Un día...

Me sentía sola, había perdido todo por alzar la voz, por ser lo que llamáis "frágil" ante una "broma"

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Carta al director de una víctima de abuso sexual

Relato de un abuso sexual.
Relato de un abuso sexual.

Lo ves en la televisión, lo escuchas en la radio, lees noticias sobre ello y casos aún peores con finales lamentables. Donde siempre queda el "si eso me pasara a mí, haría esto o lo otro", en modo de defensa.

No hay prototipo para que esto ocurra, da igual tu sexo, tu físico o tu edad... Llega un día en el que te conviertes en una víctima de las que lees, ves o escuchas en medios de comunicación, puede que lo veas venir, como que no, que puedas huir o no, porque tus piernas están paralizadas y tu mente en shock... No puedes imaginar que esto te esté pasando a ti.

Tu mente está gritando en silencio, pidiendo auxilio. En mi caso, "compañeros" testigos, los cuales brindan su apoyo a cambio de silencio.
A mis compañeros quisiera decirles: A ti compañera, siento vergüenza de ti, como mujer. No soy frágil, soy valiente; a ti compañero, siento vergüenza de ti, como padre de dos niñas. Ojalá ellas nunca pasen por esta pesadilla y si tienen un testigo como tú lo fuistes, no hagan lo que hiciste conmigo; a ti, tú que eras el "capitán", siento vergüenza de ti, como patrón del barco y papá de una niña. Por llamar a esto "broma". Ojalá nunca gasten este tipo de bromas con tu pequeña.

Ojalá hubiese tomado medidas la primera víctima. Jamás quise hacerte daño, ni a ti ni a tu barco. Pero me lanzaste al mar sin ni siquiera un salvavidas. Ese mar trajo infinidad de olas que no me dejaban respirar por las noches, donde quise muchas veces impulsarme para coger aire, cuando fuertemente me golpeaban otras olas ahogándome en lágrimas. Se me dormían manos y pies, tenía fatiga, mareo, había veces que no podía tener estabilidad ni física ni emocional. Donde sentía que entre ola y ola mi cuerpo se hundía y con él mi dignidad.

Había mucho ruido en mi cabeza, largas noches en vilo, me esforcé tanto en nadar en ese mar, que en tan solo tres meses perdí diez kilos, nudos de garganta, hice el mar más grande de lo que era de tantas lágrimas que derramé... Me sentía sola, había perdido todo por alzar la voz, por ser lo que llamáis "frágil" ante una "broma".

En esta "broma" fui rescatada por mi médico, la asistenta social, quién con tanto amor marcaba los números del teléfono por mí, era incapaz de hacerlo, fui derivada al SAVA, allí conocí a una mujer bellísima quien me dio pautas para luchar cuando la marea estaba revuelta y cogerme la mano en difíciles momentos que estarían por llegar...

En medio de este mar revuelto apareció otra chica desinteresada, cuando iba nadando de un lado a otro, buscando algo donde poder sostenerme y ver la dirección que debía tomar. Sin conocerme de nada me brindó su amor, empatía y ayuda... Sin importar qué.

Guardia Civil, Policía Nacional y su gran grupo UFAM... Gracias a todos y cada uno de ellos por estrechar una mano cuando más lo necesité, por respetar cada silencio, cada respiro, y por recordarme siempre que no estoy sola en esto. Gracias por cada mensaje, cada llamada, sin importar momento ni hora. Gracias por el calor y el cariño que sentí con vosotros. Gracias, mil gracias.

En esta lucha me sacaron a flote, necesitaba poder remar fuerte, poder remontar cada oleaje y ahí estaban ellas... Mis abogadas. Como una madre, cuando me agarra las manos y me dice que todo estará bien, como una hermana, en sus ojos había tanta bondad... a la vez que garras para protegerme del frío, de la soledad, ayudándome a remar...

Ellas son el equipo perfecto. El viaje no fue fácil pero con ellas sabía que estaría bien, llegásemos al puerto que llegásemos... Gracias mamá porque has nadado conmigo en este mar, a todos los que fueron mi salvavidas gracias por entender del desgarro de una madre, las dudas, los miedos...tranquilizarla y cuidarme tanto como ella lo hace cuando no podía estar en los momentos más difíciles. Gracias y mil veces gracias.

En esta sociedad hay tantos miedos, miedo a perder el trabajo, miedo al qué dirán, miedo a represalias, miedos y más miedos. Si alguna víctima no puede alzar la voz, ojalá lo haga alguien por ella o él. Ojalá no te de su mano a cambio de silencio jamás... Fui afortunada de tener personas que nunca me dejaron hundirme. Mi familia, mis amigas...

Me encantaría poder estar ahí para toda la que sienta que está sola o perdida en esto, pero desgraciadamente somos muchas. Ojalá algún día se paguen muy caros este tipo de daños, y no precisamente con dinero, a muchas personas esto le sobra, y lo pagan sin más, el dinero no cura, ni compra todo, y menos sana los daños internos, el dinero, ese que va y viene... Lo que se va y no vuelve es el tiempo, el tiempo que pasé luchando en ese mar, las heridas internas son las que más tardan en curar...

Gracias a mis abogadas por no ser el dinero su principal motivación, por ser como son. Por dejar siempre claro a viva voz que estamos remando con el único mero interés que la justicia. Gracias y mil veces gracias. Gracias por ser las mejores defensoras que pude tener.



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