Talla del Cristo del Amor en la iglesia de un convento. FOTO: MANU GARCÍA
Talla del Cristo del Amor en la iglesia de un convento. FOTO: MANU GARCÍA

Cuando criticas a la Iglesia católica seguro que alguien se enfada. Realmente la Iglesia es la asamblea de los creyentes, su totalidad, y que están en comunión con el Papa. Aunque la verdad es que cuando la mayoría de la gente critica a la Iglesia católica, se refiere en concreto a su jerarquía, a quien lleva su gobierno, que baja desde el papa a través de los cardenales a los obispos y de ahí hasta el cura de la parroquia, pasando por variados cargos y títulos.

La Iglesia católica es muy variopinta. Lo mismo es Iglesia católica un cura del Opus Dei, un obispo que trabaja desde el despacho de un palacio que otro cura que está en su parroquia en un barrio obrero, sin aire acondicionado pagando las facturas de la luz y del agua de gente que no puede hacerlo.

El gran error de la crítica a la Iglesia católica es que en la crítica no solemos apuntar bien y metemos en un mismo saco a todas las personas que conforman esta organización y que son 1.329 millones de personas del mundo. A cuenta de eso, criticas al arzobispo de Valencia y se te enfada tu amigo cofrade la hermandad de tu barrio. Criticas el silencio frente a la pederastia de determinados obispos y se te molesta el cura de tu parroquia que es honrado desde que nació y lo será hasta que se muera. Criticas la riqueza y la opulencia de algunos obispos y a la vez eres tremendamente injusto con los misioneros y misioneras que están dando la vida literalmente en países en guerra y con hambruna donde solo las personas religiosas son capaces de dejar todo y dedicarse a ayudar al que está allí.

¿Con esto pido que no se critique a la Iglesia? En absoluto, como toda cosa, incluido nosotros mismos, pueden y deben ser objetos de crítica en aras de la libertad de expresión. Lo difícil es hacerlo sin ofender. También el criticado debe entender al que critica y explicarle que toda la Iglesia católica no es igual y por qué merece la pena estar en el mismo grupo, en la misma organización, donde conviven machistas, homófobos y capitalistas que aplastan al débil, con gente que define el ser cristiano como la comunicación de bienes, la igualdad y el respeto por los derechos humanos. Esa combinación de gente tan distinta y tan opuesta, en un mismo sitio común, es lo que yo no puedo explicar porque no sé comprender.

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