Vivir no es solo una sucesión de hechos y decisiones que tienen lugar a lo largo de la existencia de una persona. Vivir se parece bastante a escribir una columna de opinión. Porque lo que de verdad importa no es lo que sucede, los hechos en bruto, sino lo que pensamos de ellos, cómo los miramos y los interpretamos. Eso es vivir plenamente. Vivir es, por tanto, de alguna manera, una forma de interpretación. Una biografía que escribimos nosotros mismos como si fuésemos un tercero. Una biografía en marcha que escribimos mentalmente y que reescribimos conforme pasa el tiempo. Vivir es crear una ficción. Y en nuestra ficción, en ese selfie que nos hacemos, nos gusta salir lo más guapos posibles, tratando de tapar nuestros errores o disimularlos. Así, siempre seremos los héroes de nuestra historia.
Esto es lo que he pensado cuando he visto a uno de los gemelos de La Casa de los Gemelos llorando cuando se terminó el programa. Decía que había estallado por toda la presión que habían estado sufriendo, tanto por parte de la policía, que había ido en su busca en varias ocasiones, como por parte de los medios de comunicación tradicionales. Los gemelos se ven a sí mismos como Podemos hace unos años, con sus cloacas, sus medios y todos los perejiles. Y me hace mucha gracia ver cómo se hacen las víctimas. Cómo se cuentan el relato de forma que ellos son los buenos y el resto, los malos. Ellos, los triunfadores, los pioneros que han revolucionado los reality shows en una nueva plataforma, YouTube; y los otros los malos, los envidiosos, los boomers que trabajan en los medios de toda la vida y que quieren hundirlos porque les están comiendo la tostada. En serio, echad un vistazo a sus últimas intervenciones y veréis que ese es el tono. Este es el relato que ellos se cuentan a ellos mismos.
Pero parecen olvidar lo que han estado haciendo desde el principio, mucho antes de comenzar este reality. Parecen omitir, interesadamente, que desde que empezaron a hacer sus shows, esos vídeos ridículos previos a La Casa de los Gemelos, se han dedicado a contratar a los personajes más grotescos de Internet, aquellos de los que más se burla la gente, para hacer caja. Muchos, no en vano, se han sentido así, como muñecos de feria, como monstruitos de un freak show, y han decidido apartarse. Y luego vino La Casa de los Gemelos, donde se han producido, mientras ellos miraban para otro lado, comportamientos deplorables: peleas, defecaciones en el suelo, quema de colchones, insultos de todo tipo, lanzamiento de objetos de una punta a otra de la casa, uno de los cuales, por cierto, terminó haciéndole una brecha a uno que nada tenía que ver con el conflicto que en ese momento se dirimía... Y podría seguir relatando más y más actos bochornosos permitidos por estos dos hermanos. Por ejemplo, cuando Paco Porras se acercó a Toque, un chico que debe de padecer algún tipo de malformación y de discapacidad intelectual, y le cogió la cara en dos ocasiones preguntándole, en tono amenazante, si se estaba riendo de él. Han tenido, además, hasta el final del concurso a un tipo que, según decían sus compañeros, desaparecía durante un tiempo y, misteriosamente, volvía muy agresivo.
Todo esto lo han permitido. Tan solo actuaron de forma irreprochable expulsando a Labrador cuando este golpeó a una concursante por el mero hecho de ser drag queen; una clara muestra de homofobia sin cortar, químicamente pura. Aunque sospecho que lo hicieron por quedar bien; porque, por suerte, la sociedad está lo bastante concienciada como para oponerse radicalmente a cualquier comportamiento homófobo, y si los gemelos no hubiesen tomado esa decisión, habrían acabado con el programa. Y con su futuro profesional.
Estos son los hechos en bruto, esta es la trayectoria de los gemelos, esos que ahora se victimizan, los que, indignados, lloriqueaban el día de Nochevieja cuando, apostados en un balcón de la Plaza del Sol para anunciar al ganador de su concurso, recibieron la inesperada visita de la policía. Decía Carlos, el que lleva la voz cantante del fraterno tándem: "Madre mía, la presión que estamos recibiendo. ¡La policía en el p*to balcón!".
El ser humano, como siempre, manipulando a su antojo su propia historia para convertir a los demás en verdugos y a él en víctima; en el héroe que enfrentó a las huestes del averno y salió victorioso. Y todo por una sencilla razón: para levantarse por las mañanas y, al contemplarse en el espejo del baño, no componer una mueca de asco.
