Un momento de la manifestación en Córdoba el pasado 4D. FOTO: ADELANTE
Un momento de la manifestación en Córdoba el pasado 4D. FOTO: ADELANTE

El pasado sábado se publicó en El Salto Diario un artículo de Jesús Jurado titulado Gobernar y gobernarnos. Una propuesta para la izquierda andaluza. Compartimos gran parte de la radiografía actual a nivel orgánico de lo que es Adelante Andalucía en estos momentos. Ante la curiosidad que nos sacia toda aportación a los debates de la izquierda andaluza, nos han surgido varias discrepancias en torno a la estrategia política y organizativa de este nuevo andalucismo incipiente en el ámbito social y cultural del que nos habla Jesús en su artículo. Quizás traducir en términos políticos-electorales la estrategia de un nuevo andalucismo es un error. Unos apuntes sobre ello.

  1. No es Susana, es el PSOE. Reducir los motivos de Anticapitalistas Andalucía en su negación de cogobernar con el PSOE al Susanismo es un error. El PSOE es algo más que un mero partido que ha gobernado 37 años en Andalucía, tiene un significado mucho más profundo cuando lo enmarcamos como pilar fundamental del Régimen del 78, un Régimen que oprime a los pueblos del Estado Español, donde Andalucía ha vivido su proceso histórico particular. El PSOE de Susana Díaz y el de Pedro Sánchez contienen el mismo modelo social, económico y ambiental, la misma visión de una configuración de Estado centralista con tintes federalistas a través del llamado Estado autonómico, pero que a la hora de la verdad no duda en recortar su soberanía en términos de competencias. Ir de la mano con el PP en la modificación del artículo 135 de la Constitución, poniendo la deuda externa por encima de los intereses de la ciudadanía. ¿Debemos olvidar los 37 años de historia de gobierno del PSOE en Andalucía? Un partido que no ha dudado en privatizar servicios públicos andaluces, precarizar a trabajadorxs del 061 y 112, limpiadorxs de los edificios públicos, recortes en sanidad, educación, el abandono de una reforma agraria necesaria, así como todo un despliegue de facilidades para la destrucción de Doñana y pelotazos urbanísticos en nuestros parajes naturales. Acaso, ¿hay grandes diferencias entre el Gobierno PP-Cs y el del PSOE? Lo que podemos observar es una continuidad en las políticas neoliberales. Quizás tampoco debemos olvidar que la posible nueva cara del PSOE-Andalucía, María Jesús Montero, firmó una petición de reforma de nuestro modelo de financiación autonómica como Consejera de Hacienda que después rechazó como Ministra. Hay tanto que no podemos ni debemos olvidar, que no se puede enmendar (ni tiene visos de hacerlo el PSOE) en un año y medio. Colaborar y participar de ese olvido sería irresponsable con nuestra memoria y nuestra historia.

Sabemos que Bonilla, en su proceso de feijóoización, usa Andalucía como arma de confrontación para sus intereses partidistas con el Gobierno PSOE-UP, pero sería un error pensar que necesitamos un gobierno PSOE-IzquierdaDelPSOE para ser complaciente con el gobierno central. Tal y como expone Jesús en su artículo: “Queremos gobernar y gobernarnos: disponer de la autonomía y el poder necesarios para participar, con voz propia, de un gobierno de progreso que aleje los fantasmas reaccionarios, pero que no sacrifique los intereses de Andalucía en nombre de un supuesto interés general”. Pero eso no nos encaja con lo también escrito en dicho artículo: “Definir la estrategia del nuevo andalucismo contra el enemigo pasado (el susanismo, ahora en la oposición y mañana probablemente extinto mediante alguna renovación en el liderazgo socialista) en lugar de contra el enemigo presente es incompatible con liderar la oposición y aparecer como la alternativa.”  En ese horizonte estratégico, un Gobierno del PSOE con una izquierda andaluza subalterna, y que dependa de su correlación de fuerzas parlamentaria, no creemos que quiera hacer políticas diferentes a las que ha realizado hasta ahora, o que tenga capacidad para poner Andalucía ante los intereses de quien sostiene en su programa todo un modelo de Estado que no tiene vocación de poner a los pueblos en el centro de la soberanía. Conformarnos en ese mal menor de que no gobierne la derecha, como algo simbólico, pero que luego se sigue traduciendo en las mismas políticas. Nos parece un error que no debe asumir el nuevo andalucismo que creemos que debe tener independencia política y vocación de mayorías, sin volver a disolverse en los intereses del PSOE.

  1. Gobierno con el PSOE en minoría no es nuevo. No nos cansaremos de repetirlo, cogobernar con el PSOE, como ya ha demostrado IU a lo largo de la historia, te sirve para descafeinizar propuestas transformadoras y, sin embargo, tener que comerte las contradicciones del PSOE. Este papel histórico de aspirar a convertirnos en el lobbie a la izquierda del PSOE se ha repetido, y se sigue repitiendo, en numerosos ayuntamientos, esa labor digna de los concejales de IU encargados de la delegación de servicios sociales, dejándose la piel mientras la hacienda es manejada por el PSOE para servir a los mismos intereses de siempre. También, podríamos recordar la decepción que fue el gobierno andaluz de PSOE-IU (2012-2015), recortes en sanidad, educación, en sueldos del empleo público. Al sector que se opuso a aquel gobierno se le tildó de “izquierdista” por defender un stop en los recortes a los servicios públicos mientras los dirigentes señalaban la culpabilidad de Montoro, olvidando sus responsabilidades. Igualmente, en tres años solo se sacaron dos leyes adelante y un pacto, prácticamente, incumplido. El miedo a la derecha y a la extrema derecha crea esa tendencia a ser conservadores y menos ambiciosos (ese miedo cultural al fantasma del comunismo), pero realmente las propuestas que benefician a la gran mayoría social son las que pueden establecer el camino a seguir, en lugar de jugar eternamente a la ambigüedad del PSOE. Por lo tanto, la mediocridad de propuestas políticas que terminan siendo más estéticas que transformadora, como llamar despido “prohibido” a los despidos “improcedentes” en esta crisis del Covid, son derrotas y retrocesos en un camino que debe ser de conquistas. Acaso, ¿Nadia Calviño o Escrivá están ahí sin otra intención que calmar los intereses de la troika y la patronal? Ser posibilistas es aceptar un marco de derrotas. Las frustraciones y la indignación que producen en la sociedad gobernar y no solucionar nada es abonar el campo a las soluciones derechiles y neoliberales, que se enmarcan como única salida a la indignación. No puedes firmar y asumir recortes o soluciones descafeinadas como miembro de gobierno y declararte alternativa a la vez.

A veces, las organizaciones a la izquierda del PSOE caemos en un cierto conformismo de hermano pequeño sin ambición, y debemos hacernos una pregunta, ¿para cuándo una estrategia que sirva para superar el PSOE? ¿la izquierda se lo cree, aspira a ello? Un proyecto con independencia y vocación de transformación solo es capaz de aplicar su programa superando al PSOE. Si no, otra pregunta que deberíamos realizarnos, ¿qué motivación tiene una persona de izquierdas de votar a la alternativa (AA o UP) si luego sabe que van a gobernar con ellos? Debemos pensar en la coherencia de un proyecto que solo se puede consolidar lidiando contradicciones, pero manteniendo su independencia en el medio y largo plazo, sin las prisas y los miedos del cortoplacismo que nos invade en la cultura neoliberal.

  1. Necesitamos un nuevo andalucismo más allá de las elecciones. Compartimos que hay un andalucismo incipiente en el ámbito social y cultural. La necesidad de que los andaluces y andaluzas nos reconozcamos frente al espejo, esa falta de memoria que nos hace olvidar que somos un pueblo. Las elecciones autonómicas andaluzas, más allá de tener una fecha única, no se traducen en clave propia. Hay todo un reflejo de la política “madrileña” en los resultados electorales, quizás en estas últimas elecciones, un hastío traducido en abstención y un voto anti-susanismo sirvió para abrirle la puerta a la derecha en Andalucía, pero que sirvió de aviso social al conjunto del Estado en las elecciones del 28 de abril. Una de las primeras señales que necesitamos ver (y conseguir) en los próximos años sobre ese andalucismo incipiente es que nuestros procesos electorales se vivan en clave propia, con debate propio. La obligación de un nuevo sujeto andaluz debe traspasar las barreras y los corsés de los partidos que ponen sus intereses mirando más allá de Despeñaperros. Poner nuevos elementos que den respuestas específicas en nuestro territorio, pero que se traduzcan en respuestas para las clases populares del resto de pueblos del Estado Español. Para ello, construir movimiento, voz propia, será imprescindible. Poner en valor los hilos verdes de nuestra historia sin olvidar que hay que construir los nuevos en un presente donde el debate territorial se vuelve a abrir, y Andalucía no puede quedar atrás. Ahora bien, pensar que el PSOE puede ser parte de ese movimiento creemos que puede traducir en un error estratégico, aunque haya que disputar su base social, la cual debemos diferenciar cuando elaboremos hipótesis.

Igualmente, hay puntos en común en el texto de Jesús que compartimos, sobre la necesidad de un sujeto propio andaluz, de disponer de autonomía, y esto siempre enriquecerá un debate, tan necesario en la izquierda andaluza. Y tenemos que recordar que para ello nació Adelante Andalucía, no para servir a intereses particulares, sino con esa vocación de mayorías, de hacer a Andalucía sujeto propio de su destino. Ser alternativa y dique de contención a las políticas que destruyen nuestros derechos y nuestra tierra. Como decía el Manifiesto Fundacional: “Nos hemos unido con la esperanza de poder dar comienzo a una marea verde, blanca y verde, que logre inundar de nuevo nuestra tierra de ilusión por un cambio posible y necesario. Desde Andalucía, porque que nadie mejor que las andaluzas y los andaluces saben lo que necesita nuestra tierra.”

7 de mayo de 2020, Córdoba

 Luzmarina Dorado Balmón es parlamentaria de Adelante Andalucía y militante de Anticapitalistas Andalucía / Jesús B. Montero es militante de Anticapitalistas Andalucía

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