prohíba hablar por el mero hecho de ser hombre, apelo a mi condición de gay y víctima también del machismo, para la convalidación y nihil óbstat de esta columna de opinión.

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