Don Quijote vuelve a casa.
Don Quijote vuelve a casa.

En un lugar del sur, cuyo nombre no es trascendente, hay un hidalgo artista que a veces escribe historias como la siguiente:

En una calle de playa "sin arena", va llena de energía la esperanza, cuando muchos abren el balcón, como quien se abre a la vida; aplauden, cantan, se emocionan, ríen y comparten la crisis-oportunidad algunas tardes, cuando el tiempo lo permite.

Crisis de salud y oportunidad de conectar a unos con otros, que apenas a unos metros llevan años sin ser comunidad de bienes humanos comunes, como pasa en casi toda la Mancha.

El hidalgo, un loco que no siempre está de ganas, casi a diario abre su balcón, no diferente al de los demás, solo que en su alma hay Arte; canta un poco de todo (hasta las bolas de un bingo), chapurrea con pasión un piano, baila, intenta hacer reír, todo por transmitir a los demás años de dedicación a la música y el entretenimiento.

ARTE: (Amor, Revolución, Transgresión y Emoción), conceptos abstractos tan lejanos a ERTE (Estafa, Ruina, Tragedia y Escombros).

Pues bien, esa comunidad ha comenzado a crear sinergia. A priori no son como el Morisco Ricote, pero algunas personas comparten su arte culinario y lo regalan, o echan un puñado más en el potaje, como le enseñó su madre al hidalgo. Si nos dejan más tiempo, suprimimos la moneda y volvemos al trueque -sonrío-.

Probablemente, todo esto surge de un ingrediente esencial: el hilo conductor del loco con su música, y ocurrencias creativas para amenizar el caos del miedo y la incertidumbre.

Paralelamente un gobierno quijotesco, cual barbero “amigo” de Don Mindundi, materializa en decretos, que eso de la cultura, la música, el arte, no son bienes de primera necesidad, ni siquiera de segunda como daño colateral, como si el alma no se alimentase para sobrevivir.

Quizás sin esto que da vida, el pueblo buscaría culpables de forma más violenta, apedreando, matando y no solo criticando, con poca empatía en las redes sociales, que cada día se parece más a la aventura de una guerra "civilnética"

Lo mismo, los Duques mandatarios de esta historia actual, tendrían que dar las gracias a la cultura y al arte en sus múltiples expresiones y no quemar la biblioteca de la esperanza, como aquellos supuestos amigos del hidalgo, porque quizás, están armonizando este huracán, como esas notas sostenidas que convierten algún acorde en mayor. Ahí, la andaluza Dulcinea, rebosa de arte aunque el resto de la mancha nunca llegue a apreciar o reconocer su belleza.

Cultura y arte, nuestro Rocinante, y armadura de batalla junto al grupo humano de Sanchos sanitarios, que cuentan historias de una pandemia en primera línea de batalla (destruyendo gigantes en forma vírica ante la vejez prematura de los molinos), como hizo Cardenio a Don Quijote, pero estos Sanchos denunciando la desatención de la Mancha con Dulcinea, mi amada, por eso no hablo de otras, que seguro también sollozan sus pesares y súplicas.

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Sin caballo ni armadura, cualquier gobierno, por gigante que fuese, estaría desprotegido ante un pueblo con rabia y necesidad, que devoraría las aspas del hambre, porque no pueden alimentarse del viento. Otro tipo de guerra y sin reyes. Como podéis comprobar, esa figura es superflua para una aventura revolucionaria del siglo XXI. Ya lo dijo otro loco revolucionario, hijo literario, sin duda de este loco hidalgo, el loco Espronceda en boca de su pirata más renombrado:

“Allá muevan feroz guerra, ciegos reyes, que yo tengo aquí por mío

cuanto abarca el mar bravío

a quien nadie impuso leyes...

Para cerrar por hoy el balcón, que son casi las 20:00 horas y me esperan los campesinos de mi aldea para poner mi granito de titiritero, un final reflexivo:

Estoy casi seguro que la descendencia de los mandatarios, recibe clases musicales y de arte y hasta tiene un instrumento en casa como el loco de esta historia, un titiritero como la máscara de Maese Pedro. Hablando de... ojalá, en la mansión del Duque, piano de revolución, aunque supongo que no, que esto es cuestión de clases, como cualquier historia de mindundis de esta Mancha, donde seguiré luchando por mi Dulcinea, Andalucía.

Ismael Piñero Menacho

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