Los aposentos del rey al Mutamid de Sevilla.
Los aposentos del rey al Mutamid de Sevilla.

Para el gobierno de Córdoba los movimientos de los revoltosos señores del norte, al principio, no pasaban de la normalidad del momento. Sin duda un gran error de emires y califas, no darse cuenta de a dónde podrían llegar como llegaron aquellos señores "díscolos" aunque lo más probable es que ni ellos mismos lo imaginaran todavía. Los acuerdos de Cazola por los que Aragón y Castilla se repartían las conquistas en la península ¡y en África! solo llegaron con los reyes católicos, por lo que aún ni se soñaban.

La despoblación del espacio comprendido desde el cantábrico hasta el Duero, explica la rapidez de la conquista de esa zona desértica y semi despoblada. Es un avance rápido pero poco perceptible, precisamente por su despoblación y se produjo aprovechando los graves momentos por los que pasaba el Califato, con la rebelión de Ibn Hafsún y los intentos independentistas de Écija y Sevilla, quienes, no obstante, se negaron a pactar con el traidor de Bobastro.

Sin embargo nunca hubo una separación absoluta, sino hasta después de la conquista de Toledo por Alfonso VI, quien aprovechó su conocimiento de la ciudad, merced al asilo recibido cuando su hermano Sancho conquistó el reino de León. Fue su «original» agradecimiento. La división plena nunca existió, ni siquiera en lo religioso. De hecho, los principales arzobispados, que estaban al sur del Tajo, ejercían en zonas amplias del norte. Así se daba el caso que un mismo arzobispo tenía jurisdicción en dos, o más reinos. El de Sevilla, por ejemplo, abarcaba casi todo el este peninsular hasta la creación del de Compostela.

El concepto de "cruzada", aplicado a las guerras que tuvieron lugar en suelo peninsular, sólo llegó a partir de la lucha contra las "herejías" instaladas en el continente. Los cátaros en Francia, exterminados por la crueldad de Simón de Montfort, es uno de sus principales exponentes. El otro es al Andalus, pues aquí se mantuvo el rito mozárabe cuando toda la península había accedido a la exigencia papal.

Equilibrio de poder

Todos los enfrentamientos que jalonan estos ocho siglos de historia, no impiden, sin embargo, el mantenimiento de relaciones, muchas veces cordiales, entre los distintos reinos y señoríos de la península, con el interesante detalle, también omitido por la historia oficial, de que los del norte reconocían supremacía moral y autoridad, primero a Córdoba, y desde la desaparición del Califato, a Sevilla. Tanto que eran el Califa o el rey de la taifa sevillana quienes dirimían a menudo en las diferencias entre los reyes y condes "cristianos". Y eso a pesar de las luchas intermitentes, e incluso por encima de ellas.

Solamente en una ocasión se intentó revertir esta situación, que duró hasta la conquista de Sevilla por Fernando III de León. Alfonso VI, que quiso ser nombrado Emperador de la península, para elevarse a máxima autoridad peninsular al estilo del Sacro Imperio, pero no obtuvo ningún apoyo.

El condado de Porto Cale

En la zona noroeste de la península (norte del actual Portugal) había un grupo de nobles conocidos como "condes del Duero", oficialmente dependientes del reino de Sevilla, sin afectar al distinto credo, aunque funcionaban con autonomía plena. El rey de León aspiraba a ostentar la máxima autoridad peninsular y deseaba integrar el territorio ocupado por esos condados en sus dominios, pero los condes esgrimían la autoridad del rey al Mutamid de Sevilla, quien les reconoció su autonomía en un laudo arbitral a petición de los condes.

Cuando la presión leonesa se hizo más fuerte, después de llegada de los almorávides y la caída de al Mutamid, los condes del Duero se organizaron bajo la dirección de la condesa doña Blanca, para federarse a continuación. Y, como la presión leonesa continuaba, se constituyeron en reino. Para no depender de Castilla-León, terminaron abandonando su autonomía, crearon un Estado nuevo y, para darle cohesión y consistencia, auparon al trono a un francés, Alfonso Henriques, de la casa de Borgoña. 

Acababa de nacer el reino de Portugal.

Con un francés en el trono continuaron las diferencias con Castilla-León, tanto, que Portugal vivió de espaldas a Castilla y luego a España hasta final del siglo XX. Pero ya habían pasado muchos años desde sus desavenencias con Alfonso VI y sus avenencias con al Mutamid. Necesitaban crecer para no ser absorbidos por sus depredadores vecinos y adoptaron la misma política conquistadora de Castilla. Al Andalus ya había entrado en franca decadencia y ellos, al llegar al cabo de San Vicente, saltaron a África y a las islas del Atlántico. Y a América, en competición con Castilla.

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Comentarios (1)

Jorge Hace 2 meses
Por favor, dejad de usar el término Castilla-León por diversos motivos: 1.Castilla y León son dos reinos en la época en la que se basa el artículo. Comparten rey pero en ningún momento esos dos nombres deberían ir separados por un guión sino por una conjunción. 2. En la época actual, Castilla y León es una comunidad autónoma formada por dos regiones, por lo que es indispensable separar el nombre con una "y" y no con un guión, además de que esa palabra no existe. 3. León n
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