El centro de Jerez contará con 300 nuevas viviendas en el viejo solar de Reyal Urbis en la calle Circo.
El centro de Jerez contará con 300 nuevas viviendas en el viejo solar de Reyal Urbis en la calle Circo.

Uno de los temas más cargados de ideología y pasión, esto es, de ceguera, es la propiedad. Ahora se ha anunciado la primera Ley de Vivienda estatal de nuestro país, con vagas referencias sobre control de precios, y unos y otros ven ahí inquinas y cosas por el estilo. 

Lo cierto es que los controles de rentas son tan antiguos, como la inflación y las epidemias. Al menos desde la época de Felipe II así se intentan atemperar las subidas abruptas. Resoluciones de 1564, 1569, 1576 o la Real cédula de 1601 de tasas de alquiler, entre otras, dan fe de ello. 

Pero en 1842 se derogó toda esa legislación del Antiguo Régimen y el campo legislativo quedó libre y terso, como la cara del buen burgués, para que éste pudiera disponer libremente de las cosas. Las humeantes ciudades se llenaron de gentes que buscaban trabajo y diversión, pero en ellas no había casas para todos. Los problemas saltaron por los aires con la 1ª GM y la epidemia de gripe. Los precios subieron mucho y en Europa, inquilinos y sindicatos tomaron las calles. En nuestro país se aprobó, bajo gobierno conservador, el Decreto de 1920, que prorrogaba indefinidamente los contratos de arrendamiento urbano. Lo cual supuso una estabilización de las rentas del alquiler actualizable por tramos. 

Desde 1946 hasta 1985 se sucedieron reformas con métodos de actualización de los contratos prorrogados indefinidamente cada vez más complejos, tomando referencias y ajustes elaborados por el Gobierno de entonces y según los años. 

En plena democracia, ya no faltaban viviendas y sólo interesaba promover la propiedad privada de la clase media, bajo cuyo techo la mayoría hemos nacido. La legislación arrendaticia, farragosa y minuciosa, arrumbada al bien mismo que protegía y por ello fue derogada en 1985. Otra vez, los nuevos alquileres dejaron de estar protegidos de la noche a la mañana. Pero las subidas de precios y duraciones cortas de estos nuevos contratos, libremente pactados, reavivaron los otros problemas del inquilinato.

Tanto un extremo como el otro parecen hoy desechados como políticas serias. Conclusión similar debió alumbrar al legislador en 1994, cuya ley vigente aunque reformada según el gobierno del momento, establece que arrendador e inquilino deben ponerse de acuerdo con una prórroga mínima de cinco años (o siete en caso de arrendadores persona jurídica), tiempo durante el cual el precio del alquiler permanece estable, revalorizado en su caso según el IPC anual. 

Pues bien, en este descenso postcrisis que vivimos donde el arrendamiento de vivienda resurge como un negocio sugerente y requiere de cierta atención ¿de qué sistema de control de precios se está hablando estos días y que nos tiene tan entretenidos? Según lo que se puede conocer, sería un control selectivo y condicionado: dirigido a arrendadores persona jurídica o grandes propietarios, y solo en aquellos lugares de alquiler tensionado. Para localizar esas zonas tensionadas y conocer las cantidades están los índices de precios de alquiler publicados por el Gobierno. Se trata de referencias de precios medios de mercado tomados de fuentes fiscales de años anteriores, variables anualmente. No son, por ahora, precios congelados o revisados defectuosamente o impuestos a la generalidad por criterios gubernamentales, como sucediera desde 1920. 

Sea como fuere, curioso lector, a estas alturas de la película, ya sabrá que el problema de la vivienda es muy complejo, y lo anunciado es sólo una medida sobre un lado de un sector concreto. Por otro lado, quizás la diferencia en esta forma de proceder respecto a tiempos pasados, estriba en la ingente información que se ordena para actuar sobre la realidad social, digamos, ‘pública y científicamente’. (Un holograma 3D de nuestro cuerpo social que cada vez adquiere más relieves sobre la mesa del cirujano, mientras los pacientes sentados alrededor contemplamos la intervención.) Los que viven en el pasado preferirían hacerlo a golpe de inspiración, o en su caso, dejando hacer desde el acomodado desconocimiento. Otros –tampoco mejores–, trabajamos para la buena programación, aunque, honestamente, la verdad sigue estando en los tópicos de la literatura. 



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