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Esto me hace preguntarme que al ser humano no se le permite estar triste ya que hay que vivir en un continuo 'carpe diem'.

Carpe diem, ¿os suena esta locución latina? Se refiere a disfrutar el momento, a no dejar que pase el tiempo sin aprovecharlo y a vivir cada día sacando su jugo máximo. Para estas dos palabras, el futuro por muy próximo que sea, está demasiado lejos y, por ello, se oponen a todas esas frases de las redes sociales o campañas publicitarias donde se ansía la llegada del fin de semana, del verano o de la navidad. El presente es esto y debes vivirlo. Sin embargo, ¿tenemos derecho a estar tristes con el carpe diem?

Con esta locución del poeta Horacio parece que vivir el presente y disfrutarlo no nos permite estar tristes porque estaríamos malgastando el tiempo. Además, son numerosas las reflexiones que encontramos acerca de la felicidad: si es un estado o una fase, si se busca o la llevas intrínseca, etcétera. Sin embargo, no encontramos un pensamiento global sobre la tristeza que vaya más allá de los numerosos libros de autoayuda donde se explica cómo salir de ella y de todo lo que conlleva, como por ejemplo, la apatía, el mal humor o la falta de motivación. 

Esto me hace preguntarme que al ser humano no se le permite estar triste ya que hay que vivir en un continuo carpe diem, tratando de buscar una felicidad que a veces no llega porque, o no es el momento, o ya la tienes y no te has dado cuenta. Es decir, si has pasado un mal día y te apetece estar en tu casa con música de fondo (seguramente te hayas puesto la música que más te haga llorar o te recuerde a algún momento), tendrás el móvil con llamadas y mensajes por WhatsApp de tus amigos animándote a salir cuando probablemente, la única compañía que necesites sea la música y un buen helado de chocolate, al puro estilo comedia romántica de un sábado a las cuatro de la tarde. 

Puede entonces que haya una forma diversa de entender el carpe diem como el disfrute de un momento que no debe de ser siempre felicidad. Tenemos derecho a estar tristes y no nos debemos de sentir mal por estarlo un determinado tiempo. Eso sí, tampoco tenemos que vivir sin ver lo maravilloso que es el mundo porque las lágrimas de los ojos nos empañen lo bonito de la vida. A lo que me refiero es a ejercer nuestro derecho, asumir que hemos tenido un día horrible, tumbarnos, llorar si nos hace falta y limpiarnos con ese agua todas las heridas de nuestro cuerpo. Entonces, habremos conseguido disfrutar de nosotros e incluso puede que nos hayamos encontrado porque de nada sirve fingirnos a nosotros mismos. 

Por otro lado, como las palabras del escritor latino han ido evolucionando a lo largo de la historia, también se dice que su significado hace hincapié en vivir cada día de nuestra vida como si fuese el último. Esto suena genial, es la frase top de las fotos de Instagram pero… ¡qué agobio! Vive sin más, la vida ya se encargará de decirte si es tu último día o no.  No podemos estar pensando desde que nos levantamos que tenemos que vivir al máximo: las mejores notas en el colegio, los mejores logros deportivos, las mejores cuentas en los negocios, el mejor padre, la mejor abuela, el mejor amigo… en lugar de vivir al máximo parece todo lo contrario: ser esclavo de uno mismo a límites inimaginables. Es aquí entonces cuando llega la tristeza porque el hecho de exigirnos tanto nos impide disfrutar el día a día.

No pasa nada, si esta señora triste tiene que llegar, que entre porque tenemos el derecho de hablarle para saber por qué nos visita. Así podremos establecer un diálogo con nuestro yo más interno y con ella y, tal vez, aprendamos a disfrutarnos sin el agobio de pensar que no debemos llorar porque nos estamos perdiendo cosas mejores. 

Cuando estemos en calma podremos aprender y vivir de lo que dicen que es el disfrute y la verdadera alegría de la vida. Pero realmente, antes debemos limpiarnos, porque si no, nuestra mirada está contaminada y esclavizada, queriendo vivir un presente que ya es pasado pero arrepintiéndonos por haber pasado ese presente y no estar disfrutando de lo que hace un momento era futuro. 

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