Inmigrantes, asistidos por el Open Arms cerca de la "frontera irregular", en el verano del 2019.
Inmigrantes, asistidos por el Open Arms cerca de la "frontera irregular", en el verano del 2019.

Se parten el pecho diciendo que son españoles y que defienden la herencia de Isabel la Católica, la unidad de España y la catolicidad de esta tierra de María. Son más cristianos que nadie. Comulgan a diario. En misa, se pelean por subir al estrado y leer la lectura que le deja el cura para saciar sus egos. Se persignan para que les vean todo el mundo. Salen de misa y se quedan en la puerta charlando un rato. También para lo mismo, para que les vean. Van a todas las procesiones. Les encantan esas llamadas procesiones extraordinarias (cada vez más ordinarias) en las que salen de chaqueta a cara descubierta. Para que les vean.

Cuelgan todo en las redes sociales. Lo buenos que son. Lo piadosos que son. Son los guardianes de la moral, la integridad española. Ellos y nada más que ellos son España. Dueños de sus valores y su bandera. Por eso defienden lo suyo y odian lo externo. Los inmigrantes, esos malnacidos que huyen de sus tierras para llegar a la nuestra. A quitarnos nuestras casas, nuestras costumbres, nuestra fe. A destrozar lo construido. Y gritan: ¡Hay que echarlos! Y te gritan: ¡Llévatelos a tu casa! Como si España no fuera nuestra casa, la casa de todos. Pero no. Ellos piensan que España es suya.

Odian al extranjero. Odian al inmigrante. Pero se arrodillan ante los reyes árabes poderosos. Y aplauden al extranjero futbolista. Porque realmente, ellos, a quienes odian es al pobre. Lo disimulan así, para que no se les vea. ¿Para qué tenemos que abrirle la puerta a los delincuentes? ¡Ya tenemos el Domund para ayudarles! Porque para ellos el pobre es necesario. Es necesario para poderse sentir buenos. Pero el pobre debe estar lejos. Por eso prefieren la caridad a la justicia social. Que suena a marxista. Suena a rojo. A progre como dicen con envidia y desprecio, porque ellos representan lo que contrario del progreso: lo reaccionario. La vuelta atrás. Lo antiguo. Lo viejo. Lo caduco.

Vuelven a sus templos y miran al muñeco clavado en la cruz. A su ídolo. A su tótem. Porque están ciegos. No pueden y no quieren ver a Jesús en el pobre, en el prójimo, en el que sufre. Por eso prefieren muñecos. No quieren al Jesús humano. Lo quieren muerto. Clavado en la cruz. Quieto. Tieso como la mojama. Sin resucitar.

Eso es lo que hacen con los inmigrantes que naufragan. Clavarles en el Mediterráneo. El agua es la cruz. La flagelación es la guerra de la que huyen. Los dejan morir sin un cirineo que les ayude. Matan a Cristo a diario. Mueren de fallecimiento, como dirían algunos.

Son hipócritas. Hipócritas. Peores que los fariseos. Que han intentado robar el mensaje de Jesús. Porque odian a Jesús. Le odian por pobre. Por extranjero. Por inmigrante. Por refugiado. Jesús tiene encima todo lo que ellos odian. Por eso lo quieren quieto. De escayola. De madera.

Y no leen el Evangelio nunca. No quieren. Les jode oír que “porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recibisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí.” Entonces los justos le responderán, diciendo: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer, o sediento, y te dimos de beber? “¿Y cuándo te vimos como forastero, y te recibimos, o desnudo, y te vestimos? “¿Y cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti?” Respondiendo el Rey, les dirá: “En verdad os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos hermanos míos, aun a los más pequeños, a mí lo hicisteis”. Entonces dirá también a los de su izquierda: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno que ha sido preparado para el diablo y sus ángeles. “Porque tuve hambre, y no me disteis de comer, tuve sed, y no me disteis de beber; fui forastero, y no me recibisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis.”

Entonces ellos también responderán, diciendo: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, o sediento, o como forastero, o desnudo, o enfermo, o en la cárcel, y no te servimos?” El entonces les responderá, diciendo: “En verdad os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de los más pequeños de éstos, tampoco a mí lo hicisteis”.

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