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El Festival de Cultura Compartida será la celebración, el primer beso, de una unión necesaria.

Tengo diecisiete años y aún no he besado a nadie en los labios. Y nadie me ha besado a mi. Esta tarde, a las siete, he quedado con un chico, junto a la iglesia. Las piernas me tiemblan, el estómago no. Se ha anclado al eje de la tierra y parece que no piensa moverse de ahí pese a que el resto del cuerpo quiera caminar, pese a que el resto del mundo se esfuerce en girar. No son mariposas, estoy acojonado. Lo cierto es que me gusta mucho, y me da tanto miedo que este temblor de piernas pueda hacerme caer de la manera más ridícula... ¿Qué hago? ¿Lo intento besar? ¿Espero a que él lo intente? ¿Le digo que me gusta? ¿Y si le da miedo a él también? ¿Cómo reaccionará? 

El próximo viernes, 30 de septiembre, dará comienzo la segunda edición de las Jornadas de Uso del Espacio Público, esas jornadas que pretenden devolver la alegría al Barrio de San Miguel a través de distintas actividades culturales hechas desde el barrio y para el barrio. En esta ocasión estas jornadas compartirán acto inaugural y protagonismo cultural con el I Festival de Cultura Compartida Creative Commons World Jerez 2016, un festival que será el primer trabajo común llevado a cabo por distintos colectivos culturales de nuestra ciudad. Y ese temblor de piernas de los diecisiete años es el mismo que nos invade ante la cercanía de ambas citas. 

En estos días de presentaciones hemos hablado de la necesidad de traer aire fresco al mundo cultural de nuestra ciudad, pero lo realmente importante es aquello que posibilitará que ese aire renovado pueda llegar. El primer beso será lo de menos, lo que nos pone nerviosos es que nos gustamos, que pasearemos y que queremos seguir paseando. Seguramente terminemos desnudándonos, mostrando nuestras fuerzas y nuestras debilidades, y ahí estaremos los demás para sujetarnos entre todos si las piernas siguen temblando y vemos que hay posibilidad de caída ridícula. 

Jerez no necesitaba, ni necesita, un Festival de Creative Commons. Jerez necesitaba que existiese la posibilidad de ver nacer a este festival. El Festival de Cultura Compartida será la celebración, el primer beso, de una unión necesaria. Celebramos que se ha creado una red de trabajo (en la que por cierto es un lujo trabajar y aprender) que pretende fortalecer y ampliar el panorama cultural que llega a este abandonado sur de Europa. Cuando hablamos de la ciudad que estamos heredando, hablamos también de la cultura que la viste, y cómo, si no vende al turista, ésta parece estar condenada al fracaso. De la ciudad-producto de mercado de Jerez lo que se espera es que nos venda vino, flamenco, caballos y algo tan identitario como el sentimiento cofrade. Es duro sobrevivir fuera de esa marca que coloca a Jerez en el mapa. Que alguien pueda salir de ese camino marcado es, sin lugar a dudas, sano; que se puedan abrir nuevos caminos, además de sano, es enriquecedor. De este modo, la cultura no es tan sólo un fin, sino que también es un parámetro definitorio de cualquier grupo de personas. Por eso estamos de celebración. 

El pasado martes, 20 de septiembre, tuvo lugar la presentación del Festival de Cultura Compartida. Sobre el escenario, José Ramón, de Torrejoyanca Ideas Creativas, y Pilar, de El Arrabal de San Miguel, condujeron el acto, y ya dejaron entrever sus deseos de futuras citas. Eso ya tranquiliza e invita a brindar. La Gotera de Lazotea ejercía de anfitrión, Tras el Trapo saltaba en el último momento al escenario, Punto y Kropka coordinaba la atención a la prensa y fotografiaba el acto, y el que escribe estas líneas le daba al play y al pausa en el ordenador, además de conversar con Andreu Meixide, nuestro invitado especial desde Barcelona. 

Las primeras conversaciones con Andreu y con el Festival Creative Commons de Barcelona se remontan a hace ya casi dos años y, tal como el propio Andreu nos indicaba en el acto de presentación, se ha ido cociendo poco a poco. Aunque estos primeros contactos sucedieran hace tanto, no fue hasta principios de este año cuando no nos reunimos los distintos colectivos organizadores. Un mismo objetivo y dos caminos fueron el resultado de nuestro primer encuentro: ampliar el horizonte cultural de Jerez, fortaleciendo las particularidades de cada colectivo con posibles redes de colaboración, y llevar a cabo trabajos en común. El Festival de Cultura Compartida, así, es nuestro primer paso para visibilizar a esa cultura que sigue permaneciendo escondida en nuestra ciudad. Y si está escondida es porque existe, porque sólo lo que es, puede ser o estar escondido. 

Una vez decidida la actividad a llevar a cabo desde ese trabajo común, tocaba darle forma. El material que se maneja desde el Festival de Barcelona va ampliándose edición tras edición, y con muchos focos de interés. Teníamos que acotar y los movimientos migratorios fue el tema elegido. La cultura, además de ser definitoria de una ciudad, no puede ni debe ser neutra, como si acaso algo pudiese serlo. Así que vimos en los movimientos migratorios el eje sobre el que queríamos que girara esta primera edición del Festival de Cultura Compartida. 

Cuando hablamos de movimientos migratorios lo hacemos con un cuestionamiento conceptual que posibilita el debate sobre lenguaje y poder o lenguaje y política. De este modo, queremos mostrar cómo el turismo supone el mayor movimiento migratorio existente y el que conlleva unas mayores consecuencias. ¿Acaso zonas como las Baleares o la Costa del Sol no han sido modificadas (urbanística, económica, social y culturalmente) influenciadas por este movimiento migratorio? Sin embargo, no hay debate sobre el turismo (salvo en aquellos casos en los que ya se ha desbordado -léase Barcelona o Venecia-) ni, por supuesto, condena. En el lado opuesto, al inmigrante que se juega la vida para poder llegar a nuestras tierras, le ponemos todo tipo de obstáculos y le pedimos que se sepa de memoria la lista de Reyes Godos, que deje de practicar sus rezos o de mantener sus costumbres. En definitiva, nos encontramos ante ciertos movimientos migratorios a los que se le tiende una alfombra roja, y otros son condenados, convirtiéndose el mediterráneo en una fosa común, y las personas migrantes que logran atravesarlo siendo perseguidas por las leyes y por una opinión pública fácilmente manipulable a través del miedo a algo desconocido. Con lo cual nos encontramos, una vez más, con una condena a las personas pobres y no a las personas migrantes en sí. 

No quiero extenderme mucho más, así que si tenéis interés en seguir la programación de este Festival, podéis encontrar toda la información en festivaldeculturacompartida.org y en las redes sociales. 

Y no lo olvidemos, éste es tan sólo el primer paso de un gran paseo. Arreglemos las calles, las plazas y disfrutemos. 

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